Habló Venezuela

El domingo pasado se pronunció la nación venezolana. Unos hablamos con nuestro voto. Otros hablaron con su abstención. Todos hablamos. Todos somos responsables. Los únicos que no hablaron son los menores de 18 años. Los jóvenes, los niños y los que están por nacer. Ellos, por cierto, serán los que van a vivir las consecuencias, buenas o malas de lo que los mayores hicimos o dejamos de hacer, de nuestras acciones y de nuestras omisiones.

El genio de la humanidad no ha descubierto un método más adecuado para que una nación se exprese políticamente que la elección universal, directa y secreta. El domingo pasado tuvimos esa oportunidad. Unos escogimos votar. Otros escogieron no votar. Unos seremos responsables de nuestro voto. Otros serán responsables de su abstención. Todos somos responsables del país que le estamos dejando a las nuevas generaciones.

El resultado estaba cantado. Tal como estaba previsto triunfó la abstención. Y tal como estaba previsto el triunfo de la abstención lo celebró Nicolás Maduro con champaña en Miraflores. Gracias a la abstención podrá argumentar que sus políticas, esas políticas que han sembrado el hambre, la miseria y la desolación en Venezuela, cuentan con un amplio respaldo popular.

Ahora, como ocurrió el año 2005, el “socialismo del siglo XXI” tiene el poder absoluto. Controla el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Es oportuno recordar, una vez más, a Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Al gobierno hay que reconocerle que aunque ha conducido la economía a una catástrofe sin precedentes y, aunque le ha hecho un daño inconmensurable a los venezolanos, logró, con eficacia, un éxito completo en el manejo de sus propósitos político-electorales. Logró lo que se propuso desde el comienzo: que la abstención fuera muy elevada para aparentar una victoria electoral con los pocos electores que podían ser movilizados por el aparato gubernamental.

Las consecuencias del resultado electoral son responsabilidad de todos. De los que votamos y de los que no votaron. De los políticos del gobierno y de los políticos de la oposición. De los obispos y de los empresarios. De los universitarios y de los analfabetos. De los trabajadores y de sus dirigentes.

“Los gobiernos son el resultado del grado de civilización de los pueblos”. Y por eso debe ser que el gobierno se empeña en hacernos cada vez menos civilizados.

Seguiremos conversando.

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