El Nuncio Giordano

El 3 de febrero del a?o 2014 lleg? a Venezuela, como representante diplom?tico de S.S. el Papa Francisco, su excelencia Monse?or Aldo Giordano en su car?cter de Nuncio Apost?lico. Desde su llegada se dedic? a trabajar por Venezuela, por los venezolanos y por la buena relaci?n entre la Santa sede y la Naci?n venezolana.

El excelent?simo se?or Nuncio se ha sumergido en el conocimiento de la historia de nuestro pa?s y tambi?n en el an?lisis de nuestra realidad actual cargada de l?grimas y de esperanzas.

Ha participado en las tentativas de di?logo pol?tico para encontrar soluciones, inspiradas en el amor, en la fraternidad, en la inteligencia y en la solidaridad, para nuestra dolorosa y larga crisis nacional. Como ?l mismo lo ha expresado, ha trabajado ?en la ardua b?squeda de servir a la paz y a la superaci?n del conflicto polarizado del pa?s?. En estos cinco a?os ha tenido la oportunidad de visitar a buena parte de la geograf?a venezolana y a sus comunidades.

Monse?or Giordano cree fervorosamente en la diplomacia. Considera que ?la diplomacia tiene la vocaci?n de servir a las relaciones entre los pueblos, las culturas, las religiones con el objetivo prioritario de la paz?. Cada acto de violencia, sostiene ?l, es un fracaso de la diplomacia. Est? en juego la dignidad de la persona humana.

La diplomacia hace frente a cada violaci?n de los derechos de la persona y de su libertad. Es un laboratorio de b?squeda del Bien Com?n de los pueblos. No puede ser un instrumento al servicio de parcialidades ego?stas, al servicio del inter?s particular de una persona, de un grupo, de un partido o de un solo Estado. Tiene que servir al bien de cada persona humana habitante de la ciudad y del mundo.

El ?arsenal? del Nuncio es el mismo que utiliza el Santo Padre. La Paz, el encuentro, el di?logo, la reconciliaci?n, el perd?n. Cuando existe un conflicto, como el que nos aflige a los venezolanos, se necesitan personas que dentro del conflicto inicien un proceso de paz. Hay que transformar el desierto de la incomprensi?n en una floresta, plantando nuevas semillas de solidaridad, de justicia y de paz.

No dejarnos robar la esperanza. Frente a la dolorosa realidad de un pueblo herido por la injusticia, sin confianza en el futuro, afligido por la pobreza, es necesario trabajar por recuperar de nuevo el esp?ritu de la lucha por el progreso, la dignidad, la esperanza y el bienestar. Hemos sido creados para la felicidad. Los problemas no se resuelven con violencia, con injusticias y desprecio por la persona, con armamentos, sino con inteligencia y amor.

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