Elecciones

Esta semana ha sido un tiempo muy vinculado al tema electoral. Elecciones en los Estados Unidos de América e inicio del proceso para las elecciones de Asamblea Nacional en Venezuela.

Estados Unidos es la potencia más grande del mundo. Ha sido además por muchos años líder del llamado mundo libre. Referencia para todas las naciones democráticas del universo. Su proceso electoral en esta oportunidad no ha sido particularmente ejemplar. El tono de la campaña ha sido muy divisivo, muy polarizante, muy orientado a crear fracturas difíciles de recuperar una vez que termine el proceso electoral y se inicie una nueva administración.

A la hora de escribir estas líneas todavía no se conoce el resultado definitivo. El candidato Joe Biden lleva ventaja en el voto popular y también en la votación del Colegio Electoral. Todavía, sin embargo, no ha llegado a los 270 votos requeridos para ser proclamado presidente electo.

El candidato del partido republicano es nada menos que el actual presidente de la nación. Ha hecho gravísimas denuncias cuestionando la pulcritud del proceso electoral tal como podría ocurrir en cualquier república bananera.

Por cierto, merece destacarse el hecho de que ante la amenaza de fraude el candidato Donald Trump hizo un llamado a todos sus partidarios a movilizarse y a participar. Y lo logró. Ha obtenido una votación muy superior a la que pronosticaban las encuestas. En Venezuela, por el contrario, ante la amenaza de fraude, líderes opositores invitan a los ciudadanos a no participar, a abstenerse, a quedarse en sus casas.

Es una manera muy curiosa de enfrentar la muy evidente amenaza de fraude que representa el régimen de Maduro.

Quedarse en la casa no resuelve nada: organizarse militantemente en todos los estados y en todos los circuitos para inundar las mesas electorales con votos contra el gobierno ayudaría mucho a crear un clima que facilite la sustitución del gobierno de Maduro por un gobierno de emergencia económica y social que es lo que está reclamando el interés nacional.

Los que creemos que los problemas de Venezuela y el mundo deben ser resueltos por la vía civilizada del voto popular, hacemos votos porque tanto en Estados Unidos como entre nosotros prevalezca la inteligencia y no la violencia.

Seguiremos conversando.

José Gregorio

¡Qué importante resulta para una nación contar con referencias humanas de alta significación espiritual, moral o intelectual!

José Gregorio Hernández representa para Venezuela justamente esa referencia de elevada significación. Es una referencia para la unidad nacional. Todos los venezolanos, católicos o no, sentimos un orgullo muy grande en ser sus compatriotas.

Nació en un bello pueblo andino llamado Isnotú, en octubre de 1864.

Fue un hombre excepcional. Un médico muy eminente, investigador científico, profesor universitario y, sobre todo, un ciudadano ejemplar y un católico auténtico. Estudió medicina en Caracas, en la UCV. Después de graduarse de médico regresó a su humilde aldea natal para trabajar al servicio de los más pobres, de los marginados. Ejerció la medicina en los tres estados andinos: Táchira, Mérida y Trujillo, estableciendo centros de salud en ellos.

Luego hizo estudios de especialización en las universidades de París y de Berlín, los dos centros de mayor reputación y jerarquía en el mundo científico de aquella época.

Al regresar fue profesor en la Universidad Central de Venezuela, creando allí varias cátedras de medicina, entre otras Bacteriología, la primera en el continente americano. Un profesor que ejerció una influencia muy grande entre sus colegas, sus estudiantes y sus pacientes.

Tuvo tiempo además para publicar una abundante obra científica de gran significación en la lucha contra las enfermedades que tanto afectaban a su pueblo venezolano: tuberculosis, neumonía, fiebre amarilla. Es decir, se trata del ejemplo de un hombre nacido en una familia muy humilde que logra una formación profesional de excelencia no para alimentar su propia vanidad o para enriquecerse personalmente, sino para servir a su pueblo y a su país.

Asume una enorme tarea al servicio de los pobres durante la pandemia de gripe que azotó a Venezuela en 1918. Visita a los enfermos y, en cumplimiento de esa misión, se produce el accidente que termina con su vida. El 30 de julio de 1919 es llevado en hombros de sus estudiantes al paraninfo de la Universidad Central de Venezuela en donde son velados sus restos mortales. Y luego trasladado al Cementerio escoltado por una inmensa multitud de conciudadanos.

La vida de José Gregorio Hernández es una vida ejemplar. Dios mediante estará en los altares a partir del primer trimestre del próximo año.

Seguiremos conversando.

La Política

La política en el mundo está mal. La prueba de que eso es así abunda por todas partes: guerras, inseguridad, hambre, violencia, explotación, terrorismo, tráfico de drogas y de personas, abusos contra la ecología y en contra de la naturaleza. Es decir, son múltiples las demostraciones de que la política, en el mundo de hoy, está muy mal. A quienes quieran trabajar por recomponer la política no me cansaré de recomendarles la lectura de la última carta encíclica de S.S. el Papa Francisco: Fratelli Tutti. Allí nos dice el Papa: “Para muchos la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que, detrás de este hecho, están a menudo los errores, la corrupción, la ineficacia de algunas políticas. A esto se añaden las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología. Pero ¿puede funcionar un mundo sin política?
Mas adelante nos dice: “La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el Bien Común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futuro”. Finalmente nos dice: “Convoco a rehabilitar la política, que es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el Bien Común”. Tampoco anda bien la política en nuestro país. Son muy abundantes las pruebas: hambre, violencia, inseguridad, corrupción, violación sistemática de los derechos humanos. La Conferencia Episcopal acaba de decirlo con meridiana claridad: “El Ejecutivo Nacional ha demostrado su incapacidad para dar respuesta a los grandes problemas nacionales y sus actuaciones tienden a agravarlos. A todas luces aparece que su único objetivo es permanecer a toda costa en el poder, sin importar cuánto sufrimiento traiga eso al pueblo venezolano. Por su parte, los sectores de oposición se muestran divididos y sin presentar una alternativa verdadera de cambio. Tanto el oficialismo como la oposición no presentan un proyecto de país que logre reunir y convencer a la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano de vivir en justicia, libertad y paz. Venezuela reclama a gritos un cambio de actitud en toda la dirigencia política. Habrá que seguir el consejo de San Benito: “ora et labora”. Recemos y trabajemos. Seguiremos conversando.

Gracias a la vida

Así se llama una conocida y muy bella canción de Violeta Parra. ¡Gracias a la vida! Dios mediante, el próximo domingo 18 de octubre cumpliré ochenta años. Es tiempo adecuado para decir ¡gracias a la vida!

Gracias a Dios por haberme invitado al maravilloso banquete de la vida.

 Gracias por haber nacido en esta “tierra de gracia” que es Venezuela y en este tiempo tan cargado de cambios, de sueños, de esperanzas y también de angustias y de preocupaciones.

Gracias por los padres que me diste  y por la familia en la que crecí. Por mis cinco hermanos y por los maestros que me enseñaron tantas cosas buenas.

Gracias por haberme ayudado a graduarme de abogado y por haber podido hacer estudios de postgrado en el exterior: en Holanda y en Estados Unidos.

Gracias por haberme concedido una vida sencilla y austera. Si ningún lujo y sin ninguna carencia. Con lo necesario para una existencia feliz y siempre ilusionado por un futuro mejor.

Gracias por María Isabel, la maravillosa mujer con la que me casé. Ella me dio seis hijos estupendos.

Gracias por tantas y tan maravillosas oportunidades de viajar por diferentes países del mundo y conocer tanta gente interesante. Gracias por haber podido recorrer intensamente toda la geografía venezolana. Disfruté de sus paisajes en Oriente, en las montañas andinas, en el Zulia, en los llanos, en Guayana, en Centro  Occidente y en sus maravillosas y extensas playas. Conocí la geografía física de Venezuela, pero sobre todo, conocí la geografía humana de este país tan extraordinario. Hice muchos amigos y amigas en toda la extensión de nuestro territorio. Amistades que conservo como un preciado tesoro en mi corazón y en mi memoria.

Gracias por los libros, por la música, por las obras de teatro, por la cultura en todas sus manifestaciones.

Gracias por haber sembrado en mi ánimo una vocación de servicio público a la que pude ser fiel a lo largo de los años y a través de muy diferentes circunstancias. Gracias por la ración de deber que sembraste en mi conciencia y por la voluntad que me concediste para cumplir a cabalidad mis obligaciones.

Gracias por mi fe religiosa. Gracias por hacerme cristiano. Por hacerme creer en todo lo bueno y todo lo ejemplar que hay en la vida de Jesús. Gracias por este anhelo de fraternidad que he sentido latir en mi corazón durante todos estos años.

Gracias Señor por todo.

Seguiremos acumulando motivos para el agradecimiento y seguiremos conversando.

Fratelli tutti

Hermanos todos. Es el título de la nueva encíclica que nos regala el Papa Francisco. Aparece este documento en la víspera del día en que la Iglesia celebra al santo Francisco de Asís, de quien tomó el nombre para su pontificado el Cardenal Bergoglio.

El título de la encíclica en italiano y no en latín, como solían ser escritos este tipo de documentos, es tomado de la manera en que el santo de Asís se dirigía a todos los hermanos y hermanas para proponerles una forme de vida con sabor a evangelio.

Creo que la mejor manera de rendirle homenaje a este extraordinario documento que representa una propuesta para un mundo mejor, es reproducir la oración final con la que Francisco cierra su encíclica.

Señor y Padre de la Humanidad que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad, infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.

Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz. Impúlsanos a crear sociedades sanas y un mundo más digno, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Que nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra, para reconocer el bien y la belleza que sembraste e cada uno, para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes, de esperanzas compartidas. Amén

Con esto el Santo Padre concluye su encíclica. La oración es, además, un resumen magnífico del documento. Se trata de un programa de acción para todos los cristianos y hombres de buena voluntad en clave de fraternidad y con dimensión universal.

Leo la carta como ciudadano de un país que sufre amargamente una crisis económica, social, política y moral, pero también como ciudadano de un mundo en el que prevalecen injusticias, guerras, violencias y en el que se niega la dignidad de las personas, de cada una de ellas y del conjunto de ellas.

Fratelli tutti. Hermanos todos. La oración nos dice por qué somos hermanos: porque tenemos un Padre Común, por eso somos hermanos y hemos sido creados con la misma dignidad y estamos llamados a vivir como hermanos.

El Papa pide un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz. Eso es bueno para el mundo entero. Es bueno, particularmente, para Venezuela en donde tenemos que trabajar por crear una sociedad más sana, más digna, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Seguiremos conversando.

Una buena noticia

Acabo de  terminar de leer el informe del Banco Interamericano de Desarrollo “Una mirada a futuro para Venezuela”, elaborado por el Departamento de Países del grupo andino.

El informe está dividido en dos partes: una de diagnóstico y otra de terapéuticas. La primera parte es desoladora. Es increíble la capacidad para la destrucción que han tenido los gobiernos de este país en los últimos veinte años. Esta parte coincide con lo que ya nos había dicho la encuesta de Encovi. La demolición de las instituciones, la crisis económica y social, el surgimiento de las dos peores enfermedades que puede tener una economía: inflación –en el caso venezolano hiperinflación- y recesión. 90% de los venezolanos tiene un ingreso que los ubica en la situación de pobreza y más del 80% en situación de pobreza extrema.

La buena noticia es que en el informe se observa claramente que Venezuela tiene futuro. En efecto, con un nuevo gobierno, con un clima político adecuado, con políticas macroeconómicas razonables, con inversiones abundantes, el país en poco tiempo podrá superar la crisis y retomar el camino del crecimiento y del bienestar de la población.

Un gobierno de emergencia económica y social, de unidad, de inclusión, que merezca la confianza de los inversionistas y, particularmente de los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario, el Banco Mundial, el Banco Interamericano, la Corporación Andina de Fomento y otras instituciones similares, estaría en capacidad de reconstruir la economía venezolana y resolver el drama que representa el colapso de los servicios públicos.

Los venezolanos podremos volver a tener agua y agua de calidad, energía eléctrica, gas doméstico, gasolina, hospitales y servicios de salud pública y privada, educación desde el pre-escolar hasta la educación superior, transporte, seguridad, aseo urbano y todos los servicios propios de una sociedad moderna y bien organizada.

El in forme destaca que Venezuela cuenta con una situación geográfica envidiable, cerca de los grandes mercados y de la mayor economía del mundo que es la economía norteamericana. Destaca también que contamos con todo lo que se necesita para asegurarnos prosperidad y bienestar.

El primer paso es el de lograr un acuerdo para constituir un nuevo gobierno con ideas claras y con amor por Venezuelas y por los venezolanos.

Seguiremos conversando.

Maduro II

En tiempo de la República Civil recuerdo haber oído hablar de un luchador social llamado Nicolás Maduro. Era un militante de la izquierda. Muy comprometido con la lucha contra la corrupción y contra la violación de los derechos humanos. Era también un líder sindical comprometido en la defensa de los trabajadores y de los más pobres.

Por obra de un azar insospechado,  aquel luchador amaneció un día como Presidente de la República. Desde luego,  no tenía ninguna preparación para desempeñar esa alta investidura. De repente se encontró a sí mismo convertido en jefe del estado, jefe del gobierno, comandante de la Fuerza Armada, conductor de la política internacional y jefe de la hacienda pública. Nunca se imaginó que los avatares de la política lo conducirían a esa responsabilidad. Los factores claves fueron la muerte de Hugo Chávez y el favoritismo del gobierno cubano.

 Han pasado algunos años. Ese antiguo  luchador por los derechos de los trabajadores ha dirigido un gobierno que se ha convertido en una fábrica de pobreza y de miseria. Más del 90% de los venezolanos perciben un ingreso que los coloca en situación de pobreza y más del 80% en situación de pobreza extrema, de miseria. Los trabajadores están peor que nunca antes.

La gestión de Maduro se ha traducido en hambre, miseria y desolación. Más de seiscientos cincuenta mil niños venezolanos sufren un cuadro de desnutrición irreparable. Es toda una generación que crecerá con graves deficiencias físicas e intelectuales. La catástrofe de la gestión económica y social de la administración Maduro ha sido inconmensurable.

Hoy, Venezuela es un país arruinado, colapsado y empobrecido.

El joven luchador contra la corrupción ha terminado presidiendo el gobierno más corrupto de la historia venezolana.

El joven luchador contra la violación de los derechos humanos, ha terminado dirigiendo un gobierno que ha hecho de la violación de los derechos humanos su modo de gobernar. El informe de la Comisión de las Naciones Unidas que ha investigado el caso venezolano no puede ser más elocuente al respecto.

A Maduro no le queda sino una oportunidad. Hacerse a un lado y contribuir en la formación de un gobierno de transición que sustituya su administración y enfrente la emergencia económica, social y moral para el rescate de Venezuela.

Definiciones Ingenuas

No por ingenuas son menos importantes. Hay definiciones en la vida que señalan un camino. Entre el amor y el odio, preferimos el amor que vivifica y alegra y no el odio que envilece y deprime. Venezuela necesita más amor y menos odio.

Entre la paz y la guerra, preferimos la paz. Paz con justicia y fraternidad. Aborrecemos la guerra que mata y que destruye.

Entre la inteligencia y la violencia preferimos la inteligencia que es lo superior del género humano y no la violencia que obedece a los instintos más primitivos.

Entre los puentes y los muros preferimos los puentes que acercan a la gente y no los muros que separan y dividen.

Entre el perdón y la venganza preferimos el perdón que libera y no la venganza que amarga y destruye.

Entre la unión y la división preferimos la unión. Venezuela necesita reconstruir un sentimiento de unidad Nacional. Construir un Proyecto Nacional capaz de convocar el esfuerzo unitario de todos los venezolanos y capaz de lograr el bienestar de todos los venezolanos. Menos odio y más amor. Menos insultos y más armonía. Menos confrontaciones inútiles y más cooperación entre todos.

Entre el progreso y el retroceso apostamos por el progreso. Hay muchos que recuerdan con nostalgia el pasado. Nosotros preferimos trabajar con ilusión por el futuro. Construir una Venezuela moderna, democrática, con una economía floreciente, con empleo para todos, con buenos salarios y sin inflación, con justicia social, igualdad de oportunidades, sin corrupción, con servicios públicos eficientes: salud, educación, agua, energía eléctrica, gasolina, gas doméstico, seguridad, transporte, aseo urbano, protección del medio ambiente, etc. Sobre todo, salud, educación y buenos salarios.

Entre la esperanza y el desaliento apostamos por la esperanza que le da sentido a nuestras vidas. Rechazamos el desaliento y el pesimismo que nos condenan a la tristeza y a la inacción. Vienen tiempos mejores para Venezuela y para los venezolanos.

Entre el abrazo y la distancia social, preferimos el abrazo aunque entendemos las razones para el distanciamiento social.

Entre votar y no hacer nada preferimos votar. No está en nuestra naturaleza cruzarnos de brazos frente a la tragedia que vivimos. Hay que votar, aunque sea con un pañuelo en la nariz. Pero, hay que votar para cumplir con un deber y para ejercer un derecho.

Seguiremos conversando.

¡Hambre!

Nada hay más importante en la actualidad nacional que ocuparse del sufrimiento de la gente venezolana. Lo que estamos padeciendo es una crisis descomunal que se traduce en hambre, miseria y desolación. Mientras el liderazgo político discute y se pelean por una botella vacía. La gente sufre la falta de servicios públicos, la falta de dinero para atender las necesidades más fundamentales y la falta de atención a los niños, a los viejos y a los sectores más vulnerables.

Es insólito que el gobierno se empeñe en perpetuarse en el poder sabiendo que por su culpa la gente padece hambre, miseria y desolación. Es insólito que el gobierno no tenga conciencia de que su principal obligación es la de servir a la superación de la crisis económica y social, agravada por la crisis política, por la pandemia del Covid 19 y por el colapso de los servicios públicos.

El gobierno y la oposición deberían estar conversando acerca de la necesidad de constituir un nuevo gobierno, un gobierno de unidad nacional, de inclusión. Un gobierno con gente competente para abordar los temas que hacen sufrir a la gente venezolana. Un gobierno con posibilidad de negociar con los organismos financieros internacionales para conseguir los créditos que se necesita para la recuperación de la economía venezolana.

Las cifras del informe de Encovi son alarmantes. 96% de los venezolanos tienen un ingreso que los coloca en situación de pobreza. Más del 80% tiene un ingreso de pobreza extrema, es decir, en situación de miseria. 650.000 niños venezolanos menores de 5 años sufren de desnutrición. Niños venezolanos que tienen derecho a crecer bien alimentados, con salud y con buena educación y que van a tener que resignarse a una vida sin horizontes,  por las miserables condiciones de vida que les depara el país.

Y, mientras tanto, el liderazgo político se entretiene en pleitos inútiles e infecundos. Treinta millones de venezolanos están reclamando un liderazgo más serio, más responsable, más consciente de la terrible crisis que vivimos y de sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo, más solidario con el sufrimiento colectivo.

Debe darse por cancelada la cultura de la confrontación y abrir espacio a una cultura del diálogo serio y civilizado para atender el reclamo de la gente y para resolver la crisis económica y social. Seguiremos conversando.

Todo, algo o nada

Para resolver la crisis venezolana no hay soluciones mágicas. Algunos todavía acarician la idea de que esto se resuelve con un golpe militar. Esa hipótesis no es probable ni aconsejable. Los golpes no resuelven sino que agravan. Venezuela ha sufrido mucho, a lo largo de toda su historia, de ese mito según el cual los golpes militares son solución a nuestros problemas.

Dentro de este mismo grupo de los que apuestan por una solución mágica hay los que creen que la crisis venezolana podría resolverse al estilo de lo que ocurrió en Panamá en tiempos de Noriega. El señor Trump viene, pone preso a Maduro y problema resuelto. De nuevo les digo, esa hipótesis es nada probable y nada deseable. No resuelve la crisis sino que la agrava.

Mi experiencia algo vale en este asunto. Recuerdo que en 1992 oí a mucha gente decir que si sacábamos a Carlos Andrés de Miraflores todos los problemas del país quedarían resueltos. Sacaron a Pérez de Miraflores y los problemas no se resolvieron sino empeoraron.

Después escuché a mucha gente decir que bastaba con salir de Chávez por cualquier medio para que todos los problemas de Venezuela se resolvieran. No fue necesario utilizar medios prohibidos. La Providencia Divina se ocupó del asunto. Chávez se fue y los problemas de Venezuela lejos de haberse resuelto se agravaron exponencialmente.

Ahora me dicen que basta con que los gringos se lleven a Maduro para que todo se arregle. Las experiencias anteriores y el sentido común me hacen ser muy escéptico. Venezuela tiene que encontrar su propio camino. Las tragedias de Siria, de Irak, de Libia, de Afganistán y de tantos otros países me obligan a ser muy precavido. Pero lo que más me influye es la convicción de que esa hipótesis no es probable ni deseable.

Un segundo grupo propone no hacer nada. Abstenerse y quedarse en la casa esperando a que ocurra algún milagro.

Hay un tercer grupo que es el de los que queremos hacer algo. Queremos salir de Maduro por la calle real, por la vía electoral, por la vía inteligente, democrática y civilizada y estamos dispuestos a recorrer ese camino a conciencia de lo duro que es y de lo infinitamente tramposo que es el gobierno. El objetivo es aprovechar la rendija electoral que se nos abre para denunciar al gobierno y para derrotarlo. Contra una avalancha electoral no hay trampa que valga.

Seguiremos conversando.