Alternativa Democrática

Es difícil explicar que un gobierno tan malo y que ha causado tanto daño a Venezuela y a los venezolanos haya podido sobrevivir durante tanto tiempo.

Una de las razones que explica el fenómeno es que los adversarios a este gobierno no hemos sido capaces, durante todos estos años, de construir una verdadera alternativa democrática seria y confiable. Es decir, no hemos sido capaces de dar el salto cualitativo de ser oposición a ser Alternativa Democrática frente al régimen.

Una Alternativa Democrática es una fuerza capaz de interpretar el anhelo de cambio que existe en la abrumadora mayoría de los venezolanos.

Para que exista esa Alternativa Democrática tienen que darse algunas condiciones.

1.- Tiene que haber una Dirección Política unida y coherente. Hasta ahora hemos tenido algunos esfuerzos para coordinar a las diferentes fuerzas políticas que aspiran a liderizar el cambio. Hemos tenido una federación de pequeños proyectos partidistas,  pero no hemos logrado construir una fuerza opositora con una dirección política única.

2.- La Alternativa Democrática tendría que contar con una narrativa compartida acerca de la situación en la que estamos y el proyecto de país que queremos construir entre todos. Prevalecen los proyectos partidistas y las agendas personales. No hay un proyecto común. Hay que asomar un programa ilusionante que inspire la confianza de los ciudadanos.

3.- Para que exista una Alternativa Democrática tiene que haber una organización presente en toda la geografía nacional y en todos los sectores sociales que actúan en la vida del país.

4.- La Alternativa Democrática tendría que contar con una estrategia claramente definida. O son los votos o son las balas. No puede estar cambiando de estrategia en cada coyuntura. Si es la ruta electoral, que es la que yo aconsejo y recomiendo, tenemos que ordenan todos los esfuerzos a lograr el mejor resultado posible y las mejores condiciones en la dirección de aprovechar la ventaja comparativa que tenemos en ese campo.

Eso significa contar con un mensaje atractivo, con una organización eficiente y con una estrategia inteligente.

Eso significa no seguir esperando una salida mágica por la vía de un golpe militar o de una invasión extranjera. Eso significa ganarnos la confianza y el respaldo de los ciudadanos.

Seguiremos conversando.

Copei: 74 años

El lunes 13 de enero se conmemoró el aniversario de la fundación del partido social cristiano Copei. ¡Que falta tan grande hace en la Venezuela actual un gran movimiento político inspirado en los valores del humanismo cristiano!

Copei podría estar liderizando una verdadera Alternativa Democrática frente al régimen imperante.

Las banderas que acompañaron a Copei en sus años de esplendor se corresponden con las más sentidas necesidades de la política actual venezolana.

Copei nació para luchar por la democracia, por el estado de derecho, por la alternabilidad republicana, por la defensa de los derechos humanos, por una Venezuela sin presos políticos, sin exilados, sin perseguidos, por la Unidad Nacional, por el respeto a las regiones. Todas esas banderas tienen una vigencia insoslayable. Pero Copei nació también para luchar por el progreso y el desarrollo económico. Por una economía capaz de producir todos los bienes y servicios requeridos para el bienestar de la población. Por una economía capaz de generar empleo decente y bien remunerado a todos los trabajadores del país. Por una economía sin inflación, sin recesión.

El ejemplo para Copei era el de la “economía social y ecológica de mercado” llevada adelante con enorme éxito por el Partido Demócrata Cristiano Alemán dirigido por Konrad Adenauer y por Ludwig Erhard. Ese modelo fue el que hizo posible el milagro de la reconstrucción de Alemania después de la segunda guerra.

Copei nació para luchar por la «Justicia Social en una Venezuela mejor». Ese fue el lema fundacional del partido. Lucha por la Justicia Social. Es decir, luchar a favor de los pobres, de los más necesitados, de los más vulnerables. Luchar por construir una sociedad sobre la base de la equidad en la que todos los ciudadanos tengan acceso a los bienes fundamentales de la civilización y en donde prevalezca la igualdad de oportunidades para todos.

Copei nació para luchar por la reconciliación de la ética con la política. Es decir, un país sin corrupción. Un país respetuoso de los valores éticos y de los principios morales.

Copei creció ininterrumpidamente desde su fundación en 1946 hasta el año de 1992. En 1993 comenzó la decadencia con la división, el pragmatismo y la insólita decisión de algunos dirigentes de poner al destino del partido en manos de los tribunales de justicia manejados por el gobierno.

¡Vendrán tiempos mejores!

AÑO NUEVO

Ha llegado el año 2020. Un año cargado de esperanzas pero también de preocupaciones.

¿Qué quisiéramos conseguir en este nuevo año? Cosas muy sencillas de decir, pero difíciles de alcanzar. Quisiéramos, por ejemplo, un gobierno nuevo. Un gobierno respetuoso de la Constitución Nacional y del estado de derecho. Un gobierno que trajera paz, progreso y bienestar para todas las familias venezolanas. Quisiéramos un cambio de gobierno pacífico, civilizado, ordenado y constructivo. Un cambio por la ruta electoral, constitucional y sin violencia. Ese objetivo se puede lograr. Depende de todos nosotros. Depende de los que están con el gobierno pero también de los que adversamos a este gobierno.

El año que comienza, por mandato de la Constitución, es un año electoral. Toca elegir una nueva Asamblea Nacional. Ojalá el liderazgo político, gobierno y oposición, logren acuerdos que permitan rescatar la confianza de los ciudadanos en el voto, en la ruta electoral que es la única vía civilizada para resolver los problemas de una nación democrática.

El año 2020 debe ser el año de la recuperación de la economía nacional. De acabar con la inflación y con la recesión. Ambas enfermedades son curables. Sabemos cuál es la manera de acabar con ellas: Disciplina fiscal, abandonar la emisión de dinero inorgánico, estimular la producción y la productividad, acabar con el control de cambios y el control de precios, promover inversiones nacionales e internacionales y recordar que el país tiene con que producir los bienes y servicios que requiere para su propio abastecimiento.

El 2020 es un año para ocuparse de la cuestión social. Nunca habíamos tenido tanta y tan injustificada pobreza en nuestro país. La eliminación de la pobreza representa una prioridad nacional por razones morales, pero también por razones de carácter político y económico.

En el mundo se vive un proceso de calentamiento social. Desde Santiago de Chile hasta París se siente la voz de protesta de quienes reclaman Justicia Social, igualdad de oportunidades y respeto a la dignidad de las personas. En Venezuela las causas para la protesta social son más que evidentes.

El año 2020 representa un tiempo para ocuparse de la calidad de la vida de los venezolanos, del empleo, del ingreso familiar, de la salud, de la educación, de la seguridad personal y colectiva, del suministro estable de agua y energía eléctrica para todos, del transporte, de la vialidad, de la gasolina, del gas para uso doméstico e industrial. En una palabra, de todo aquello que contribuya a lo que el Libertador llamaba “la mayor suma de felicidad posible”.

Todas esas metas son alcanzables. Todo depende de nosotros. Somos nosotros los venezolanos lo que tenemos que lograr el progreso y la felicidad de nuestro país.

El liderazgo político tiene una enorme responsabilidad, pero la solución depende de todos.

Calentamiento Social

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el tema del calentamiento global. Nada menos que su Santidad, el Papa Francisco emitió una excelente encíclica Laudato Si hablando sobre el tema con singular elocuencia y propiedad.

Yo quiero hablar hoy del calentamiento social. En América Latina se están produciendo grandes manifestaciones que ponen de manifiesto la existencia de un inocultable fenómeno de calentamiento social.

Uno de los casos mas representativos es el de Chile. Un país que fue presentado por su Presidente como un oasis en un continente muy convulsionado. Y tenía razón, Chile había superado admirablemente el tránsito de una dictadura muy sangrienta a una democracia ejemplar. Habían logrado también un éxito económico significativo. Chile era una de las economías mas exitosas en el subcontinente. Lamentablemente no le pusieron suficiente atención al tema social y de pronto explotó, con extremada virulencia, el resentimiento social acumulado en las entrañas del pueblo chileno.

Recuerdo que poco después de terminar el gobierno de don Patricio Aylwin tuve ocasión de conversar con él y de felicitarlo por el éxito indiscutible de su gestión al frente del gobierno y me respondió con tono de preocupación, que lo que le angustiaba era que el tema social no había sido suficientemente atendido. Que al lado de enormes fortunas había cuadros de miseria y que esa situación no era sostenible.

En Argentina el calentamiento social se puso de manifiesto en las urnas electorales. Allí el triunfo de los candidatos justicialistas refleja una protesta social contra las políticas “modernizadoras” de la administración Macri. Un gobierno que había despertado tantas expectativas como el de Macri terminó siendo derrotado por el calentamiento social. Colombia es otro ejemplo relevante.

Pero no es solo en América Latina, son varios los países europeos, comenzando por Francia en los que hay señales de calentamiento social muy evidentes. Una huelga general sin precedentes ha sido convocada contra la administración del Presidente Macrón. Italia y España no se quedan atrás.

Nuestro continente latinoamericano aparece en las estadísticas más confiables como el continente con el mayor índice de desigualdad social. Pocos ricos, muy ricos, y muchos pobres muy pobres. Por eso, no pueden extrañarnos los síntomas y las manifestaciones de ese proceso de calentamiento social.

Seguiremos conversando.

¿Y ahora?

Luchar por Venezuela y por los venezolanos. Combatir por nuestros ideales: Democracia, Justicia y Paz. Después de este nuevo zarpazo del gobierno, no queda otra alternativa que seguir trabajando por las cosas en las que creemos.

Fue un error gravísimo, judicializar al partido. El pleito interno llevó a algunos compañeros a acudir a los tribunales a dirimir sus diferencias, sabiendo que los tribunales  de justicia están al servicio del gobierno.

Fue un gran acierto del Comité liderizado por Mercedes Malavé lograr la “desjudicialización” del partido Copei.

Por fin se logró liberar a Copei de la intervención judicial. Se cerró el expediente infame. Una Asamblea Social Cristiana eligió una directiva encabezada por una figura admirable. Mercedes Malavé representa una referencia ética, política e intelectual de primera categoría. Es un refrescante testimonio de autenticidad y de liderazgo en la sórdida política venezolana. Su presencia en los medios ha sido una bocanada de esperanza y de cambio.

Mercedes Malavé era demasiado para la enorme mediocridad que representa el gobierno. Todo conspira para que Venezuela no pueda sacudirse el clima de zancadillas y de miserias que caracteriza el debate político actual. Un zarpazo del inefable T.S.J volvió a poner en evidencia que para el gobierno, no hay espacio para la grandeza, para los nobles ideales, para los propósitos patrióticos.

La Directiva copeyana encabezada por Mercedes Malavé hizo varias cosas positivas: En primer lugar, logró sacar al partido del T.S.J. En seguida, logró revalidar al partido. En tercer lugar, fueron a votar en las elecciones presidenciales del año 2018 y Copei logró cerca de un millón de votos.

Esa directiva encabezada por Mercedes Malavé comenzó un trabajo de refrescamiento de Copei. Fortalecimiento organizativo desde las bases municipales y parroquiales. Un  mensaje de solidaridad con los venezolanos que sufren las consecuencias de la crisis. Defensa de los valores más fundamentales de la doctrina social cristiana: la dignidad de la persona, la democracia, la Justicia Social, la Paz, la convivencia civilizada y la ruta electoral.

El gobierno pretendió hacer de Copei un instrumento dócil al servicio de sus intereses. Gente como Mercedes Malavé y quienes la acompañaron lealmente en esa tarea “ni se compran ni se venden”. El gobierno tiene mucho poder y mucho dinero. En Copei existen reservas de mucha dignidad y de mucho compromiso con los ideales.

Ahora, más que nunca, debemos seguir adelante en la lucha por Venezuela, por los venezolanos, por la Democracia y por la Justicia Social.

Seguiremos conversando.

La Misión

¿Cuál será la misión de los cristianos frente a la dolorosa realidad de Venezuela hoy?

El evangelio lo dice muy claro: “..Jesús designó a setenta y dos discípulos y los mandó a los pueblos diciéndoles: -Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias. Cuando entren en una casa digan: Que la paz reine en esta casa. Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios-” (Lc10, 1-12; 17-20).

Debemos ser “mensajeros de paz”. Pero no puede haber paz en donde no hay justicia. En nuestro país  la primera tarea de los cristianos como “mensajeros de la paz” es luchar contra toda forma de injusticia. Por eso estamos comprometidos a luchar contra este gobierno que ha sembrado a Venezuela de injusticia y de sufrimiento. Por eso tenemos que luchar por darle un gobierno nuevo lo más pronto y lo menos traumáticamente posible.

“Mensajeros de la Paz” contra toda forma de violencia.

Luchadores por la justicia contra toda forma de explotación.

Abanderados del amor, de la fraternidad y de la solidaridad contra toda manifestación de odio y de venganza.

La misión de los cristianos en la Venezuela contemporánea es ser agentes de la paz, de la justicia, de la solidaridad, del amor. Pero también es nuestro deber ser agentes de la esperanza, dar palabras de consuelo, convocar a todos a no resignarnos, a no rendirnos, a luchar con constancia y con perseverancia. Nuestra misión es la de trabajar por una Venezuela mejor.

Tenemos el deber de imaginar una Venezuela nueva. No podemos resignarnos ni conformarnos con la Venezuela que tenemos. La lucha de los cristianos tiene que ser a favor de cambio. Tenemos el deber de apelar a la inteligencia y al patriotismo de los venezolanos de todos, de los dirigentes y de los ciudadanos de a pie. No son los caminos de la violencia los que nos pueden conducir a la construcción de una nueva civilización fundada en el amor y en la solidaridad. Es el camino de una lucha recia, sólida, perseverante, inteligente y patriótica.

Hasta ahora el gobierno ha tenido éxito cultivando el odio, la división y la confrontación.

Ha llegado la hora de hacer prevalecer la unidad nacional con un programa de paz, de justicia, de reconciliación, de progreso, de bienestar y de felicidad.

Un mundo mejor es posible. Una Venezuela mejor también es posible.

Flojera cívica

Hay sectores de la oposición venezolana que han sido víctimas de una terrible enfermedad: la flojera cívica. Se han cansado de 20 años de fracasos en el esfuerzo por darle a Venezuela un gobierno diferente. Apuestan a soluciones mágicas: un golpe de estado o una invasión extranjera. Ninguna de esas dos hipótesis es probable y menos deseable.  Les da flojera asumir la otra alternativa.

Cuando Rómulo Betancourt se propuso construir un partido político lo primero que hizo fue elaborar una interpretación de la realidad venezolana con una propuesta de cambio. Después recorrió la geografía venezolana para que no hubiera ningún lugar sin una casa de Acción Democrática.

Trabajó intensamente por la organización del pueblo y elecciones universales, directas y secretas. 

Años más tarde sucumbió a la tentación golpista y terminó arrepentido de haberlo hecho.

La historia del otro gran partido democrático fue similar. Caldera y los fundadores de Copei formularon una propuesta a los venezolanos y se dedicaron a sembrar en toda la geografía nacional el ideal social cristiano.

La realidad actual de Venezuela nos obliga a un trabajo constante con el pueblo, al lado del pueblo, con los ciudadanos, con todos los sectores sociales. Un trabajo que cuente con una propuesta atractiva. Con una interpretación cabal de la realidad actual del país y una invitación a construir un país mejor.

La hora actual exige una convocatoria seria y sincera a la unidad nacional No se trata de amalgamar a pequeñas parcelas político-partidistas. Se trata de responder a la estrategia del régimen  que apuesta a la división de los venezolanos con una convocatoria a la unidad de todos los venezolanos alrededor de un programa de unidad nacional.

La hora actual reclama un trabajo de organización de los ciudadanos parecido al que en su tiempo asumieron Betancourt y Cadera. La organización de los venezolanos en todos los rincones del país para derrotar al régimen y sustituirlo por un gobierno de unidad y de inclusión.

Un mensaje ilusionante y movilizador, una organización eficiente, una estrategia inteligente y trabajo, mucho trabajo.

La flojera es mala consejera. Sentarnos a esperar la acción del general X o la invasión del señor Trump puede ser más cómodo, pero, repito, no parece probable y definitivamente no es deseable ni conveniente. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Lecciones de Bolivia

Lo de Bolivia tiene cantidad de enseñanzas para todos los países del mundo, pero particularmente para nosotros los venezolanos.Es un error muy grave intentar perpetuarse en el poder. La democracia por definición es alternabilidad en el ejercicio del poder.

Fue un grave error de Evo Morales intentar perpetuarse en el poder. Es también un grave error de Nicolás Maduro. Son muy sabias las Constituciones que prohiben la re-elección presidencial.Es un error muy grande el mesianismo, el caudillismo, la soberbia. Ya lo dijo hace muchos años un inglés muy sabio, Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El poder debe ejercerse con modestia y con humildad. Sentirse un caudillo imprescindible y una figura mesiánica es un error que se paga muy caro. Sobre todo cuando al mismo tiempo se pretende mantener una apariencia de democracia.!

Qué error tan grande es no escuchar la voz del pueblo!̀ Los dictadores tienden a oír solamente a los áulicos, a los incondicionales, a los cortesanos. Pocas veces advierten que “el pueblo está bravo”.

El pueblo en Bolivia estaba muy bravo. El pueblo en Venezuela está muy bravo.Es un error muy grave negociar sin verdadera intención de acordar medidas que ayuden a resolver los problemas.

Sentirse muy inteligentes porque negocian “para ganar tiempo” y no para lograr consensos indispensables para la salud de la República.Evo Morales terminó ofreciendo un nuevo Consejo Nacional Electoral y unas nuevas elecciones. Ya era muy tarde. Tenía que haberlo hecho temprano. Lo hizo muy tarde.

Nicolás Maduro está a tiempo de contribuir a que Venezuela tenga un nuevo Consejo Nacional Electoral y un proceso electoral transparente para elegir Presidente de la República y Asamblea Nacional. Ojalá no retrase esta decisión.Una lección adicional de la experiencia boliviana: !

Qué importante es que la oposición participe en los procesos electorales! No se participa para legitimar a las dictaduras. Se participa para derrotarlas y para desenmascararlas.

La oposición boliviana no desperdició la ruta electoral. Todo lo contrario. Aprovechó la ruta electoral, con todas sus limitaciones, para movilizar al pueblo, a los ciudadanos, a la opinión pública nacional e internacional.No hay un instrumento más eficiente para movilizar a un pueblo que un proceso electoral.

Nueva oportunidad

Se nos presenta una nueva oportunidad a los venezolanos para superar la crisis que estamos viviendo desde hace unos cuantos años. El próximo año, por mandato de la Constitución Nacional, será año de elecciones. Tenemos que elegir una nueva Asamblea Nacional. No podemos desaprovechar esa oportunidad para avanzar en el camino de sustituir al llamado socialismo del siglo XXI. Todas las encuestas indican que es abrumadora la mayoría de los venezolanos que queremos cambiar al gobierno. Tenemos la oportunidad de demostrar que contamos con esa mayoría eligiendo una Asamblea Nacional comprometida con el cambio.

Sería ideal que además pudiéramos elegir un nuevo Presidente de la República. Eso sería muy conveniente para superar la crisis nacional. De lo que sí estamos seguros es que habrá elección de Asamblea Nacional.

Para concurrir a esas elecciones debemos lograr que las condiciones cambien. Es necesario, por ejemplo, tener un nuevo Consejo Nacional Electoral. Un árbitro que merezca la confianza de todos los venezolanos.

El gobierno conoce las encuestas. El gobierno sabe que la mayoría de los venezolanos queremos un gobierno nuevo. El gobierno sabe que mientras más venezolanos vayamos a votar, más seguro será el triunfo de la alternativa democrática. Por eso es que el gobierno no quiere que los venezolanos salgamos a votar. Por eso es que el gobierno hará todas las maniobras a su alcance para desanimar a los venezolanos, para convencer a los electores que no vale la pena votar.

Tan importante como la elección de un nuevo C.N.E, es lograr que los partidarios del cambio estemos organizados en todos los Centros de votación para defender la transparencia del proceso electoral. Estoy convencido de que las trampas se hacen más en las mesas de votación que en la cúpula del C.N.E. Por eso, es responsabilidad de nosotros, de los que queremos derrotar al gobierno y avanzar hacia una democracia nueva, el defender los votos de los ciudadanos en las mesas de votación.

Otra responsabilidad de nosotros es la de postular buenos candidatos de consenso. Candidatos comprometidos a servir a los ciudadanos y a las comunidades. Candidatos que contribuyan a elevar la calidad del debate político en nuestro país y a construir un futuro de esperanza y de cambio para Venezuela.

Ojalá no desaprovechemos esta nueva oportunidad.

Ganar, cobrar, gobernar

Ganar significa lograr el cambio de gobierno lo más pronto posible y lo más civilizadamente posible. No se trata solo de cambiar al gobierno, se trata de cambiar el sistema, el régimen, la manera de gobernar que hemos tenido en los últimos años. Ganar significa demostrar que tenemos suficiente inteligencia y patriotismo como para logar el cambio con la celeridad que las circunstancias lo exigen y con la civilidad que es deseable. Se puede ganar con balas y con violencia o con votos y en paz. Yo, desde luego recomiendo que lo intentemos con los votos y pacíficamente. Con las balas lo veo poco probable y nada aconsejable.

Cobrar significa lograr la transferencia pacífica del gobierno de manos de quienes lo detentan actualmente a las manos de un nuevo gobierno. Para conjugar ese verbo exitosamente es necesario apelar de nuevo a la inteligencia y al patriotismo. Si estamos amenazando a los actuales gobernantes de que al salir del gobierno los vamos a someter a una persecución implacable y a unos castigos humillantes, estaremos dificultando la conjugación exitosa del verbo. La experiencia universal en todos los países que han logrado salir de regímenes dictatoriales y acceder a sistemas democráticos es que se han ofrecido garantías a los detentadores del poder de que no serán víctimas de una “cacería de brujas” sino que se hará prevalecer la verdad y la justicia dentro de un ambiente en el que impere el estado de derecho.

Y gobernar. No basta con cambiar al gobierno, es necesario entender que la tarea de gobernar a Venezuela una vez que se produzca el cambio será una tarea ciclópea. Son muchos los problemas acumulados. Es muy grave la crisis económica y social que se debe enfrentar y resolver. Es enorme el esfuerzo de reconstrucción de la arquitectura institucional del estado democrático. Para todo eso será indispensable que exista un ambiente de sosiego y de armonía entre todos los factores políticos y económicos. En un ambiente de confrontación irracional y en una especie de guerra civil no declarada, será muy difícil gobernar a Venezuela. Es necesario promover un clima de consenso y de entendimiento que facilite la tarea de reconstruir al país.

Esos tres verbos podemos y debemos conjugarlos con patriotismo y con inteligencia.