Calentamiento Social

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el tema del calentamiento global. Nada menos que su Santidad, el Papa Francisco emitió una excelente encíclica Laudato Si hablando sobre el tema con singular elocuencia y propiedad.

Yo quiero hablar hoy del calentamiento social. En América Latina se están produciendo grandes manifestaciones que ponen de manifiesto la existencia de un inocultable fenómeno de calentamiento social.

Uno de los casos mas representativos es el de Chile. Un país que fue presentado por su Presidente como un oasis en un continente muy convulsionado. Y tenía razón, Chile había superado admirablemente el tránsito de una dictadura muy sangrienta a una democracia ejemplar. Habían logrado también un éxito económico significativo. Chile era una de las economías mas exitosas en el subcontinente. Lamentablemente no le pusieron suficiente atención al tema social y de pronto explotó, con extremada virulencia, el resentimiento social acumulado en las entrañas del pueblo chileno.

Recuerdo que poco después de terminar el gobierno de don Patricio Aylwin tuve ocasión de conversar con él y de felicitarlo por el éxito indiscutible de su gestión al frente del gobierno y me respondió con tono de preocupación, que lo que le angustiaba era que el tema social no había sido suficientemente atendido. Que al lado de enormes fortunas había cuadros de miseria y que esa situación no era sostenible.

En Argentina el calentamiento social se puso de manifiesto en las urnas electorales. Allí el triunfo de los candidatos justicialistas refleja una protesta social contra las políticas “modernizadoras” de la administración Macri. Un gobierno que había despertado tantas expectativas como el de Macri terminó siendo derrotado por el calentamiento social. Colombia es otro ejemplo relevante.

Pero no es solo en América Latina, son varios los países europeos, comenzando por Francia en los que hay señales de calentamiento social muy evidentes. Una huelga general sin precedentes ha sido convocada contra la administración del Presidente Macrón. Italia y España no se quedan atrás.

Nuestro continente latinoamericano aparece en las estadísticas más confiables como el continente con el mayor índice de desigualdad social. Pocos ricos, muy ricos, y muchos pobres muy pobres. Por eso, no pueden extrañarnos los síntomas y las manifestaciones de ese proceso de calentamiento social.

Seguiremos conversando.

¿Y ahora?

Luchar por Venezuela y por los venezolanos. Combatir por nuestros ideales: Democracia, Justicia y Paz. Después de este nuevo zarpazo del gobierno, no queda otra alternativa que seguir trabajando por las cosas en las que creemos.

Fue un error gravísimo, judicializar al partido. El pleito interno llevó a algunos compañeros a acudir a los tribunales a dirimir sus diferencias, sabiendo que los tribunales  de justicia están al servicio del gobierno.

Fue un gran acierto del Comité liderizado por Mercedes Malavé lograr la “desjudicialización” del partido Copei.

Por fin se logró liberar a Copei de la intervención judicial. Se cerró el expediente infame. Una Asamblea Social Cristiana eligió una directiva encabezada por una figura admirable. Mercedes Malavé representa una referencia ética, política e intelectual de primera categoría. Es un refrescante testimonio de autenticidad y de liderazgo en la sórdida política venezolana. Su presencia en los medios ha sido una bocanada de esperanza y de cambio.

Mercedes Malavé era demasiado para la enorme mediocridad que representa el gobierno. Todo conspira para que Venezuela no pueda sacudirse el clima de zancadillas y de miserias que caracteriza el debate político actual. Un zarpazo del inefable T.S.J volvió a poner en evidencia que para el gobierno, no hay espacio para la grandeza, para los nobles ideales, para los propósitos patrióticos.

La Directiva copeyana encabezada por Mercedes Malavé hizo varias cosas positivas: En primer lugar, logró sacar al partido del T.S.J. En seguida, logró revalidar al partido. En tercer lugar, fueron a votar en las elecciones presidenciales del año 2018 y Copei logró cerca de un millón de votos.

Esa directiva encabezada por Mercedes Malavé comenzó un trabajo de refrescamiento de Copei. Fortalecimiento organizativo desde las bases municipales y parroquiales. Un  mensaje de solidaridad con los venezolanos que sufren las consecuencias de la crisis. Defensa de los valores más fundamentales de la doctrina social cristiana: la dignidad de la persona, la democracia, la Justicia Social, la Paz, la convivencia civilizada y la ruta electoral.

El gobierno pretendió hacer de Copei un instrumento dócil al servicio de sus intereses. Gente como Mercedes Malavé y quienes la acompañaron lealmente en esa tarea “ni se compran ni se venden”. El gobierno tiene mucho poder y mucho dinero. En Copei existen reservas de mucha dignidad y de mucho compromiso con los ideales.

Ahora, más que nunca, debemos seguir adelante en la lucha por Venezuela, por los venezolanos, por la Democracia y por la Justicia Social.

Seguiremos conversando.

La Misión

¿Cuál será la misión de los cristianos frente a la dolorosa realidad de Venezuela hoy?

El evangelio lo dice muy claro: “..Jesús designó a setenta y dos discípulos y los mandó a los pueblos diciéndoles: -Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias. Cuando entren en una casa digan: Que la paz reine en esta casa. Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios-” (Lc10, 1-12; 17-20).

Debemos ser “mensajeros de paz”. Pero no puede haber paz en donde no hay justicia. En nuestro país  la primera tarea de los cristianos como “mensajeros de la paz” es luchar contra toda forma de injusticia. Por eso estamos comprometidos a luchar contra este gobierno que ha sembrado a Venezuela de injusticia y de sufrimiento. Por eso tenemos que luchar por darle un gobierno nuevo lo más pronto y lo menos traumáticamente posible.

“Mensajeros de la Paz” contra toda forma de violencia.

Luchadores por la justicia contra toda forma de explotación.

Abanderados del amor, de la fraternidad y de la solidaridad contra toda manifestación de odio y de venganza.

La misión de los cristianos en la Venezuela contemporánea es ser agentes de la paz, de la justicia, de la solidaridad, del amor. Pero también es nuestro deber ser agentes de la esperanza, dar palabras de consuelo, convocar a todos a no resignarnos, a no rendirnos, a luchar con constancia y con perseverancia. Nuestra misión es la de trabajar por una Venezuela mejor.

Tenemos el deber de imaginar una Venezuela nueva. No podemos resignarnos ni conformarnos con la Venezuela que tenemos. La lucha de los cristianos tiene que ser a favor de cambio. Tenemos el deber de apelar a la inteligencia y al patriotismo de los venezolanos de todos, de los dirigentes y de los ciudadanos de a pie. No son los caminos de la violencia los que nos pueden conducir a la construcción de una nueva civilización fundada en el amor y en la solidaridad. Es el camino de una lucha recia, sólida, perseverante, inteligente y patriótica.

Hasta ahora el gobierno ha tenido éxito cultivando el odio, la división y la confrontación.

Ha llegado la hora de hacer prevalecer la unidad nacional con un programa de paz, de justicia, de reconciliación, de progreso, de bienestar y de felicidad.

Un mundo mejor es posible. Una Venezuela mejor también es posible.

Flojera cívica

Hay sectores de la oposición venezolana que han sido víctimas de una terrible enfermedad: la flojera cívica. Se han cansado de 20 años de fracasos en el esfuerzo por darle a Venezuela un gobierno diferente. Apuestan a soluciones mágicas: un golpe de estado o una invasión extranjera. Ninguna de esas dos hipótesis es probable y menos deseable.  Les da flojera asumir la otra alternativa.

Cuando Rómulo Betancourt se propuso construir un partido político lo primero que hizo fue elaborar una interpretación de la realidad venezolana con una propuesta de cambio. Después recorrió la geografía venezolana para que no hubiera ningún lugar sin una casa de Acción Democrática.

Trabajó intensamente por la organización del pueblo y elecciones universales, directas y secretas. 

Años más tarde sucumbió a la tentación golpista y terminó arrepentido de haberlo hecho.

La historia del otro gran partido democrático fue similar. Caldera y los fundadores de Copei formularon una propuesta a los venezolanos y se dedicaron a sembrar en toda la geografía nacional el ideal social cristiano.

La realidad actual de Venezuela nos obliga a un trabajo constante con el pueblo, al lado del pueblo, con los ciudadanos, con todos los sectores sociales. Un trabajo que cuente con una propuesta atractiva. Con una interpretación cabal de la realidad actual del país y una invitación a construir un país mejor.

La hora actual exige una convocatoria seria y sincera a la unidad nacional No se trata de amalgamar a pequeñas parcelas político-partidistas. Se trata de responder a la estrategia del régimen  que apuesta a la división de los venezolanos con una convocatoria a la unidad de todos los venezolanos alrededor de un programa de unidad nacional.

La hora actual reclama un trabajo de organización de los ciudadanos parecido al que en su tiempo asumieron Betancourt y Cadera. La organización de los venezolanos en todos los rincones del país para derrotar al régimen y sustituirlo por un gobierno de unidad y de inclusión.

Un mensaje ilusionante y movilizador, una organización eficiente, una estrategia inteligente y trabajo, mucho trabajo.

La flojera es mala consejera. Sentarnos a esperar la acción del general X o la invasión del señor Trump puede ser más cómodo, pero, repito, no parece probable y definitivamente no es deseable ni conveniente. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Lecciones de Bolivia

Lo de Bolivia tiene cantidad de enseñanzas para todos los países del mundo, pero particularmente para nosotros los venezolanos.Es un error muy grave intentar perpetuarse en el poder. La democracia por definición es alternabilidad en el ejercicio del poder.

Fue un grave error de Evo Morales intentar perpetuarse en el poder. Es también un grave error de Nicolás Maduro. Son muy sabias las Constituciones que prohiben la re-elección presidencial.Es un error muy grande el mesianismo, el caudillismo, la soberbia. Ya lo dijo hace muchos años un inglés muy sabio, Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El poder debe ejercerse con modestia y con humildad. Sentirse un caudillo imprescindible y una figura mesiánica es un error que se paga muy caro. Sobre todo cuando al mismo tiempo se pretende mantener una apariencia de democracia.!

Qué error tan grande es no escuchar la voz del pueblo!̀ Los dictadores tienden a oír solamente a los áulicos, a los incondicionales, a los cortesanos. Pocas veces advierten que “el pueblo está bravo”.

El pueblo en Bolivia estaba muy bravo. El pueblo en Venezuela está muy bravo.Es un error muy grave negociar sin verdadera intención de acordar medidas que ayuden a resolver los problemas.

Sentirse muy inteligentes porque negocian “para ganar tiempo” y no para lograr consensos indispensables para la salud de la República.Evo Morales terminó ofreciendo un nuevo Consejo Nacional Electoral y unas nuevas elecciones. Ya era muy tarde. Tenía que haberlo hecho temprano. Lo hizo muy tarde.

Nicolás Maduro está a tiempo de contribuir a que Venezuela tenga un nuevo Consejo Nacional Electoral y un proceso electoral transparente para elegir Presidente de la República y Asamblea Nacional. Ojalá no retrase esta decisión.Una lección adicional de la experiencia boliviana: !

Qué importante es que la oposición participe en los procesos electorales! No se participa para legitimar a las dictaduras. Se participa para derrotarlas y para desenmascararlas.

La oposición boliviana no desperdició la ruta electoral. Todo lo contrario. Aprovechó la ruta electoral, con todas sus limitaciones, para movilizar al pueblo, a los ciudadanos, a la opinión pública nacional e internacional.No hay un instrumento más eficiente para movilizar a un pueblo que un proceso electoral.

Nueva oportunidad

Se nos presenta una nueva oportunidad a los venezolanos para superar la crisis que estamos viviendo desde hace unos cuantos años. El próximo año, por mandato de la Constitución Nacional, será año de elecciones. Tenemos que elegir una nueva Asamblea Nacional. No podemos desaprovechar esa oportunidad para avanzar en el camino de sustituir al llamado socialismo del siglo XXI. Todas las encuestas indican que es abrumadora la mayoría de los venezolanos que queremos cambiar al gobierno. Tenemos la oportunidad de demostrar que contamos con esa mayoría eligiendo una Asamblea Nacional comprometida con el cambio.

Sería ideal que además pudiéramos elegir un nuevo Presidente de la República. Eso sería muy conveniente para superar la crisis nacional. De lo que sí estamos seguros es que habrá elección de Asamblea Nacional.

Para concurrir a esas elecciones debemos lograr que las condiciones cambien. Es necesario, por ejemplo, tener un nuevo Consejo Nacional Electoral. Un árbitro que merezca la confianza de todos los venezolanos.

El gobierno conoce las encuestas. El gobierno sabe que la mayoría de los venezolanos queremos un gobierno nuevo. El gobierno sabe que mientras más venezolanos vayamos a votar, más seguro será el triunfo de la alternativa democrática. Por eso es que el gobierno no quiere que los venezolanos salgamos a votar. Por eso es que el gobierno hará todas las maniobras a su alcance para desanimar a los venezolanos, para convencer a los electores que no vale la pena votar.

Tan importante como la elección de un nuevo C.N.E, es lograr que los partidarios del cambio estemos organizados en todos los Centros de votación para defender la transparencia del proceso electoral. Estoy convencido de que las trampas se hacen más en las mesas de votación que en la cúpula del C.N.E. Por eso, es responsabilidad de nosotros, de los que queremos derrotar al gobierno y avanzar hacia una democracia nueva, el defender los votos de los ciudadanos en las mesas de votación.

Otra responsabilidad de nosotros es la de postular buenos candidatos de consenso. Candidatos comprometidos a servir a los ciudadanos y a las comunidades. Candidatos que contribuyan a elevar la calidad del debate político en nuestro país y a construir un futuro de esperanza y de cambio para Venezuela.

Ojalá no desaprovechemos esta nueva oportunidad.

Ganar, cobrar, gobernar

Ganar significa lograr el cambio de gobierno lo más pronto posible y lo más civilizadamente posible. No se trata solo de cambiar al gobierno, se trata de cambiar el sistema, el régimen, la manera de gobernar que hemos tenido en los últimos años. Ganar significa demostrar que tenemos suficiente inteligencia y patriotismo como para logar el cambio con la celeridad que las circunstancias lo exigen y con la civilidad que es deseable. Se puede ganar con balas y con violencia o con votos y en paz. Yo, desde luego recomiendo que lo intentemos con los votos y pacíficamente. Con las balas lo veo poco probable y nada aconsejable.

Cobrar significa lograr la transferencia pacífica del gobierno de manos de quienes lo detentan actualmente a las manos de un nuevo gobierno. Para conjugar ese verbo exitosamente es necesario apelar de nuevo a la inteligencia y al patriotismo. Si estamos amenazando a los actuales gobernantes de que al salir del gobierno los vamos a someter a una persecución implacable y a unos castigos humillantes, estaremos dificultando la conjugación exitosa del verbo. La experiencia universal en todos los países que han logrado salir de regímenes dictatoriales y acceder a sistemas democráticos es que se han ofrecido garantías a los detentadores del poder de que no serán víctimas de una “cacería de brujas” sino que se hará prevalecer la verdad y la justicia dentro de un ambiente en el que impere el estado de derecho.

Y gobernar. No basta con cambiar al gobierno, es necesario entender que la tarea de gobernar a Venezuela una vez que se produzca el cambio será una tarea ciclópea. Son muchos los problemas acumulados. Es muy grave la crisis económica y social que se debe enfrentar y resolver. Es enorme el esfuerzo de reconstrucción de la arquitectura institucional del estado democrático. Para todo eso será indispensable que exista un ambiente de sosiego y de armonía entre todos los factores políticos y económicos. En un ambiente de confrontación irracional y en una especie de guerra civil no declarada, será muy difícil gobernar a Venezuela. Es necesario promover un clima de consenso y de entendimiento que facilite la tarea de reconstruir al país.

Esos tres verbos podemos y debemos conjugarlos con patriotismo y con inteligencia.

¿Qué hacer?

Se ha dicho muchas veces, pero repetirlo no es ocioso: Los gobiernos se cambian con balas o con votos. Un país civilizado cambia el gobierno con votos. En el caso concreto de Venezuela las balas las tiene el gobierno. Los votos podría tenerlos la oposición. Más del ochenta por ciento de los venezolanos manifiesta su deseo de que se produzca un cambio de gobierno.  

El año que viene 2020 es año de elecciones. La Constitución Nacional así lo ordena. Hay que elegir una nueva Asamblea Nacional. Es una brillante oportunidad para que la voluntad de cambio de la mayoría de los venezolanos se ponga de manifiesto.

Sería magnífico que se produjera un acuerdo para lograr una elección presidencial. El cambio en la dirección del gobierno es todavía más apremiante que la renovación de la Asamblea Nacional. Pero la elección que está ordenada por la Constitución es la de la Asamblea Nacional. Ojalá la dirección política de la oposición no desaproveche la oportunidad para dar una contundente demostración de fortaleza política y de músculo electoral.

La elección debe producirse en el segundo semestre del año 2020. Hay tiempo de estructurar una dirección política amplia e inclusiva que logre interpretar a todo el universo opositor.

No se trata de conciliar intereses partidistas o de satisfacer ambiciones personales. Se trata de atender el interés superior de Venezuela y de los venezolanos.

En el año 2015 la oposición logró un triunfo espectacular, concurrió con una plataforma de unidad y con candidatos unitarios en cada estado y en cada circunscripción electoral, con una tarjeta única y con un propósito coherente.

En esta nueva oportunidad hay que lograr la mayor unidad, los mejores candidatos, los más representativos en cada estado y en cada circuito. Sin consideraciones partidistas  o sectarias. Es el interés nacional el que debe prevalecer.

Un triunfo contundente en las elecciones legislativas ayudará inmensamente a lograr el cambio de gobierno y la elección de un nuevo Presidente.

No podemos desaprovechar la oportunidad. Estamos a tiempo para lograr un éxito rotundo. Venezuela y los venezolanos esperamos mucho de nuestros dirigentes políticos.

Siria y Venezuela

Cinco años de guerra civil lleva esa pobre nación del medio oriente. Incontables los muertos y los desplazados. Destruidas todas las ciudades y los campos. En Siria no fue posible la paz. Los dirigentes de aquella nación no fueron capaces de ponerse de acuerdo para resolver sus diferencias. Las potencias extranjeras convirtieron a Siria en un escenario para la lucha por imponer su hegemonía en aquella región. Por si fuera poco, se hizo presente el ingrediente religioso. ¡Cuánta sangre derramada en nombre de la religión! El fundamentalismo musulmán confrontado con un cristianismo percibido como invasor y opresor.

De pronto, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anuncia, sin previo aviso ni a lo interno de su gobierno ni tampoco con sus aliados de la OTAN, que se retira del conflicto de Siria. Inmediatamente, el ejército turco siguiendo órdenes del dictador Erdogan invade la frontera norte de Siria y arrasa a las comunidades kurdas establecidas en aquella región.

“Ser enemigo de los Estados Unidos es muy peligroso; pero ser amigo de los Estados Unidos puede ser más peligroso todavía”. La frase, apócrifa, fue atribuida a la emperatriz de Irán Farah Diba después de que el gobierno de Jimmy Carter le retirara su apoyo a su esposo el Sha de Irán, en un intento fallido de forzar una transición a un régimen pluralista que al final acabó derivando en la República Islámica de los Ayatolas.

Ya lo había dicho muchos años antes Lord Palmerston, uno de los constructores del Imperio Británico, “las naciones no tienen enemigos ni aliados permanentes. Tienen  intereses permanentes”. En el caso de Siria la retirada de los Estados Unidos ha ratificado lo correcto de la frase en lo relativo a “las amistades permanentes”.

Los venezolanos, mientras tanto, debemos sacar las conclusiones. Los problemas de Venezuela los debemos resolver los venezolanos. Es un reto a la inteligencia de nuestros líderes tanto del gobierno como de la oposición. Es un reto al patriotismo de nuestros líderes.

Es importante contar con la amistad y con la solidaridad de la comunidad Internacional. La vamos a necesitar más todavía después de que se logre el cambio de gobierno. Pero no olvidemos nunca la lección de Siria. No dependamos de factores externos. Los problemas de Venezuela podemos y debemos resolverlos los venezolanos.

Respeto

Esos conceptos se aplican a todos los niveles. En la familia, respeto entre todos sus miembros. En la comunidad, respeto entre los habitantes del barrio, del municipio, del país, del planeta es una condición básica para la convivencia, la armonía, el entendimiento y el progreso.

Lamentablemente lo que ha prevalecido en Venezuela con el llamado Socialismo del siglo XXI es todo lo contrario: odio, división, falta de respeto, insultos, degradación de la política y del lenguaje.

Costará un esfuerzo grande regresar a un clima de respeto, de tolerancia, de convivencia civilizada, de armonía y de entendimiento. Será difícil, pero hay que acometer la tarea con toda decisión. No podemos caer en la tentación de sustituir una política de odio y de confrontación por otra del mismo signo. Los venezolanos en general, pero sobre todo el liderazgo nacional, tenemos que asumir el compromiso de hacer que prevalezcan nuestras mejores virtudes: la paz, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, el diálogo y la convivencia.

Recordar al poeta Andrés Eloy Blanco que nos decía: “Y no olvidar que las hijas del que me hiciera sufrir, para ti han de ser sagradas, como las hijas del Cid”.

“Por mí ni un odio hijo mío, ni un solo rencor por mí”.

En donde se ha sembrado odio hay que sembrar amor y fraternidad. En donde se ha sembrado división hay que sembrar unidad y solidaridad. En donde se ha sembrado un lenguaje de irrespeto y de insolencia hay que sembrar un lenguaje de altura y de consideración por todos los seres humanos.

Yo creo en los valores y en los principios del Humanismo Cristiano y recuerdo que San Pablo nos decía: “Dios no hace diferencia entre las personas” (Ga. 2,6) porque: “Ya no hay judío ni griego, hombre ni mujer, pues todos son uno solo en Cristo Jesús”. (Ga. 3,28).

Es verdad que tenemos que cambiar al gobierno, reactivar la economía, resolver el problema de la pobreza… todos esos problemas son muy importantes. Pero si queremos de verdad construir un gran país, sustituir la cultura del odio por la cultura del amor es fundamental.