Flojera cívica

Hay sectores de la oposición venezolana que han sido víctimas de una terrible enfermedad: la flojera cívica. Se han cansado de 20 años de fracasos en el esfuerzo por darle a Venezuela un gobierno diferente. Apuestan a soluciones mágicas: un golpe de estado o una invasión extranjera. Ninguna de esas dos hipótesis es probable y menos deseable.  Les da flojera asumir la otra alternativa.

Cuando Rómulo Betancourt se propuso construir un partido político lo primero que hizo fue elaborar una interpretación de la realidad venezolana con una propuesta de cambio. Después recorrió la geografía venezolana para que no hubiera ningún lugar sin una casa de Acción Democrática.

Trabajó intensamente por la organización del pueblo y elecciones universales, directas y secretas. 

Años más tarde sucumbió a la tentación golpista y terminó arrepentido de haberlo hecho.

La historia del otro gran partido democrático fue similar. Caldera y los fundadores de Copei formularon una propuesta a los venezolanos y se dedicaron a sembrar en toda la geografía nacional el ideal social cristiano.

La realidad actual de Venezuela nos obliga a un trabajo constante con el pueblo, al lado del pueblo, con los ciudadanos, con todos los sectores sociales. Un trabajo que cuente con una propuesta atractiva. Con una interpretación cabal de la realidad actual del país y una invitación a construir un país mejor.

La hora actual exige una convocatoria seria y sincera a la unidad nacional No se trata de amalgamar a pequeñas parcelas político-partidistas. Se trata de responder a la estrategia del régimen  que apuesta a la división de los venezolanos con una convocatoria a la unidad de todos los venezolanos alrededor de un programa de unidad nacional.

La hora actual reclama un trabajo de organización de los ciudadanos parecido al que en su tiempo asumieron Betancourt y Cadera. La organización de los venezolanos en todos los rincones del país para derrotar al régimen y sustituirlo por un gobierno de unidad y de inclusión.

Un mensaje ilusionante y movilizador, una organización eficiente, una estrategia inteligente y trabajo, mucho trabajo.

La flojera es mala consejera. Sentarnos a esperar la acción del general X o la invasión del señor Trump puede ser más cómodo, pero, repito, no parece probable y definitivamente no es deseable ni conveniente. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Lecciones de Bolivia

Lo de Bolivia tiene cantidad de enseñanzas para todos los países del mundo, pero particularmente para nosotros los venezolanos.Es un error muy grave intentar perpetuarse en el poder. La democracia por definición es alternabilidad en el ejercicio del poder.

Fue un grave error de Evo Morales intentar perpetuarse en el poder. Es también un grave error de Nicolás Maduro. Son muy sabias las Constituciones que prohiben la re-elección presidencial.Es un error muy grande el mesianismo, el caudillismo, la soberbia. Ya lo dijo hace muchos años un inglés muy sabio, Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El poder debe ejercerse con modestia y con humildad. Sentirse un caudillo imprescindible y una figura mesiánica es un error que se paga muy caro. Sobre todo cuando al mismo tiempo se pretende mantener una apariencia de democracia.!

Qué error tan grande es no escuchar la voz del pueblo!̀ Los dictadores tienden a oír solamente a los áulicos, a los incondicionales, a los cortesanos. Pocas veces advierten que “el pueblo está bravo”.

El pueblo en Bolivia estaba muy bravo. El pueblo en Venezuela está muy bravo.Es un error muy grave negociar sin verdadera intención de acordar medidas que ayuden a resolver los problemas.

Sentirse muy inteligentes porque negocian “para ganar tiempo” y no para lograr consensos indispensables para la salud de la República.Evo Morales terminó ofreciendo un nuevo Consejo Nacional Electoral y unas nuevas elecciones. Ya era muy tarde. Tenía que haberlo hecho temprano. Lo hizo muy tarde.

Nicolás Maduro está a tiempo de contribuir a que Venezuela tenga un nuevo Consejo Nacional Electoral y un proceso electoral transparente para elegir Presidente de la República y Asamblea Nacional. Ojalá no retrase esta decisión.Una lección adicional de la experiencia boliviana: !

Qué importante es que la oposición participe en los procesos electorales! No se participa para legitimar a las dictaduras. Se participa para derrotarlas y para desenmascararlas.

La oposición boliviana no desperdició la ruta electoral. Todo lo contrario. Aprovechó la ruta electoral, con todas sus limitaciones, para movilizar al pueblo, a los ciudadanos, a la opinión pública nacional e internacional.No hay un instrumento más eficiente para movilizar a un pueblo que un proceso electoral.

Nueva oportunidad

Se nos presenta una nueva oportunidad a los venezolanos para superar la crisis que estamos viviendo desde hace unos cuantos años. El próximo año, por mandato de la Constitución Nacional, será año de elecciones. Tenemos que elegir una nueva Asamblea Nacional. No podemos desaprovechar esa oportunidad para avanzar en el camino de sustituir al llamado socialismo del siglo XXI. Todas las encuestas indican que es abrumadora la mayoría de los venezolanos que queremos cambiar al gobierno. Tenemos la oportunidad de demostrar que contamos con esa mayoría eligiendo una Asamblea Nacional comprometida con el cambio.

Sería ideal que además pudiéramos elegir un nuevo Presidente de la República. Eso sería muy conveniente para superar la crisis nacional. De lo que sí estamos seguros es que habrá elección de Asamblea Nacional.

Para concurrir a esas elecciones debemos lograr que las condiciones cambien. Es necesario, por ejemplo, tener un nuevo Consejo Nacional Electoral. Un árbitro que merezca la confianza de todos los venezolanos.

El gobierno conoce las encuestas. El gobierno sabe que la mayoría de los venezolanos queremos un gobierno nuevo. El gobierno sabe que mientras más venezolanos vayamos a votar, más seguro será el triunfo de la alternativa democrática. Por eso es que el gobierno no quiere que los venezolanos salgamos a votar. Por eso es que el gobierno hará todas las maniobras a su alcance para desanimar a los venezolanos, para convencer a los electores que no vale la pena votar.

Tan importante como la elección de un nuevo C.N.E, es lograr que los partidarios del cambio estemos organizados en todos los Centros de votación para defender la transparencia del proceso electoral. Estoy convencido de que las trampas se hacen más en las mesas de votación que en la cúpula del C.N.E. Por eso, es responsabilidad de nosotros, de los que queremos derrotar al gobierno y avanzar hacia una democracia nueva, el defender los votos de los ciudadanos en las mesas de votación.

Otra responsabilidad de nosotros es la de postular buenos candidatos de consenso. Candidatos comprometidos a servir a los ciudadanos y a las comunidades. Candidatos que contribuyan a elevar la calidad del debate político en nuestro país y a construir un futuro de esperanza y de cambio para Venezuela.

Ojalá no desaprovechemos esta nueva oportunidad.

Ganar, cobrar, gobernar

Ganar significa lograr el cambio de gobierno lo más pronto posible y lo más civilizadamente posible. No se trata solo de cambiar al gobierno, se trata de cambiar el sistema, el régimen, la manera de gobernar que hemos tenido en los últimos años. Ganar significa demostrar que tenemos suficiente inteligencia y patriotismo como para logar el cambio con la celeridad que las circunstancias lo exigen y con la civilidad que es deseable. Se puede ganar con balas y con violencia o con votos y en paz. Yo, desde luego recomiendo que lo intentemos con los votos y pacíficamente. Con las balas lo veo poco probable y nada aconsejable.

Cobrar significa lograr la transferencia pacífica del gobierno de manos de quienes lo detentan actualmente a las manos de un nuevo gobierno. Para conjugar ese verbo exitosamente es necesario apelar de nuevo a la inteligencia y al patriotismo. Si estamos amenazando a los actuales gobernantes de que al salir del gobierno los vamos a someter a una persecución implacable y a unos castigos humillantes, estaremos dificultando la conjugación exitosa del verbo. La experiencia universal en todos los países que han logrado salir de regímenes dictatoriales y acceder a sistemas democráticos es que se han ofrecido garantías a los detentadores del poder de que no serán víctimas de una “cacería de brujas” sino que se hará prevalecer la verdad y la justicia dentro de un ambiente en el que impere el estado de derecho.

Y gobernar. No basta con cambiar al gobierno, es necesario entender que la tarea de gobernar a Venezuela una vez que se produzca el cambio será una tarea ciclópea. Son muchos los problemas acumulados. Es muy grave la crisis económica y social que se debe enfrentar y resolver. Es enorme el esfuerzo de reconstrucción de la arquitectura institucional del estado democrático. Para todo eso será indispensable que exista un ambiente de sosiego y de armonía entre todos los factores políticos y económicos. En un ambiente de confrontación irracional y en una especie de guerra civil no declarada, será muy difícil gobernar a Venezuela. Es necesario promover un clima de consenso y de entendimiento que facilite la tarea de reconstruir al país.

Esos tres verbos podemos y debemos conjugarlos con patriotismo y con inteligencia.

¿Qué hacer?

Se ha dicho muchas veces, pero repetirlo no es ocioso: Los gobiernos se cambian con balas o con votos. Un país civilizado cambia el gobierno con votos. En el caso concreto de Venezuela las balas las tiene el gobierno. Los votos podría tenerlos la oposición. Más del ochenta por ciento de los venezolanos manifiesta su deseo de que se produzca un cambio de gobierno.  

El año que viene 2020 es año de elecciones. La Constitución Nacional así lo ordena. Hay que elegir una nueva Asamblea Nacional. Es una brillante oportunidad para que la voluntad de cambio de la mayoría de los venezolanos se ponga de manifiesto.

Sería magnífico que se produjera un acuerdo para lograr una elección presidencial. El cambio en la dirección del gobierno es todavía más apremiante que la renovación de la Asamblea Nacional. Pero la elección que está ordenada por la Constitución es la de la Asamblea Nacional. Ojalá la dirección política de la oposición no desaproveche la oportunidad para dar una contundente demostración de fortaleza política y de músculo electoral.

La elección debe producirse en el segundo semestre del año 2020. Hay tiempo de estructurar una dirección política amplia e inclusiva que logre interpretar a todo el universo opositor.

No se trata de conciliar intereses partidistas o de satisfacer ambiciones personales. Se trata de atender el interés superior de Venezuela y de los venezolanos.

En el año 2015 la oposición logró un triunfo espectacular, concurrió con una plataforma de unidad y con candidatos unitarios en cada estado y en cada circunscripción electoral, con una tarjeta única y con un propósito coherente.

En esta nueva oportunidad hay que lograr la mayor unidad, los mejores candidatos, los más representativos en cada estado y en cada circuito. Sin consideraciones partidistas  o sectarias. Es el interés nacional el que debe prevalecer.

Un triunfo contundente en las elecciones legislativas ayudará inmensamente a lograr el cambio de gobierno y la elección de un nuevo Presidente.

No podemos desaprovechar la oportunidad. Estamos a tiempo para lograr un éxito rotundo. Venezuela y los venezolanos esperamos mucho de nuestros dirigentes políticos.

Siria y Venezuela

Cinco años de guerra civil lleva esa pobre nación del medio oriente. Incontables los muertos y los desplazados. Destruidas todas las ciudades y los campos. En Siria no fue posible la paz. Los dirigentes de aquella nación no fueron capaces de ponerse de acuerdo para resolver sus diferencias. Las potencias extranjeras convirtieron a Siria en un escenario para la lucha por imponer su hegemonía en aquella región. Por si fuera poco, se hizo presente el ingrediente religioso. ¡Cuánta sangre derramada en nombre de la religión! El fundamentalismo musulmán confrontado con un cristianismo percibido como invasor y opresor.

De pronto, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anuncia, sin previo aviso ni a lo interno de su gobierno ni tampoco con sus aliados de la OTAN, que se retira del conflicto de Siria. Inmediatamente, el ejército turco siguiendo órdenes del dictador Erdogan invade la frontera norte de Siria y arrasa a las comunidades kurdas establecidas en aquella región.

“Ser enemigo de los Estados Unidos es muy peligroso; pero ser amigo de los Estados Unidos puede ser más peligroso todavía”. La frase, apócrifa, fue atribuida a la emperatriz de Irán Farah Diba después de que el gobierno de Jimmy Carter le retirara su apoyo a su esposo el Sha de Irán, en un intento fallido de forzar una transición a un régimen pluralista que al final acabó derivando en la República Islámica de los Ayatolas.

Ya lo había dicho muchos años antes Lord Palmerston, uno de los constructores del Imperio Británico, “las naciones no tienen enemigos ni aliados permanentes. Tienen  intereses permanentes”. En el caso de Siria la retirada de los Estados Unidos ha ratificado lo correcto de la frase en lo relativo a “las amistades permanentes”.

Los venezolanos, mientras tanto, debemos sacar las conclusiones. Los problemas de Venezuela los debemos resolver los venezolanos. Es un reto a la inteligencia de nuestros líderes tanto del gobierno como de la oposición. Es un reto al patriotismo de nuestros líderes.

Es importante contar con la amistad y con la solidaridad de la comunidad Internacional. La vamos a necesitar más todavía después de que se logre el cambio de gobierno. Pero no olvidemos nunca la lección de Siria. No dependamos de factores externos. Los problemas de Venezuela podemos y debemos resolverlos los venezolanos.

Respeto

Esos conceptos se aplican a todos los niveles. En la familia, respeto entre todos sus miembros. En la comunidad, respeto entre los habitantes del barrio, del municipio, del país, del planeta es una condición básica para la convivencia, la armonía, el entendimiento y el progreso.

Lamentablemente lo que ha prevalecido en Venezuela con el llamado Socialismo del siglo XXI es todo lo contrario: odio, división, falta de respeto, insultos, degradación de la política y del lenguaje.

Costará un esfuerzo grande regresar a un clima de respeto, de tolerancia, de convivencia civilizada, de armonía y de entendimiento. Será difícil, pero hay que acometer la tarea con toda decisión. No podemos caer en la tentación de sustituir una política de odio y de confrontación por otra del mismo signo. Los venezolanos en general, pero sobre todo el liderazgo nacional, tenemos que asumir el compromiso de hacer que prevalezcan nuestras mejores virtudes: la paz, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, el diálogo y la convivencia.

Recordar al poeta Andrés Eloy Blanco que nos decía: “Y no olvidar que las hijas del que me hiciera sufrir, para ti han de ser sagradas, como las hijas del Cid”.

“Por mí ni un odio hijo mío, ni un solo rencor por mí”.

En donde se ha sembrado odio hay que sembrar amor y fraternidad. En donde se ha sembrado división hay que sembrar unidad y solidaridad. En donde se ha sembrado un lenguaje de irrespeto y de insolencia hay que sembrar un lenguaje de altura y de consideración por todos los seres humanos.

Yo creo en los valores y en los principios del Humanismo Cristiano y recuerdo que San Pablo nos decía: “Dios no hace diferencia entre las personas” (Ga. 2,6) porque: “Ya no hay judío ni griego, hombre ni mujer, pues todos son uno solo en Cristo Jesús”. (Ga. 3,28).

Es verdad que tenemos que cambiar al gobierno, reactivar la economía, resolver el problema de la pobreza… todos esos problemas son muy importantes. Pero si queremos de verdad construir un gran país, sustituir la cultura del odio por la cultura del amor es fundamental.

El Nuncio Giordano

El 3 de febrero del año 2014 llegó a Venezuela, como representante diplomático de S.S. el Papa Francisco, su excelencia Monseñor Aldo Giordano en su carácter de Nuncio Apostólico. Desde su llegada se dedicó a trabajar por Venezuela, por los venezolanos y por la buena relación entre la Santa sede y la Nación venezolana.

El excelentísimo señor Nuncio se ha sumergido en el conocimiento de la historia de nuestro país y también en el análisis de nuestra realidad actual cargada de lágrimas y de esperanzas.

Ha participado en las tentativas de diálogo político para encontrar soluciones, inspiradas en el amor, en la fraternidad, en la inteligencia y en la solidaridad, para nuestra dolorosa y larga crisis nacional. Como él mismo lo ha expresado, ha trabajado “en la ardua búsqueda de servir a la paz y a la superación del conflicto polarizado del país”. En estos cinco años ha tenido la oportunidad de visitar a buena parte de la geografía venezolana y a sus comunidades.

Monseñor Giordano cree fervorosamente en la diplomacia. Considera que “la diplomacia tiene la vocación de servir a las relaciones entre los pueblos, las culturas, las religiones con el objetivo prioritario de la paz”. Cada acto de violencia, sostiene él, es un fracaso de la diplomacia. Está en juego la dignidad de la persona humana.

La diplomacia hace frente a cada violación de los derechos de la persona y de su libertad. Es un laboratorio de búsqueda del Bien Común de los pueblos. No puede ser un instrumento al servicio de parcialidades egoístas, al servicio del interés particular de una persona, de un grupo, de un partido o de un solo Estado. Tiene que servir al bien de cada persona humana habitante de la ciudad y del mundo.

El “arsenal” del Nuncio es el mismo que utiliza el Santo Padre. La Paz, el encuentro, el diálogo, la reconciliación, el perdón. Cuando existe un conflicto, como el que nos aflige a los venezolanos, se necesitan personas que dentro del conflicto inicien un proceso de paz. Hay que transformar el desierto de la incomprensión en una floresta, plantando nuevas semillas de solidaridad, de justicia y de paz.

No dejarnos robar la esperanza. Frente a la dolorosa realidad de un pueblo herido por la injusticia, sin confianza en el futuro, afligido por la pobreza, es necesario trabajar por recuperar de nuevo el espíritu de la lucha por el progreso, la dignidad, la esperanza y el bienestar. Hemos sido creados para la felicidad. Los problemas no se resuelven con violencia, con injusticias y desprecio por la persona, con armamentos, sino con inteligencia y amor.

La red

Como todos los grandes inventos de la humanidad, la red puede ser un instrumento para lo sublime pero, también, para  lo perverso, lo malo, lo canalla.

La Red puede servir para transmitirle a la humanidad las sonatas de Beethoven, los nocturnos de Chopin. También puede servir para que circulen mentiras, calumnias e infamias. La capacidad para lo bueno y para lo malo. Todo depende de la calidad humana de los usuarios. De la calidad humana de los usuarios a un lado y al otro de la red. Hay gente que alimenta la red con las cosas más nobles de las que es capaz la especie humana. También las hay que disfrutan de esa genial invención para desahogar viles sentimientos y para intentar causar el mayor daño posible.

Todo depende de nosotros, de los seres humanos. La tecnología, en cierto modo, es neutra. El ser humano que está detrás de la tecnología es el que le imprime sus valores éticos, sus principios, la elevación y la dignidad de su condición humana o lo contrario de eso.

En Venezuela, lamentablemente, desde que se inició este siglo XXI prevalece un clima de odio, de confrontación, de mentiras y de calumnias. Ese invento maravilloso que es la red, en manos bondadosas y amables será un instrumento formidable para la amistad, para el progreso, para la felicidad de los seres humanos. En manos de seres perversos, mal construidos por dentro, llenos de amargura y de maldad, la red puede convertirse en un instrumento para la degradación del ambiente intelectual, político y espiritual de nuestro país.

La felicidad es un atributo humano y Divino. Los seres humanos, mujeres y hombres, estamos hechos para ser felices. Apreciar la vida diaria es un reto espiritual y crear alegría a nuestro alrededor, a pesar de las horas tan difíciles que nos toca vivir, es una parte esencial de la Fe. “La vida es bella” es el título de una gran película italiana que narra la vida de un padre con su hijo en un campo de concentración nazi. El padre se propone hacer feliz al hijo y lo logra. Todos tenemos el deber de promover el amor y la alegría en medio de esta realidad caótica que nos ha tocado vivir. La maldad no está en la red, está en quienes la usan para lo malo. El hombre inventó la música de cámara, pero también la cámara de gas.

La red puede y debe ser un instrumento muy útil para la felicidad del género humano.

Seguiremos conversando.

De mentiras y odio

El fin de semana fui sorprendido por un artículo lleno de mentiras y de odio firmado por un viejo condiscípulo, Joaquín Chafardet. El artículo me llenó de tristeza por la cantidad de odio que refleja y por la cantidad de mentiras que contiene. También me produjo tristeza ver quien lo firma, un condiscípulo a quien siempre tuve por amigo y por quien siempre he sentido estimación. Al terminar de leer el artículo recordé las palabras dichas por el mártir del Gólgota: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”.

El articulo comienza narrando una reunión que nunca ha existido entre Claudio Fermín, los hermanos Rodríguez Jorge y Delcy, Pedro Pablo Fernández, mi hijo, y yo mismo. El tema era la postulación de mi nombre como candidato a presidir un hipotético gobierno de transición. Todo es mentira. A los hermanos Rodríguez no he tenido ocasión de conocerlos siquiera. Jamás ha existido tal reunión. Pero se miente sin recato alguno. Y sin respeto por la dignidad y la seriedad de las personas aludidas.

Se habla de la famosa conferencia por la Paz, convocada por el Presidente Maduro hace unos años. En esa conferencia, por cierto, participaron venezolanos muy distinguidos como Lorenzo Mendoza, Presidente de Polar y Jorge Roig, Presidente de Fedecámaras, junto al Nuncio Apostólico de su Santidad. También participó mi hijo Pedro Pablo Fernández. Todos los mencionados hicieron discursos claramente opositores y de gran altura y calidad. No hay derecho que ahora se presente esa actuación como una señal de complacencia con un gobierno al que le hemos hecho oposición desde el primer instante, desde el 4 de febrero de 1992.

En Venezuela hay mucho odio y muchas mentiras. El odio vino cuando el jefe de esa llamada “revolución” ofreció “freír en aceite la cabeza de sus adversarios”. El odio y la mentira se han apoderado también de algunos sectores opositores. Es una lástima.

Una de las tareas más importantes a cumplir por los próximos líderes de Venezuela será la de sustituir el odio por el amor y la solidaridad. Y sustituir la mentira por la verdad y la transparencia. En cuanto a Joaquín Chafardet, reitero lo dicho, me duele verlo poseído por el odio y la mentira y, con toda sinceridad, lo encomiendo al Dios de la misericordia: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”. Amén.