Enchiquerados

El gobierno sabe que la inmensa mayoría de los venezolanos queremos un cambio político. Queremos salir de un gobierno que solo produce hambre y desolación. Queremos un gobierno nuevo lo más pronto posible. Por eso ellos no quieren que el pueblo vote. Conocen las encuestas.


Saben que si el pueblo vota pierden. Por eso se dedican a “enchiquerar” el proceso electoral. Hacen todas las maniobras para ensuciar el proceso y para desanimar a los electores: Ponen al TSJ a elegir el CNE. Intervienen arbitrariamente a los partidos políticos. Inhabilitan tarjetas, dirigentes políticos y partidos. Aumentan el número de diputados a elegir violando la Constitución Nacional e inventan la figura de los diputados nacionales no prevista en la Constitución. Abusan de su poder en los medios y de las cadenas. Y encima, hacen que, en cadena de radio y televisión, el general Ministro de la Defensa, responsable del Plan República, arremeta contra uno de los principios fundamentales del sistema democrático: el principio de la alternabilidad republicana, justo en la fecha para evocar la unidad de la nación venezolana: el día del aniversario de nuestra independencia.


La principal tarea de la Fuerza Armada Nacional es defender la soberanía nacional, soberanía que reside en el pueblo. Nuestra Fuerza Armada debe ser garante del cumplimiento de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que dice en su artículo sexto: “El gobierno de Venezuela es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”.


Todo lo que hace el gobierno es fomentar la abstención y desacreditar la ruta electoral que es la única vía que existe para cambiar al gobierno de una manera democrática y civilizada.


El gobierno no quiere que el pueblo vote y una buena parte del pueblo, frustrado por tantos engaños, ha terminado perdiendo la fe en la lucha democrática.


Si la mayoría que quiere cambio llena los centros de votación en rebeldía cívica y sale de ellos con el 100% de las actas, este gobierno cae.


Los partidos tendrían que desprenderse de sus tarjetas partidistas para postular una tarjeta única y abrir espacio a los candidatos más representativos.
¿Serán capaces?


El 80% de los venezolanos que hoy viven en situación de pobreza extrema, los obliga.


Seguiremos conversando.

Dramática Realidad

Nada es más grave y más urgente de atención en la Venezuela de nuestros días que el sufrimiento de los venezolanos. Nada más apremiante que lograr la constitución de un gobierno de emergencia para atender la crisis económica y social. Es inaplazable la constitución de un gobierno de profesionales y técnicos que logre resolver los problemas de hambre y de desolación que está padeciendo la población venezolana. Un gobierno que pueda entablar negociaciones con los organismos financieros internacionales, que nos permitan contar con los recursos para superar la crisis.

Acaba de aparecer la encuesta de ENCOVI del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bellos bajo la dirección de Luis Pedro España y Anitza Freitez. Los resultados no pueden ser más desoladores y más alarmantes. Ocho de cada diez venezolanos están viviendo en una situación de pobreza extrema. Lo único que aumenta en Venezuela hoy es el hambre, la desnutrición, la pobreza, la miseria y la desolación. Más de 22 millones de venezolanos se encuentran en situación de pobreza extrema, es decir, en condiciones de miseria.

Nunca antes Venezuela había vivido una situación tan dramática. Las cifras de ENCOVI indican que nuestra situación es sólo comparable con lo que ocurre en los países más pobres de África: Nigeria, Chad, Congo y Zimbabwe.

Entre el año 2013 y el año 2019 la caída del producto interno fue del 70% y tuvimos un proceso de hiperinflación que destruyó el salario, el ingreso familiar y el poder de compra de la familia venezolana. El ingreso promedio diario ha bajado a niveles insólitos: setenta y cinco centavos de dólar.

Somos el segundo país con mayores niveles de desigualdad en América Latina.

Cuando en el mundo entero aumenta la expectativa de vida en Venezuela disminuye. La desnutrición infantil es escandalosa. También aumenta la mortalidad infantil. El consumo de proteínas representa el 34% de lo que debería ser. Aumenta la deserción estudiantil en proporción alarmante.

El gobierno del señor Maduro no sólo es que no está en capacidad de resolver la crisis sino que cada día que Maduro esté en Miraflores la situación se hará más grave.

Hace falta construir un gobierno nuevo lo más urgentemente posible y lo más democráticamente posible.

Seguiremos conversando.

Unión Nacional

Una de las tareas más importantes que tenemos que abordar los venezolanos es la de recomponer el sentimiento de Unidad Nacional.

El chavismo tuvo como objetivo estratégico, desde el primer día, dividir a la familia venezolana. Dividirnos entre revolucionarios -los que apoyan el gobierno- y contra revolucionarios -los que adversamos al gobierno. Dividirnos entre los de la cuarta y los de la quinta. Entre los ricos y los pobres. Entre los amigos del pueblo y los enemigos del pueblo. La consigna fue siempre la división.

Esa cultura de la división terminó permeando a todos los sectores de la vida nacional. También en las filas de la oposición surgió el fenómeno de la división de las opiniones, de las ambiciones y de los proyectos partidistas o personales.

Ahora nos toca trabajar por recomponer la unidad nacional. “Reino dividido no prevalecerá” dice la Sagrada Escritura (Mc 3,24). En efecto los que han tenido éxito y han sido capaces de construir un elevado nivel de vida a sus habitantes han sido países en donde ha prevalecido el acuerdo, el consenso y la solidaridad y no el odio y la división.

En la democracia, por definición, existen diversos puntos de vista y deben competir diversos intereses económicos, políticos o sociales. El pluralismo y el debate cívico son consustanciales a un régimen de libertades. Lo importante es no perder de vista que hay temas en los cuales por encima de las visiones parciales debe prevalecer el interés nacional.

Temas como la defensa de la soberanía nacional y de la integridad territorial; la defensa de la Constitución Nacional como expresión del Pacto Social entre todos los ciudadanos para garantizar la convivencia pacífica y civilizada; el diseño de un programa mínimo común que asegure a todos los ciudadanos bienestar económico y social.

No es alrededor de un caudillo o de un partido político o de una alianza de partidos que se debe trabajar por la unidad. Es alrededor de un programa, de un compromiso de luchar unidos por asegurar el progreso institucional, económico, social, cultura y ético de la sociedad.

En el Centro de Políticas Públicas Ifedec estamos trabajando en la dirección de promover un movimiento de Unión Nacional cuyo objetivo fundamental sea trabajar por la unidad de los venezolanos y por sustituir la cultura de la confrontación por una cultura de la cooperación.

Seguiremos conversando.

Tomás Moro

El lunes pasado, 22 de junio, se conmemoró en el calendario de la Iglesia Católica el día de Santo Tomás Moro “patrono de los estadistas y de los políticos”.

En esta hora de tanto desprestigio de la actividad política en Venezuela y en el mundo entero es bueno recordar la figura de un político admirable y venerable como lo fue Tomás Moro.

Moro nació en Londres en 1478 y murió en la misma ciudad en 1535, víctima de una sentencia de muerte producida por su lealtad a los principios y por la consecuencia con sus convicciones religiosas.

Nos dejó varias lecciones. En primer lugar, el estudio. Un estadista, un político no puede pretender ejercer ese elevado apostolado sin hacer un esfuerzo por su formación y por su preparación. Tomás Moro fue un abogado, filósofo, autor de obras fundamentales como Utopía en donde desarrolla en una isla imaginaria sus ideas acerca de lo que debía ser un sistema político ideal.

Fue amigo muy cercano, consejero y canciller del Rey Enrique VIII. Pero entendió que por encima de la amistad y de los cargos, honores y privilegios que puede deparar la vida pública está la defensa de los principios y de las convicciones.

Tomás Moro se opuso a la reforma protestante que estaba en boga en su tiempo y se opuso también a la separación que promovía su amigo y protector Enrique VIII de la nación inglesa de la Iglesia Católica. Se negó a reconocer la pretensión del rey de proclamarse como Jefe de la Iglesia en Inglaterra, desconociendo la autoridad del Papa y se negó a consentir en la anulación del matrimonio del rey con su esposa Catalina de Aragón.

Enrique VIII pretendió que Tomás Moro prestara juramento de supremacía, como se llamó al reconocimiento del rey como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, y éste se negó a conciencia de que con esa negativa estaba arriesgando su propia vida. En efecto, fue condenado por traición y ejecutado.

En el momento de su ejecución se le escuchó decir: “Muero como un leal servidor del rey, pero primero de Dios”.

El papa Pío XI lo canonizó en 1935 como mártir de la iglesia y el papa Juan Pablo II lo declaró Santo Patrono de los estadistas y de los políticos.

Tomás Moro creyó que la política era una forma excelsa de la caridad, es decir, del amor al prójimo. Y así la practicó. Ojalá el ejemplo de Tomás Moro nos de muchos políticos sabios y santos.

Seguiremos conversando.

Optimismo

A pesar de esta terrible crisis Venezuela tiene futuro. Una vez que cambien las circunstancias políticas y tengamos un nuevo gobierno, debemos aprovechar nuestras ventajas competitivas y comparativas. Trataré de mencionar diez motivos para el optimismo.

  1. Ubicación geográfica. Somos un país caribe, atlántico, amazónico y andino. Estamos cerca de la más poderosa economía del mundo: los Estados Unidos que, históricamente, ha sido nuestro principal socio comercial y podría volver a serlo.
  2. Calidad de recursos humanos. Venezuela cuenta con gente muy preparada en todas las materias que importan para el desarrollo y el progreso. Hemos sufrido una dolorosa fuga de cerebros, pero estoy seguro de que con un cambio de gobierno muchos regresarán con gusto a servir al país.
  3. Venezuela sigue contando con un enorme potencial petrolero. Con buenas políticas recuperaremos la industria y con buenas inversiones lograremos ser de nuevo una referencia en el mundo de los hidrocarburos.
  4. Igual pasa con los recursos mineros de Venezuela que son enormes.
  5. Desarrollo industrial. El socialismo del siglo XXI ha destruido el aparato industrial venezolano. Tendremos la oportunidad de reconstruir los polos de desarrollo industrial de todo el país. Un desarrollo industrial con las últimas y más sofisticadas tecnologías.
  6. El potencial agropecuario de nuestro país es inconmensurable. Con un nuevo gobierno, con políticas apropiadas y con sentido común Venezuela puede producir alimentos para satisfacer el mercado interno y para exportar.
  7. Turismo. La gran riqueza de Venezuela, hasta ahora no explotada, es el turismo. Genera divisas y genera empleo. Las posibilidades son enormes.
  8. Recursos hidrológicos. A Fidel Castro le escuché decir en alguna oportunidad que él envidiaba mucho el petróleo de Venezuela, pero que más todavía envidiaba los recursos hidráulicos con que contamos.
  9. Potencial eléctrico. Sin electricidad no hay desarrollo. Venezuela tiene recursos eléctricos para satisfacer el mercado interno y para exportar.
  10. Infraestructura. A pesar de todos los esfuerzos que ha hecho el gobierno por destruir nuestra infraestructura física, el país siguen contando con una base importante para su progreso y su desarrollo

Por eso es importante que tengamos un nuevo gobierno lo más pronto posible y al menor costo posible.

Maduro

Recuerdo haber leído una frase del gran poeta chileno, Pablo Neruda, que decía: “¡Qué sobrecogedor resulta para un poeta sentirse depositario de la confianza y de las esperanzas de un pueblo!”

Nicolás Maduro no es poeta. Está muy lejos de ser Pablo Neruda. No es tampoco depositario de la confianza ni de las esperanzas de su pueblo. Todo lo contrario. Pero Maduro tiene en sus manos la posibilidad de encender de nuevo las esperanzas de un pueblo. Nadie como él está en capacidad de convocar a todos los sectores nacionales para abordar el cambio que el país necesita y que los venezolanos reclaman.

El presidente Maduro tiene que tener conciencia del terrible sufrimiento y la insondable desesperanza que está sufriendo el pueblo venezolano. Tiene que saber, además, que mientras él permanezca en Miraflores los problemas que afectan a todos los venezolanos, particularmente a los más vulnerables, a los más pobres, no se resolverán y, por el contrario, se agravarán cada día más.

 Maduro comparte con quien fue su jefe y sigue siendo su fuente de inspiración, Hugo Chávez Frías, la responsabilidad principal de la catástrofe política, económica, social y ética que está sufriendo Venezuela. Esta catástrofe tiene más de un cuarto de siglo. Se inició el 4 de febrero de 1992 y cada día se agrava más.

Hoy Nicolás Maduro tiene en sus manos la posibilidad de convocar a todos los sectores que influyen en la vida nacional par aun diálogo que tendría solamente dos puntos: formación de un gobierno de emergencia nacional que esté en condiciones de enfrentar la crisis y de aliviar el sufrimiento de la gente venezolana y, en segundo lugar, un gran acuerdo de gobernabilidad para los próximos veinte años.

Gobierno de emergencia, de unidad nacional, de inclusión. Un nuevo gobierno capaz de generar confianza dentro y fuera de Venezuela para salir de la hiperinflación, de la recesión, del hambre, de la pobreza, de la miseria y del desaliento.

Un acuerdo nacional para abordar los temas relativos a la reconstrucción de la arquitectura institucional democrática del país y a la construcción de una economía auto sostenida y diversificada que contribuya a financiar el bienestar de todos las familias venezolanas.

Maduro está a tiempo de inscribir su nombre en la parte buena de la historia venezolana.

Seguiremos conversando.

Exhortación Apostólica

Encuentro que todos los documentos emanados de la Conferencia Episcopal Venezolana son muy importantes. Todos están inspirados por el más auténtico espíritu evangélico y apostólico. Los obispos son testigos de la verdad y actúan al servicio de la feligresía confiada a su cuidado.

Hay, sin embargo, oportunidades en las que me parece que nuestros pastores han estado particularmente inspirados. Tal es el caso de la última exhortación apostólica.

Citaré algunos párrafos que se expresan con sobrada elocuencia sin necesidad de comentarios adicionales. Desde luego recomiendo su lectura completa.

Dicen los obispos: “Los venezolanos estamos viviendo una dramática situación de dolor, violencia y sufrimiento moralmente intolerable. La presencia de la pandemia no ha hecho sino poner en evidencia las múltiples carencias que sufre el pueblo y la incapacidad de dar respuestas adecuadas.”

“Se escucha un inmenso clamor que sube al cielo ante el desamparo de millones de hombre y mujeres sin recursos económicos, sin comida, sin medicina, sin trabajo, sin servicios adecuados de electricidad, agua, transporte, gas doméstico y combustible.” “Nuestro pueblo, todo, sin distinción, está inmerso en una cadena de calamidades.”

“El país está cerca de una quiebra económica de grandes proporciones.”

A la luz de estas realidades la Conferencia afirma: “Es inaceptable que continúe la situación que vivimos. Urge una acción de gran calado, una sacudida ética y una convergencia político-social que nos encauce hacia el deseo común: un cambio fundamental.”

“No es eliminando al que piensa diferente que se saldrá de esta crisis, sino incluyendo en la búsqueda de soluciones concertadas a todos los factores políticos y a las distintas instituciones que hacen vida en el ámbito nacional.”

“Tenemos que lograr el cambio sin violencia y en paz. Urge lograr la reconciliación y el perdón construyendo caminos de justicia y vida.”

Termina la exhortación diciendo: “Llamamos pues, escuchando a nuestro pueblo, a un acuerdo nacional inclusivo de largo alcance que salve a Venezuela de la gravísima crisis en la que se encuentra sumergida y a iniciar procesos para rescatar y recuperar el país social, política y económicamente.”

Pide  que “acompañemos la búsqueda de una salida, que necesariamente pasa por la inclusión de todos… y la conformación de instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social.”

¡Más claro imposible!

La solución política

Sólo hay dos vías para abordar la solución de una crisis tan grave como la que estamos viviendo los venezolanos: la de las armas o la de la política, la razón y la inteligencia.

Las armas pueden ser nacionales o internacionales. Desde hace mucho tiempo he venido sosteniendo que la vía de las armas no es probable y mucho menos aconsejable. No soluciona nada y agrava todo. Sería trágico que para resolver un problema tan grave como el que padece Venezuela haya que apelar a más violencia de la que ya hemos sufrido.

En estos días escuché a un vocero de la oposición que decía: “A Maduro ni agua”. Eso para reclamar más sanciones contra Venezuela. No se da cuenta quien así se expresa que el último venezolano a quien le faltará agua, comida o gasolina es precisamente, al señor Maduro.

Todos los venezolanos estamos padeciendo por la falta de agua, de comida, de gasolina y de muchas cosas más. Lo que los venezolanos necesitamos no son más sanciones sino una solución. Más sanciones nos conducirán eventualmente a un destino como el de Cuba. Un país abandonado a su suerte, con muchas sanciones y sin ninguna solución.

La solución de la crisis venezolana debe ser por la vía de la razón, de la civilización, de la inteligencia y del patriotismo. Esa solución pasa por la conformación de un gobierno de emergencia nacional, un gobierno de unidad nacional, un gobierno que pueda abordar la solución de los problemas de hambre, de colapso de los servicios públicos, agua, electricidad, gas doméstico, gasolina, salud, seguridad, etc… con eficiencia y con la cooperación de la comunidad internacional.

Para que ese gobierno de Unidad Nacional pueda tener éxito debe contar con el apoyo de todos los venezolanos, de los que hoy respaldan al gobierno y de los que hoy estamos en oposición al actual gobierno.

Debe contar con el apoyo de los factores importantes de la vida nacional. Empresarios y trabajadores. Civiles y militares. Profesionales y técnicos. Hombres y mujeres.

Para lograr ese objetivo hay que abandonar la cultura de la confrontación agonal. Es decir, aquello de que “si yo gano tú estás muerto y si tú ganas yo estoy muerto”. Esa cultura debe ser sustituida por una de inteligencia y patriotismo. Para resolver la crisis todos somos necesarios.

Seguiremos conversando.

Mañana

Mañana tendremos un mundo sin pandemia. Un mundo mejor, más fraterno, más solidario, más integrado. De la pandemia debe salir un mundo mejor.

Mañana Venezuela será un país sin pandemia y sin los horrores de la crisis provocada por el socialismo del siglo XXI.

Tendremos una Venezuela mejor, fraterna, solidaria, unida. Un país con democracia y con respeto escrupuloso por los derechos humanos. Un país con progreso económico y con prosperidad para todas las familias. Con prosperidad y con bienestar.

Al dejar atrás la pandemia del corona virus y al superar las miserias del socialismo del siglo XXI podemos tener un país con agua corriente para todos, con energía eléctrica, con seguridad personal y social, con transporte, salud y educación para todos.

Un país con una moneda respetable. Con unos bolívares que nos permitan comprar los bienes y servicios que necesitamos para vivir bien, un país sin inflación y sin recesión. Un país con un gobierno que no sea objeto de sanciones internacionales. Un país que puede exportar e importar de acuerdo a sus conveniencias.

Mañana tendremos un país en el que todos los ciudadanos puedan vivir en paz. Un país en el que haya elecciones transparentes para elegir a nuestros alcaldes y concejales, a nuestros gobernadores y diputados a los Concejos Legislativos regionales, al Presidente de la República y a los diputados a la Asamblea Nacional.

Mañana, cuando dejemos atrás a la pandemia y al socialismo del siglo XXI, los venezolanos podremos vivir en un país sin desabastecimiento, sin alto costo de la vida, y sin pobreza.

Un país que vuelva a ser una referencia en la producción, refinación y comercialización del petróleo. Un país que atraiga inversiones importantes, nacionales e internacionales, pública y privadas para que haya empleos decentes para todos. Empleos  productivos, bien remunerados y estables. Con trabajadores orgullosos de su productividad.

Mañana los venezolanos volveremos a cantar nuestras canciones, a recitar nuestros poemas, a celebrar nuestras fiestas, a rezar nuestras oraciones, a reír con alegría y a llorar cuando toque, pero no todos los días.

Hay mañana. Los venezolanos tenemos futuro y tenemos futuro porque tenemos un pueblo noble y generoso y mucha gente competente como para asegurar un mañana mejor para todos…

Seguiremos conversando.

No hay otra

La situación política económica y social de Venezuela es grave, muy grave. Todo indica que nos movemos hacia una situación todavía peor que la que estamos viviendo. La mayoría de nuestros compatriotas están viviendo una situación insostenible.

Hambre, desempleo, inseguridad, falta de agua, de gas, de gasolina, de luz eléctrica, de dinero. Es un estado colectivo de desolación.

La situación tiende a empeorar por culpa de la pandemia, por una parte, pero sobre todo por culpa del gobierno que se empeña en apelar de nuevo a las políticas fracasadas que nos han conducido a esta catástrofe: los controles artificiales de la economía, control de cambios y control de precios, y el hostigamiento a lo poco que nos queda de empresa privada, como lo pone en evidencia el tratamiento a las Empresas Polar, que tienen una importancia social enorme.

Es un hecho evidente que el gobierno no está en capacidad de resolver la crisis, ni de mejorar la situación. Al contrario, mientras ese equipo permanezca en Miraflores la situación de los venezolanos será cada día peor.

Es la hora de apelar al patriotismo, el amor por Venezuela, y a la inteligencia. El propio Presidente Maduro y sus colaboradores deben ser los primeros interesados en buscar y promover la formación de un nuevo gobierno, un gobierno de amplitud y de unidad nacional que logre la colaboración de venezolanos competentes, honestos y con ideas claras de lo que hay que hacer para sacar a Venezuela de la trágica situación en la que se encuentra y voluntad firme de hacer lo necesario.

En 1939, cuando Europa fue siendo ocupada progresivamente por el monstruo del Nacional Socialismo y Gran Bretaña estaba sola enfrentando la amenaza que representaba Hitler, el liderazgo político inglés entendió que se hacía necesario convocar un gobierno de unidad nacional. Así lo hicieron y con mucho éxito, afortunadamente para el mundo entero.

Venezuela está viviendo una situación de emergencia nacional parecida a la de Inglaterra antes de la guerra. Venezuela necesita que su liderazgo nacional, no sólo los políticos, sino todos los sectores, empresarios, trabajadores, gremios profesionales, la iglesia, gente representativa de la nación entera, sean capaces de organizar un gobierno de unidad nacional que logre enfrentar con éxito la situación.

La cultura de la confrontación debe ceder lugar a la cultura del entendimiento y de la unidad,

Seguiremos conversando.