Punto de vista

Vendrán tiempos mejores. Más temprano que tarde Venezuela y los venezolanos viviremos tiempos de alegría, de unión, de progreso, de justicia, de bienestar y de democracia. La pandemia del coronavirus pasará. El socialismo del siglo XXI con todas sus nefastas consecuencias también pasará y amanecerá una nueva y resplandeciente oportunidad para todos los que hemos tenido el privilegio de nacer en esta tierra de gracia y para todos los que han escogido vivir, trabajar, luchar, sufrir y gozar con nosotros.

Estamos viviendo una hora muy oscura, pero “si sobrevives -como dijo el poeta Andrés Eloy Blanco- será tu tiempo el tiempo de la verdad triunfante.”

Nuestra tarea es convocar la unidad de todos los venezolanos. Unidad que sólo es posible alrededor de un gran sueño, alrededor de un programa compartido. Ese programa, desde mi punto de vista, debe contemplar cinco aspectos fundamentales: democracia política, progreso económico, igualdad social, valores éticos y servicios públicos eficientes que nos permitan a todos vivir decentemente y disfrutar un ambiente de paz y de convivencia.

Ese es el programa que propone la tarjeta Unión y Progreso. En momentos estelares de nuestra historia los venezolanos hemos demostrado capacidad para entendernos y para progresar. Así ocurrió, por ejemplo, a la muerte del general Juan Vicente Gómez. El programa de febrero de 1936 presentado por el presidente López Contreras fue una convocatoria a la unión y al progreso de todos los venezolanos.

La constitución de 1947 fue una nueva invitación a la unidad de los venezolanos para luchar por la democracia, por el progreso económico, por la justicia social, por la erradicación de la corrupción administrativa y por la conquista de un ambiente de convivencia civilizada.

El Pacto de Punto Fijo en 1958 representa otra de esas oportunidades en las que los venezolanos fuimos capaces de atender un llamado a la unidad detrás de un programa compartido en medio de las diferencias propias del pluralismo democrático.

Hoy suenan de nuevo las trompetas que nos convocan a la unidad nacional. Veinte años de graves errores, de confrontaciones inútiles y pleitos infecundos nos han conducido a una situación deplorable y catastrófica. Es la hora de pensar más en Venezuela y en el sufrimiento de los venezolanos que en las agendas partidistas y en las ambiciones personales. Venezuela necesita unión y progreso.

Seguiremos conversando.

Mi posición

San Pablo nos aconsejaba insistir en la verdad “con ocasión y sin ella”.
Yo quiero insistir en “mi” verdad. Creo que no hay asunto más importante para los venezolanos de este tiempo que atender la espantosa crisis económica y social que está sufriendo la familia venezolana. El hambre, la desnutrición, la pobreza, el desaliento y la miseria que han provocado las políticas equivocadas del “socialismo del siglo XXI” tienen que ser el objeto de nuestra primera y mayor preocupación. Nada hay más importante que la gente, que las personas, que los hombres y las mujeres que sufren las consecuencias de la crisis.
Para resolver esa crisis económica y social hay que producir un cambio de gobierno.


Superar la crisis económica requiere de muchas inversiones y de mucho apoyo de los organismos de financiamiento internacional y este gobierno no puede conseguir ninguna de los dos.


El cambio de gobierno para que sea eficaz debe ser resultado de un proceso pacífico, democrático, institucional y, ojalá, consensuado. Un cambio traumático y violento no resolverá la crisis. Al contrario, la agravará.


Venezuela y los venezolanos necesitamos con urgencia la presencia de una alternativa democrática seria, merecedora de la confianza de los ciudadanos, inspirada por el servicio al más alto interés nacional. Es un escándalo la fragmentación, la división y la atomización de las fuerzas que deberían representar esa alternativa democrática.


Por eso, insisto una vez más en que frente a la actual crisis política no queda espacio sino para dos fuerzas políticas: los partidarios del gobierno y los partidarios del cambio. Todos los que apostamos por el cambio político debemos estar unidos bajo una dirección compartida, con un mensaje ilusionante, con una organización eficiente, con una estrategia inteligente y con un propósito único: servir a Venezuela y a los venezolanos.
Por eso he recomendado que frente a cualquier evento electoral, la fuerza del cambio se presente con una tarjeta única. No es tiempo para ambiciones partidistas o para proyectos personales. Es la hora de la Unidad Nacional. Como han dicho los obispos venezolanos: “la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo del gobierno.”

Seguiremos conversando.

Los Obispos

Hablaron los obispos venezolanos. Con claridad y contundencia. Como siempre. Me siento plenamente interpretado por mis pastores. Una voz que orienta a creyentes y no creyentes y que ilumina el camino a recorrer.

Comienzan hablando del tema central de nuestro tiempo: el sufrimiento del pueblo venezolano. Todos tenemos que aportar para aliviar y superar ese sufrimiento.

En seguida la declaración destaca la vocación democrática del pueblo venezolano. “La vía electoral es la manera pacífica y racional para resolver los ingentes problemas que padecemos”.

Categóricamente descartan cualquier salida fuera de la institucionalidad democrática. Es un no rotundo a la tentación golpista y a la invasión extranjera. No a la violencia. Sí a la inteligencia. «Es necesario celebrar elecciones libre, justas e imparciales… que respete al voto ciudadano.”

“Somos conscientes de las irregularidades que se han cometido” dicen:  “desde la designación de los directivos del CNE, la confiscación de algunos partidos políticos, inhabilitación de candidatos, amenazas, persecuciones y encarcelamiento de dirigentes políticos, el cambio del número de diputados y de circunscripciones electorales.” “Resulta inmoral cualquier maniobra que obstaculice la solución política y social de los verdaderos problemas del país.”

No basta promover la abstención, hay que buscar salidas y generar propuestas. “La sola abstención hará crecer la fractura político-social en el país y la desesperanza ante el futuro.” La decisión de abstenerse “priva a los ciudadanos del instrumento válido para defender sus derechos en la Asamblea Nacional…lleva a la inmovilización, al abandono de la acción política y a renunciar a mostrar las propias fuerzas.” Los obispos nos recuerdan que la abstención en el 2005 no tuvo ningún resultado positivo y, agrego yo, muchos negativos.

“A pesar de las irregularidades, la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo de parte del gobierno.”

Hablaron los obispos. Cumplen su deber de promover el Bien Común y de servir al pueblo sufriente. Ojalá ahora hablen otros factores importantes de la vida nacional. Empresarios, trabajadores, gremios profesionales, academias, partidos políticos. Si todos seguimos las recomendaciones de nuestros obispos podríamos estar asistiendo a una avalancha electoral a favor del cambio, el progreso y la justicia.

Seguiremos conversando.

¿Quiénes somos?

Somos venezolanos que queremos lo mejor para Venezuela. Lo mejor para cada una de las familias venezolanas. Queremos que la gente tenga comida, especialmente los niños y las madres. Queremos que tengan agua de buena calidad y que tengan luz eléctrica. Queremos que tengan trabajo y salarios adecuados y suficientes para atender las necesidades del grupo familiar. Queremos que tengan gas doméstico y gasolina. Queremos que tengan salud y educación. Queremos que dejen de tener inflación e inseguridad.

En fin, queremos que tengan todo lo que se necesita para vivir una vida digna y confortable y para recuperar la esperanza y la ilusión de ofrecerles una vida mejor a sus hijos y a sus nietos.

Por eso estamos en política. Porque entendemos que la política es una vocación para servir al país, para servir al Bien Común. Para trabajar por la felicidad de la gente, de los ciudadanos, de cada una de las familias.

Sabemos que para lograr lo mejor para Venezuela y para los venezolanos hay que salir de Maduro y de su gobierno. Ellos no solamente son los responsables del sufrimiento de los venezolanos sino que, mientras permanezcan en el poder, ese sufrimiento no sólo es que no se va a resolver, sino que se va a agravar.

Un alto interés nacional aconseja cambiar el gobierno. Ese mismo interés nacional aconseja que ese cambio sea pacífico, democrático, civilizado, electoral y, si posible, consensuado.

No nos gusta la violencia, no nos gustan los golpes militares, ni las invasiones extranjeras. No nos gusta que se derrame más sangre de ciudadanos de la que ya se ha derramado. Rechazamos el odio y la venganza. Preferimos el amor, la paz, el perdón y la justicia.

Sabemos que para cambiar al gobierno no existen sino dos caminos: la violencia o la ruta electoral. Sabemos de todas las trampas electorales que practica el gobierno. DE todas maneras preferimos la ruta electoral. Sabemos que la inmensa mayoría de los venezolanos quiere cambiar al gobierno y prefiere que sea por una vía pacífica.

Por eso estamos poniendo a la orden los venezolanos una tarjeta no comprometida ni contaminada: la tarjeta de Unión y Progreso.

Esa tarjeta está a la orden de todos los venezolanos que quieran contribuir a trabajar eficientemente por Venezuela y por su gente, por la democracia y la justicia.

Seguiremos conversando.

Derrotar al gobierno

Hace años que digo que en Venezuela no hay sitio sino para dos grandes partidos. El partido que respalda al gobierno, cada día más disminuido, y un gran partido que agrupe a  todos los que queremos cambiarlo.

Lo que no ayuda para el cambio, es la incapacidad de nuestro liderazgo de poner los intereses del país por encima de los intereses sectarios.

Líderes autoritarios han contado al comienzo con apoyo popular y mientras dura ese apoyo, convocan elecciones.  Pero cuando pierden ese apoyo, se sostienen por la fuerza y desprecian las elecciones y a toda la institucionalidad democrática.

Las dictaduras se mantienen cuando la coalición de fuerzas que las sostienen es más fuerte que la fuerza que quiere cambiarlas y caen cuando esa coalición se quiebra.

Quebrar la coalición dominante requiere estrategia. La historia ha demostrado que no hay nada que contribuya mejor para romper la coalición dominante y lograr el fin de la dictadura, que participando en las elecciones, siempre llenas de ventajismo y arbitrariedad, que ella convoca.

Pinochet convocó un plebiscito seguro de que lo ganaba. La oposición peleó, elaboró un mensaje, articuló y motivó a la población y ganó.

En Polonia el régimen comunista llamó a elecciones parlamentarias reservándose el 67% de los cargos a elegir. Un líder sindical, Lech Walesa, decidió participar a pesar de todo el ventajismo oficial y derrotó al gobierno en esas elecciones.

En Perú Fujimori convocó elecciones fraudulentas, la oposición participó y ganó.

Evo Morales convocó elecciones violando la constitución, la oposición participó, Morales intentó un fraude y tuvo que abandonar el poder.

Los ejemplos son muchos y no hay uno donde a partir de abstenerse se haya logrado algo.

Nada sería más efectivo para salir del gobierno que 12 millones de personas votando. EL gobierno lo sabe y por eso trata de todas las maneras, que la gente no vote. Las encuestas dicen que la gente no quiere votar.

La única forma de cambiar esa tendencia es que todo el liderazgo nacional se olvide de sus agendas parciales y  construyamos juntos una plataforma electoral con una tarjeta única.

En ese esfuerzo, un grupo de venezolanos nos hemos comprometido con la tarjeta Unión y Progreso. No es un nuevo partido, sino un instrumento que pretende servir, para que esa voluntad mayoritaria que hay en el país, se pueda expresar de forma contundente contra el gobierno.

Seguiremos conversando.

Unión para el Progreso

El señor Cardenal, Arzobispo de Caracas, Baltazar Porras lo ha dicho con palabras llenas de autoridad y de razón. Las elecciones son muy importantes, pero no pueden tener prioridad frente a la amenaza que representan para la salud del pueblo la pandemia y el hambre al que ha condenado a la inmensa mayoría de los venezolanos la política del gobierno nacional.

En caso de que haya elecciones, me dice la gente, quisiéramos ejercer nuestro derecho y cumplir nuestro deber de votar, pero no sabemos por quién votar. Quieren votar contra el gobierno, pero no lo quieren hacer por partidos que parecen instrumentados por éste para servir sus intereses políticos. Con razones perfectamente comprensibles no sienten que votan contra el gobierno si lo hacen por partidos intervenidos por el TSJ con direcciones nacionales colocadas por él. Parece muy difícil que los venezolanos que anhelamos un cambio podamos votar por los candidatos postulados por Copei, AD, PJ y VP cuando sus direcciones nacionales han sido designadas por el gobierno de Nicolás Maduro.

Muchos amigos de diferentes partes del país me llaman para decirme que ellos quieren votar. Entienden que no hay otra alternativa, pues asumimos la ruta electoral con todas las dificultades que nos opone el gobierno o nos resignamos a quedarnos en nuestras casas contemplando como se perpetúa el régimen en el poder.

Todo esto por supuesto en el entendido de que podamos hacer elecciones en un país acosado por la pandemia, por el hambre y por servicios públicos colapsados.

Así las cosas, conozco de esfuerzos que están haciendo un grupo de venezolanos, preocupados por el destino de la democracia venezolana, para presentar una tarjeta no contaminada por las maniobras del gobierno para llevar a la Asamblea Nacional gente honesta, competente y representativa de todos los estados. Veo con mucha simpatía esa iniciativa.

Esa tarjeta tiene un compromiso programático: defensa de la democracia y de la libertad. Compromiso de recuperación económica y de Justicia Social. Valores éticos y principios morales contra la corrupción y, por supuesto, la sustitución del gobierno de Maduro lo más pronto y lo más democráticamente posible.

Esa tarjeta convoca a la participación de todos los venezolanos que apuesten por la recuperación democrática y económica del país. Sin sectarismos de ningún tipo y sin exclusiones odiosas.

Seguiremos conversando.

Enchiquerados

El gobierno sabe que la inmensa mayoría de los venezolanos queremos un cambio político. Queremos salir de un gobierno que solo produce hambre y desolación. Queremos un gobierno nuevo lo más pronto posible. Por eso ellos no quieren que el pueblo vote. Conocen las encuestas.


Saben que si el pueblo vota pierden. Por eso se dedican a “enchiquerar” el proceso electoral. Hacen todas las maniobras para ensuciar el proceso y para desanimar a los electores: Ponen al TSJ a elegir el CNE. Intervienen arbitrariamente a los partidos políticos. Inhabilitan tarjetas, dirigentes políticos y partidos. Aumentan el número de diputados a elegir violando la Constitución Nacional e inventan la figura de los diputados nacionales no prevista en la Constitución. Abusan de su poder en los medios y de las cadenas. Y encima, hacen que, en cadena de radio y televisión, el general Ministro de la Defensa, responsable del Plan República, arremeta contra uno de los principios fundamentales del sistema democrático: el principio de la alternabilidad republicana, justo en la fecha para evocar la unidad de la nación venezolana: el día del aniversario de nuestra independencia.


La principal tarea de la Fuerza Armada Nacional es defender la soberanía nacional, soberanía que reside en el pueblo. Nuestra Fuerza Armada debe ser garante del cumplimiento de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que dice en su artículo sexto: “El gobierno de Venezuela es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”.


Todo lo que hace el gobierno es fomentar la abstención y desacreditar la ruta electoral que es la única vía que existe para cambiar al gobierno de una manera democrática y civilizada.


El gobierno no quiere que el pueblo vote y una buena parte del pueblo, frustrado por tantos engaños, ha terminado perdiendo la fe en la lucha democrática.


Si la mayoría que quiere cambio llena los centros de votación en rebeldía cívica y sale de ellos con el 100% de las actas, este gobierno cae.


Los partidos tendrían que desprenderse de sus tarjetas partidistas para postular una tarjeta única y abrir espacio a los candidatos más representativos.
¿Serán capaces?


El 80% de los venezolanos que hoy viven en situación de pobreza extrema, los obliga.


Seguiremos conversando.

Dramática Realidad

Nada es más grave y más urgente de atención en la Venezuela de nuestros días que el sufrimiento de los venezolanos. Nada más apremiante que lograr la constitución de un gobierno de emergencia para atender la crisis económica y social. Es inaplazable la constitución de un gobierno de profesionales y técnicos que logre resolver los problemas de hambre y de desolación que está padeciendo la población venezolana. Un gobierno que pueda entablar negociaciones con los organismos financieros internacionales, que nos permitan contar con los recursos para superar la crisis.

Acaba de aparecer la encuesta de ENCOVI del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bellos bajo la dirección de Luis Pedro España y Anitza Freitez. Los resultados no pueden ser más desoladores y más alarmantes. Ocho de cada diez venezolanos están viviendo en una situación de pobreza extrema. Lo único que aumenta en Venezuela hoy es el hambre, la desnutrición, la pobreza, la miseria y la desolación. Más de 22 millones de venezolanos se encuentran en situación de pobreza extrema, es decir, en condiciones de miseria.

Nunca antes Venezuela había vivido una situación tan dramática. Las cifras de ENCOVI indican que nuestra situación es sólo comparable con lo que ocurre en los países más pobres de África: Nigeria, Chad, Congo y Zimbabwe.

Entre el año 2013 y el año 2019 la caída del producto interno fue del 70% y tuvimos un proceso de hiperinflación que destruyó el salario, el ingreso familiar y el poder de compra de la familia venezolana. El ingreso promedio diario ha bajado a niveles insólitos: setenta y cinco centavos de dólar.

Somos el segundo país con mayores niveles de desigualdad en América Latina.

Cuando en el mundo entero aumenta la expectativa de vida en Venezuela disminuye. La desnutrición infantil es escandalosa. También aumenta la mortalidad infantil. El consumo de proteínas representa el 34% de lo que debería ser. Aumenta la deserción estudiantil en proporción alarmante.

El gobierno del señor Maduro no sólo es que no está en capacidad de resolver la crisis sino que cada día que Maduro esté en Miraflores la situación se hará más grave.

Hace falta construir un gobierno nuevo lo más urgentemente posible y lo más democráticamente posible.

Seguiremos conversando.

Unión Nacional

Una de las tareas más importantes que tenemos que abordar los venezolanos es la de recomponer el sentimiento de Unidad Nacional.

El chavismo tuvo como objetivo estratégico, desde el primer día, dividir a la familia venezolana. Dividirnos entre revolucionarios -los que apoyan el gobierno- y contra revolucionarios -los que adversamos al gobierno. Dividirnos entre los de la cuarta y los de la quinta. Entre los ricos y los pobres. Entre los amigos del pueblo y los enemigos del pueblo. La consigna fue siempre la división.

Esa cultura de la división terminó permeando a todos los sectores de la vida nacional. También en las filas de la oposición surgió el fenómeno de la división de las opiniones, de las ambiciones y de los proyectos partidistas o personales.

Ahora nos toca trabajar por recomponer la unidad nacional. “Reino dividido no prevalecerá” dice la Sagrada Escritura (Mc 3,24). En efecto los que han tenido éxito y han sido capaces de construir un elevado nivel de vida a sus habitantes han sido países en donde ha prevalecido el acuerdo, el consenso y la solidaridad y no el odio y la división.

En la democracia, por definición, existen diversos puntos de vista y deben competir diversos intereses económicos, políticos o sociales. El pluralismo y el debate cívico son consustanciales a un régimen de libertades. Lo importante es no perder de vista que hay temas en los cuales por encima de las visiones parciales debe prevalecer el interés nacional.

Temas como la defensa de la soberanía nacional y de la integridad territorial; la defensa de la Constitución Nacional como expresión del Pacto Social entre todos los ciudadanos para garantizar la convivencia pacífica y civilizada; el diseño de un programa mínimo común que asegure a todos los ciudadanos bienestar económico y social.

No es alrededor de un caudillo o de un partido político o de una alianza de partidos que se debe trabajar por la unidad. Es alrededor de un programa, de un compromiso de luchar unidos por asegurar el progreso institucional, económico, social, cultura y ético de la sociedad.

En el Centro de Políticas Públicas Ifedec estamos trabajando en la dirección de promover un movimiento de Unión Nacional cuyo objetivo fundamental sea trabajar por la unidad de los venezolanos y por sustituir la cultura de la confrontación por una cultura de la cooperación.

Seguiremos conversando.

Tomás Moro

El lunes pasado, 22 de junio, se conmemoró en el calendario de la Iglesia Católica el día de Santo Tomás Moro “patrono de los estadistas y de los políticos”.

En esta hora de tanto desprestigio de la actividad política en Venezuela y en el mundo entero es bueno recordar la figura de un político admirable y venerable como lo fue Tomás Moro.

Moro nació en Londres en 1478 y murió en la misma ciudad en 1535, víctima de una sentencia de muerte producida por su lealtad a los principios y por la consecuencia con sus convicciones religiosas.

Nos dejó varias lecciones. En primer lugar, el estudio. Un estadista, un político no puede pretender ejercer ese elevado apostolado sin hacer un esfuerzo por su formación y por su preparación. Tomás Moro fue un abogado, filósofo, autor de obras fundamentales como Utopía en donde desarrolla en una isla imaginaria sus ideas acerca de lo que debía ser un sistema político ideal.

Fue amigo muy cercano, consejero y canciller del Rey Enrique VIII. Pero entendió que por encima de la amistad y de los cargos, honores y privilegios que puede deparar la vida pública está la defensa de los principios y de las convicciones.

Tomás Moro se opuso a la reforma protestante que estaba en boga en su tiempo y se opuso también a la separación que promovía su amigo y protector Enrique VIII de la nación inglesa de la Iglesia Católica. Se negó a reconocer la pretensión del rey de proclamarse como Jefe de la Iglesia en Inglaterra, desconociendo la autoridad del Papa y se negó a consentir en la anulación del matrimonio del rey con su esposa Catalina de Aragón.

Enrique VIII pretendió que Tomás Moro prestara juramento de supremacía, como se llamó al reconocimiento del rey como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, y éste se negó a conciencia de que con esa negativa estaba arriesgando su propia vida. En efecto, fue condenado por traición y ejecutado.

En el momento de su ejecución se le escuchó decir: “Muero como un leal servidor del rey, pero primero de Dios”.

El papa Pío XI lo canonizó en 1935 como mártir de la iglesia y el papa Juan Pablo II lo declaró Santo Patrono de los estadistas y de los políticos.

Tomás Moro creyó que la política era una forma excelsa de la caridad, es decir, del amor al prójimo. Y así la practicó. Ojalá el ejemplo de Tomás Moro nos de muchos políticos sabios y santos.

Seguiremos conversando.