¿Y ahora…?

¡Seguir luchando! No podemos dejar que nos roben la esperanza. Venezuela y los venezolanos nos merecemos un destino mejor. ¡Seguir luchando! Renovar nuestro compromiso con la gente, con los ciudadanos, con los que sufren, con los más vulnerables. Renovar nuestro compromiso con la democracia, con el estado de derecho, con los derechos humanos, con la justicia social, con el desarrollo económico, con la igualdad de oportunidades, con la educación, la ciencia  y la tecnología, con la salud, con la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y con el conjunto de los ciudadanos.

¡Seguir luchando sin descanso! Evaluar lo que hemos hecho, los aciertos y las equivocaciones. Profundizar los aciertos, corregir las equivocaciones. Apostar siempre por la inteligencia, por la unidad, por la paz, por la justicia, por la fraternidad entre todos los seres humanos, por la inclusión, por el futuro.

Venezuela necesita recomponer su estructura institucional: un gobierno que gobierne. Un parlamento que legisle y que controle la marcha de la administración pública, unos tribunales que administren justicia con seriedad, con imparcialidad y con apego a la constitución y a las leyes.

¡Tenemos que seguir luchando! Nada de resignación. Nada de conformismo. Convocar a la lucha infatigable por construir una Venezuela mejor. Convocar a la unidad de todos los venezolanos detrás de un programa compartido. Organizar a los ciudadanos. Educar en democracia, en tolerancia, en valores cívicos y éticos. Trazar caminos de progreso. Organizar a los ciudadanos para alcanzar las metas. Educar para la convivencia y la civilidad. Apostar a una estrategia inteligente para salir de un gobierno que ha hecho mucho daño y sustituirlo por un gobierno que encarne los valores que el actual gobierno ha maltratado y desconocido.

No a la violencia, no a la desesperanza, no a la resignación. Los venezolanos esperamos una convocatoria positiva, ilusionante, esperanzadora. Vamos a luchar por la tierra prometida. Ojalá surjan líderes políticos y organizaciones políticas que nos convoque a la grandeza, que nos saquen de la mediocridad, que podamos superar los insultos y la diatriba y avanzar con paso firme y resuelto hacia una Venezuela unida, prospera, feliz y optimista. Todo eso podemos lograrlo. ¡Hay que seguir luchando!

La ruta electoral

No existe método más civilizado, inteligente y democrático para dirimir diferencias políticas que la vía electoral.

Desde luego, las partes que concurren a un proceso electoral tienen que tener la seguridad de que el proceso será impecable, transparente, rodeado de todas las garantías que lo hagan verdaderamente representativo de la voluntad popular.

En Venezuela tenemos que hacer un enorme esfuerzo por fortalecer la cultura democrática. En los doscientos años que llevamos como nación independiente, lo que ha prevalecido es el militarismo, la arbitrariedad, el caudillismo. Todavía el espíritu de Carujo anda suelto por estos lares como se acaba de comprobar con la decisión del gobernador del estado Vargas de erradicar el símbolo del civilismo venezolano, el primer presidente civil de Venezuela, el primer rector de la Universidad de Caracas, héroe epónimo de aquel estado, el doctor José María Vargas.

En los últimos meses hemos visto como se han hecho esfuerzos denodados por lograr un desenlace militar a la crisis venezolana. Esfuerzos dirigidos a provocar una acción de la Fuerza Armada Nacional y también, peor todavía, una acción de la Fuerza Armada norteamericana. Siempre dije que ninguna de las dos era probable y que ninguna de las dos era deseable. Las expectativas creadas alrededor de esas opciones fueron muy grandes. La frustración subsecuente también es muy grande.

Los más autorizados voceros del Gobierno norteamericano han planteado que la hipótesis de una acción militar en nuestro país ha sido desechada. Los países asociados en el llamado Grupo de Lima también se han manifestado en contra de una intervención militar del extranjero.

En estas circunstancias ¿qué nos queda a los que queremos salir del Gobierno de Maduro y avanzar hacia una Venezuela moderna? Concentrarnos en la que ha debido ser la primera y la única alternativa: la ruta electoral.

Esto significa que hay que negociar dos cosas y nada más que dos cosas: las condiciones para unas elecciones libres y el cronograma para desarrollar esos procesos electorales que nos devuelvan a un clima democrático.

Uno de los principios fundamentales en una democracia es el de la alternabilidad. En democracia se gana o se pierde. El que gana debe respetar los derechos del que pierde y el que pierde debe acatar civilizadamente el resultado de la voluntad popular.

Declaración Política

La Dirección Nacional de Copei acaba de emitir una declaración política que merece ser comentada. Comienza esa declaración expresando que el interés nacional debe prevalecer sobre cualquier interés parcial, partidista o personal. Parece un concepto muy simple, pero esa cuestión está referida a una de las causas principales de nuestra tragedia. No hemos logrado salir de la crisis porque los intereses grupales del gobierno y de la oposición han prevalecido por encima de los intereses de Venezuela y de los venezolanos.

La declaración afirma con toda contundencia que es Venezuela y los venezolanos lo que importan por encima de cualquier otra consideración.

Afirma la declaración que la solución de la crisis tiene que ser pacífica, democrática, constitucional, electoral y consensuada y que el único árbitro posible es el pueblo venezolano como depositario de la soberanía nacional. No hay nada más que agregar. Las palabras tienen un significado muy claro: la solución de la crisis tiene que ser pacifica, no violenta. Democrática, no arbitraria. Electoral, no golpista y consensuada, es decir inteligente, civilizada, constructiva.

La Declaración Política de Copei invita a que todo el esfuerzo opositor se oriente a lograr un desenlace electoral lo más pronto posible y lo más transparente posible. Un proceso electoral con todas las garantías necesarias y con una supervisión internacional profesional y confiable para todas las partes involucradas. Advierte el Documento que el gobierno puede alegar que ya las elecciones presidenciales se celebraron el 20 de mayo del año pasado. Copei sin embargo expresa lo que es evidente. Esas elecciones no resolvieron la crisis. Todo lo contrario.

Por tanto se impone convocar una nueva consulta al soberano para abordar la solución efectiva de la crisis nacional.Recomienda la Declaración Política de la Dirección Nacional de Copei que todos los factores favorables al cambio político se agrupen alrededor de una Alternativa Democrática unida y coherente. No se trata, de una federación de partidos. Se trata de un movimiento político comprometido con la ruta electoral con una dirección política única y reconocida por todos, con un mensaje atractivo que no solo denuncie la tenebrosa realidad del presente sino que anuncie la Venezuela que entre todos queremos construir, con una estrategia consensuada y con candidatos únicos para los cargos de elección popular.

Se trata de una Alternativa Democrática que interprete y se identifique con la voluntad de cambio de la inmensa mayoría de los venezolanos.Hay otros aspectos muy importantes que aborda el Documento en cuestión. Las limitaciones del espacio periodístico que imponen poner punto final aquí.

Walker y Arriagada

La semana pasada comenté las opiniones de Abraham Lowenthal sobre el tema de las transiciones políticas. En el mismo evento celebrado en la Universidad Católica Andrés Bello participaron otros dos expertos internacionales: Ignacio Walker y Genaro Arriagada. Ambos con experiencia en el proceso de transición democrática que se desarrolló en Chile y que permitió, después de diez y siete años de dictadura militar, acceder a un régimen democrático.

Ignacio Walker, dijo: Fue un error pedir la salida de Pinochet antes de negociar con él.

En Venezuela tenemos un juego trancado. Maduro sigue detentando el poder y Guaidó ha emergido como un líder de la oposición venezolana. El señor Maduro no se atreve a detener a Guaidó y Guaidó no logra desalojar a Maduro del Palacio de Miraflores.

Ignacio Walker recordó dos estrategias fallidas de la oposición a la dictadura. Una fue la estrategia de la violencia. El partido comunista chileno llegó a la conclusión de que de Pinochet no se salía sino por la violencia. Se intentó un atentado contra el dictador, pero, como suele ocurrir con las estrategias violentistas, lo que hizo el atentado fue consolidar al dictador y a su régimen.

La otra estrategia fallida fue la de pedir la salida del dictador antes de sentarse a cualquier negociación.

Dijo Walker: “Estamos en dinámicas de movilización y negociación. No basta con la movilización. En Chile en el periodo 1982-1985 la movilización nos hacía ver que Pinochet estaba caído, cosa que era falsa. Así, pedíamos que Pinochet renunciara antes de sentarnos a negociar”.

Y agrega el ex canciller chileno: “una vez que Pinochet fue derrotado electoralmente fue que vino la negociación”

Recordó como uno de los cambios más difíciles de lograr el reconocimiento por parte de la oposición de la Constitución de Pinochet. Dejar a un lado la discusión sobre la legitimidad constitucional y ampararse en un artículo de esa misma Constitución para ir al referéndum que finalmente desencadenó la transición.

Arriagada por su parte dijo: la transición surge cuando hay dos fuerzas enfrentadas y ninguna de las dos logra prevalecer sobre la otra. Apeló a una figura muy gráfica: “Cuando dos elefantes se enfrentan, el que sufre es el pasto”.

“La transición ocurre cuando se impone la negociación para salvar al país”.

Y terminaba diciendo: “Para salir de Pinochet había dos vías: la normal y la del milagro. La normal es que bajen los ángeles y se lleven a Pinochet. Y la del milagro es que se una la oposición”.

Concluyó diciendo: “hay que cuidarse de proyectos maximalistas”.

Lowenthal

En los salones de la UCAB se convocó una Asamblea para clausurar el Congreso: “Propuestas para el Plan país: Transición hacia una nueva Venezuela”. Al evento fueron invitados algunos calificados académicos especializados en el tema de las transiciones de regímenes autoritarios a gobiernos democráticos. Entre ellos estuvo presente, vía video conferencia, el profesor Abraham Lowenthal, coautor junto con Sergio Bittar de uno de los trabajos más completos acerca de este tema de las transiciones.

Lowenthal tenía dos ventajas para hablar en la UCAB. En primer lugar, se trata de un extranjero. Como “nadie es profeta en su tierra” es conveniente traer gente con autoridad para que nos digan cosas de sentido común, que muchos en Venezuela hemos venido diciendo desde hace mucho tiempo pero sin éxito. En segundo lugar, tiene un apellido complicado: Lowenthal. Cuando se tiene un apellido de ese calibre el portador se asegura una audiencia mucho más atenta que si se llamara Hernández o Pérez o Rodríguez.

¿Qué dijo Lowenthal?“La comunidad internacional requiere el apoyo de todos los venezolanos para resolver la composición democrática del país”.“Se deben establecer las negociaciones necesarias para superar la crisis actual”.

“Cada país tiene su propio proceso. Pero hay que negociar”.Los principios son: según Lowenthal: “1. Proteger los intereses comunes. 2. Proteger los intereses de la Fuerzas Armadas.3. Acuerdos políticos generales que generen credibilidad en las instituciones. 4. Fortalecer la participación política, manejar la justicia transicional y fortalecer la economía.

Enfrentar los problemas cruciales: 1. Marco para unas elecciones. 2. Acuerdo previo sobre quienes harán las negociaciones. 3. Bajar la intolerancia. 5. Garantizar que no habrá revancha. 6. Proteger la vida y la integridad física de los líderes políticos fundamentales”.“Noruega es un actor súper calificado para ayudar”. Esto lo dice Lowenthal en la UCAB. Deben comenzar ya los acuerdos para aliviar la crisis humanitaria.

“Habrá obstáculos y reveses, por la alta polarización que existe, pero debe comenzarse ya la negociación. Los actores internacionales no pueden tener injerencia en la selección de los próximos gobernantes”.

“Solo los venezolanos. Lo internacional solo debe dar asistencia técnica y monitoreo electoral. Nada más”.“Hay que evitar la intervención militar” dice Lowenthal. Ni militares venezolanos ni mucho menos, militares extranjeros, agrego yo.

“Hay que preservar el futuro de Venezuela y de los venezolanos no los intereses de ningún país interviniente”.

Estados Unidos, dice Lowenthal, puede y debe ayudar sin interferencias ni injerencias. Y concluye el profesor Lowenthal diciendo: “Derrocar a Maduro es más peligroso para los venezolanos que lograr una transición negociada”

El laberinto

Los venezolanos estamos sumergidos en un tenebroso laberinto. Frente a esa realidad muchos nos hacemos dos preguntas fundamentales: Primero, ¿Cómo fue posible que llegáramos a la espantosa situación en la que estamos? Segundo, ¿Cómo es posible que en 20 años de sufrimiento, los venezolanos que estamos opuestos a este régimen y que anhelamos un cambio, no hayamos sido capaces de construir una Alternativa Democrática seria, capaz de sustituir al régimen imperante?

En relación con la primera pregunta, hay que admitir que el liderazgo nacional cometió todos los errores que había que cometer para que un oficial ignaro, sin ninguna preparación para ser Presidente de la República y cuyo único antecedente conocido era el de haber encabezado un intento de golpe fracasado, llegara a la Presidencia de la República.

El inventario de todos esos errores todavía está por hacerse. Por ahora, basta recordar las plataformas electorales que presentaron los principales partidos democráticos a la consideración de los electores en las elecciones de 1998. Elecciones que, por supuesto, tenía que ganar Chávez.

En relación con la segunda pregunta basta con mencionar un hecho. La oposición venezolana en 20 años de Socialismo del Siglo XXI no ha sido capaz de construir una alternativa democrática. Hemos tenido no una oposición, sino muchas oposiciones. Muchas pequeñas oposiciones, cada una armada de una pequeña agenda y animadas por pequeñas ambiciones personales que no han sido capaces de construir la gran alternativa democrática nacional que coloque los intereses del país por encima de las pequeñas agendas y de las pequeñas ambiciones.

La Alternativa Democrática tiene que tener una conducción política única, una organización eficiente, una estrategia inteligente, candidatos únicos para las elecciones de Alcaldes, de Concejales, de Gobernadores, de diputados a los Consejos Legislativos regionales y por supuesto, un candidato único a la Presidencia de la República.

En cuanto a la estrategia, queda clarísimo que, cuando todas las encuestas señalan que el gobierno pierde 80 a 20% no hay que buscar a Dios por los rincones. Hay que presionar hasta que se logre celebrar un proceso electoral con la mayor cantidad de garantías posibles, para lograr el cambio político que la abrumadora mayoría de los venezolanos anhelamos.

Tolerancia

La convivencia, el respeto y el reconocimiento al pluralismo, a la diversidad de opiniones y de puntos de vista, son condición necesaria para eliminar los conflictos, las tensiones y las diferencias que hoy día afectan la vida de los venezolanos.

El gobierno, por supuesto, es el principal responsable del ambiente de confrontación, de odio y de polarización que prevalece hoy en día en el país. Pero no es el único responsable.

Desde la llegada al poder del comandante Chávez pudo observarse claramente que la línea estratégica de su gestión estaría orientada hacia la división y la polarización. En lugar de entender que el primer deber de un Jefe de estado es el de promover la unidad nacional, se empeñó en dividir a los venezolanos entre buenos y malos hijos de la patria, entre revolucionarios y reaccionarios, según apoyaran o no sus políticas y sus decisiones. Se empeñó en dividir a los de la cuarta república de los de la quinta. A los escuálidos de los “bolcheviques”.

En una conversación que sostuve con el Presidente Chávez en enero del año 2003, conversación en la cual estaban presentes, entre otros, Monseñor Baltazar Porras y Teodoro Petkoff, y ante un requerimiento de su parte acerca de que se debería hacer en esas circunstancias, de la terrible crisis que estaba viviendo el país en medio del paro petrolero, me permití recordarle que la primera obligación que tiene un presidente de la República era y sigue siendo la de trabajar por la unidad de todos los ciudadanos, por el respeto, por la armonía, por el entendimiento.Lamentablemente, la tolerancia, el respeto y la convivencia civilizada no fueron el signo de la gestión de Chávez y tampoco lo ha sido en la gestión de su sucesor. Al contrario, todo indica que para el desarrollo de sus objetivos era necesario mantener un clima de permanente confrontación y polarización.

La Sagrada Escritura nos dice: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”. (Mt 12:25).La intolerancia, la confrontación, la polarización, el cultivo del odio, del resentimiento y el deseo de venganza, no nos ayudarán a construir un país mejor. Esos sentimientos nunca han conducido a la paz y al entendimiento que requerimos para rescatar a Venezuela y para vivir en una realidad más constructiva.

Hoy se impone como nunca antes en la historia, o como ocurrió después de aquellos años horrendos de la guerra federal, cuando Páez y Falcón suscribieron el tratado de Coche, el espíritu de tolerancia, de respeto y de armonía.

De lo contrario, veremos cómo se sigue desgarrando el tejido social con funestas consecuencias para la convivencia y para la reconstrucción de Venezuela.

Tres verbos

Los tres verbos son: Ganar, cobrar y gobernar.Ganar: tarde o temprano, espero que sea más temprano que tarde, los venezolanos tendremos que resolver nuestra crisis de más de veinte años, en las urnas electorales.

Cuando llegue ese día tenemos que conjugar el primer verbo: ganar.Se dice fácil, pero no lo es. Para ganar es indispensable construir una plataforma de unidad. Con un candidato, un programa, una organización, una mística que logre el apoyo de una mayoría contundente. No basta que todas las encuestas digan que el gobierno apenas tiene el 20% de la votación. si el 80% que se dice opositor no está unido alrededor de una plataforma unitaria. Eese 80% puede perder frente al 20%. Especialmente si, como ocurrió en el año 2018, los ciudadanos no están motivados para votar.

Entre la abstención y la división el 80% puede perder frente al 20%. Para ganar hay que construir una plataforma de unidad con un candidato, con un programa, con una organización y con una estrategia de unidad.El segundo verbo es: cobrar. Tampoco es fácil. No basta con ganar esas elecciones que indefectiblemente vendrán en un futuro próximo, es necesario proceder con inteligencia y con amplitud para poder hacer efectivo el triunfo. Hay ejemplos de países que tuvieron que hacer inmensos sacrificios para poder asegurar una transición pacífica y con éxito.Basta con recordar el caso de Chile, en donde los demócratas, con un pañuelo en la nariz, tuvieron que soportar que el dictador permaneciera como comandante de la Fuerza Armada y como senador de la república.

El sacrificio fue grande, pero el éxito fue absoluto. Si amenazamos constantemente a quienes detentan el poder con una “braga anaranjada” en una cárcel norteamericana a los que tienen en sus manos el poder, haremos más difícil conjugar el segundo verbo: cobrar.Jóvito Villalba ganó clamorosamente las elecciones en 1952. Pero no pudo cobrar. Se prepararon para ganar pero no para cobrar. Hoy en Venezuela tenemos que tener muy presentes los tres verbos: ganar, cobrar y gobernar.

Supongamos que la Alternativa Democrática en Venezuela logra ganar y cobrar. Todavía nos falta considerar el tercer verbo: gobernar.Después de ganar y de cobrar hay que gobernar. La primera condición para poder gobernar con éxito es asegurar que prevalezca un clima de unidad, de reconciliación y de armonía. Con un país enguerrillado se dificulta enormemente la tarea de gobernar.

Asumir el gobierno en Venezuela, en las actuales circunstancias, es una tarea extremadamente exigente y complicada. Por eso, conviene trabajar por crear un ambiente que facilite la gestión y que permita la gobernabilidad del país.

Ojalá tengamos talento y éxito para conjugar los tres verbos: ganar, cobrar y gobernar.Seguiremos conversando.

Partidos Políticos

partidos politicos

Partidos políticos

La reconstrucción de la democracia venezolana supone la existencia de partidos políticos verdaderamente representativos de los intereses de los venezolanos.

Un partido político supone un mensaje, una organización y una estrategia. Además, trabajo, mucho trabajo y un liderazgo esclarecido, coherente y merecedor de la confianza de los ciudadanos. Hoy, en Venezuela, existen muchos partidos pero, muy disminuidos. Disminuidos por la acción del gobierno que toma medidas de inhabilitación y de persecución a líderes fundamentales, pero también por sus propios errores, por su falta de coherencia, por el pragmatismo y por el oportunismo. Como hemos dicho muchas veces, lo más importante en una organización política es su mensaje, su propuesta, su capacidad de sintonizar con los anhelos y las aspiraciones de la gente.

Cuando Rómulo Betancourt fundó a Acción Democrática lo primero que hizo fue reunirse con Raúl Leoni, para entonces exilado en Barranquilla, y redactar unas notas sobre su visión de Venezuela, de sus problemas y una lista de propuestas para la modernización del país. Eso fue lo que se llamó el “manifiesto de Barranquilla”: Punto de partida de lo que sería con los años un partido de incuestionable importancia en la vida nacional.

Además del mensaje que debe ser claro, contundente, ilusionante y creíble, se requiere una organización. Una organización moderna y eficiente. Vuelvo otra vez con el ejemplo de Betancourt, al fin y al cabo se trata del político más exitoso en el siglo XX venezolano. Una vez que tenían el mensaje había que divulgarlo. Para eso era indispensable una organización y Betancourt dijo: “Que no haya un estado, ni un municipio, ni una aldea en donde no haya una casa de Acción Democrática”. Y así lo hicieron, el llamado partido del pueblo se extendió por toda la inmensidad de la geografía nacional.

Finalmente, además del mensaje y de la organización se necesita una estrategia. Una estrategia clara, inteligente y coherente. En nuestro caso recomendamos que la estrategia esté inspirada en la confianza en el pueblo. Una estrategia democrática. Algunos apuestan al asalto al poder por cualquier medio. También hay que recordar el pecado de Betancourt de ceder a la tentación de la impaciencia y prestarse a colaborar y a pretender dirigir un asalto al poder, por la vía de un golpe militar, el 18 de octubre de 1945.

Si apostamos a la vía democrática tenemos que ser consecuentes y congruentes con esta definición. No caer en la tentación de los atajos. Asumir siempre la calle real de la confianza en el pueblo y acceder al poder como lo recomendaba el gran leñador, Abraham Lincoln, con el pueblo y para el pueblo.

Seguiremos conversando.

La Tragicomedia

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La Tragicomedia

Una de las más famosas obras de William Shakespeare ha sido titulada en español como “Comedia de equivocaciones”. En las últimas tres décadas los venezolanos hemos asistido no a una “comedia de equivocaciones”, sino a una “tragedia de equivocaciones”.

Tragedia que yo divido en cuatro capítulos. El primero, fue el colapso de la democracia venezolana. Entre 1958 y 1998 los venezolanos vivimos un paréntesis de República Civil sin precedentes en la historia de nuestro país. Creímos que ya teníamos democracia para siempre. Olvidamos que “la libertad es eterna vigilancia”. El liderazgo nacional no fue capaz de advertir los signos de la decadencia. Sobre este primer capítulo recomiendo la lectura de un libro que se llama: “Como mueren las democracias” escrito por dos profesores de la Universidad de Harvard: Levitsky y Ziblatt.

El segundo capítulo lo llamaría, la llegada del populismo. Un militar golpista, en lugar de haber sido enjuiciado y sentenciado, como ocurrió con el coronel Tejero en España, se convierte en líder político con un discurso populista y con la complicidad de los más variados factores de la opinión pública nacional. Asumió la ruta electoral y ganó las elecciones.

El tercer capítulo estaría dedicado a la progresiva instauración del poder absoluto, de nuevo con complicidades insólitas y al desarrollo de un gobierno que destruye la economía nacional, incrementa la pobreza, despilfarra una inmensa riqueza fiscal y desata una ola de corrupción sin precedentes en la vida del país.

El cuarto capítulo estaría dedicado a examinar la dificultad que hemos tenido los venezolanos para construir una alternativa democrática capaz de enfrentar y sustituir al régimen del “socialismo del siglo XXI” que hemos padecido en los últimos 20 años.

Es famosa la frase de Mariano Picón Salas según la cual Venezuela tuvo que esperar hasta diciembre de 1935, cuando el General Gómez resolvió morirse, para entrar en el siglo XX. No sé cuántos años más tendremos que esperar los venezolanos de este tiempo para entrar en el siglo XXI. Una Alternativa Democrática significa como lo he dicho muchas veces, una propuesta atractiva e ilusionante, una dirección política unida y coherente, una organización eficiente, una estrategia inteligente y un liderazgo esclarecido e incluyente.

Venezuela está en vísperas de un gran cambio. Un cambio hacia una Democracia plena y efectiva. Un cambio hacia una economía próspera, capaz de generar riquezas para todos y oportunidades de trabajo para todos. Un cambio orientado por la Justicia Social para superar la pobreza y la miseria. Un cambio para rescatar los valores morales y los principios éticos en la vida nacional.

El cambio viene. Ojalá sea lo más pronto posible y lo menos traumático posible.