¿Qué hacer?

Se ha dicho muchas veces, pero repetirlo no es ocioso: Los gobiernos se cambian con balas o con votos. Un país civilizado cambia el gobierno con votos. En el caso concreto de Venezuela las balas las tiene el gobierno. Los votos podría tenerlos la oposición. Más del ochenta por ciento de los venezolanos manifiesta su deseo de que se produzca un cambio de gobierno.  

El año que viene 2020 es año de elecciones. La Constitución Nacional así lo ordena. Hay que elegir una nueva Asamblea Nacional. Es una brillante oportunidad para que la voluntad de cambio de la mayoría de los venezolanos se ponga de manifiesto.

Sería magnífico que se produjera un acuerdo para lograr una elección presidencial. El cambio en la dirección del gobierno es todavía más apremiante que la renovación de la Asamblea Nacional. Pero la elección que está ordenada por la Constitución es la de la Asamblea Nacional. Ojalá la dirección política de la oposición no desaproveche la oportunidad para dar una contundente demostración de fortaleza política y de músculo electoral.

La elección debe producirse en el segundo semestre del año 2020. Hay tiempo de estructurar una dirección política amplia e inclusiva que logre interpretar a todo el universo opositor.

No se trata de conciliar intereses partidistas o de satisfacer ambiciones personales. Se trata de atender el interés superior de Venezuela y de los venezolanos.

En el año 2015 la oposición logró un triunfo espectacular, concurrió con una plataforma de unidad y con candidatos unitarios en cada estado y en cada circunscripción electoral, con una tarjeta única y con un propósito coherente.

En esta nueva oportunidad hay que lograr la mayor unidad, los mejores candidatos, los más representativos en cada estado y en cada circuito. Sin consideraciones partidistas  o sectarias. Es el interés nacional el que debe prevalecer.

Un triunfo contundente en las elecciones legislativas ayudará inmensamente a lograr el cambio de gobierno y la elección de un nuevo Presidente.

No podemos desaprovechar la oportunidad. Estamos a tiempo para lograr un éxito rotundo. Venezuela y los venezolanos esperamos mucho de nuestros dirigentes políticos.

Siria y Venezuela

Cinco años de guerra civil lleva esa pobre nación del medio oriente. Incontables los muertos y los desplazados. Destruidas todas las ciudades y los campos. En Siria no fue posible la paz. Los dirigentes de aquella nación no fueron capaces de ponerse de acuerdo para resolver sus diferencias. Las potencias extranjeras convirtieron a Siria en un escenario para la lucha por imponer su hegemonía en aquella región. Por si fuera poco, se hizo presente el ingrediente religioso. ¡Cuánta sangre derramada en nombre de la religión! El fundamentalismo musulmán confrontado con un cristianismo percibido como invasor y opresor.

De pronto, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anuncia, sin previo aviso ni a lo interno de su gobierno ni tampoco con sus aliados de la OTAN, que se retira del conflicto de Siria. Inmediatamente, el ejército turco siguiendo órdenes del dictador Erdogan invade la frontera norte de Siria y arrasa a las comunidades kurdas establecidas en aquella región.

“Ser enemigo de los Estados Unidos es muy peligroso; pero ser amigo de los Estados Unidos puede ser más peligroso todavía”. La frase, apócrifa, fue atribuida a la emperatriz de Irán Farah Diba después de que el gobierno de Jimmy Carter le retirara su apoyo a su esposo el Sha de Irán, en un intento fallido de forzar una transición a un régimen pluralista que al final acabó derivando en la República Islámica de los Ayatolas.

Ya lo había dicho muchos años antes Lord Palmerston, uno de los constructores del Imperio Británico, “las naciones no tienen enemigos ni aliados permanentes. Tienen  intereses permanentes”. En el caso de Siria la retirada de los Estados Unidos ha ratificado lo correcto de la frase en lo relativo a “las amistades permanentes”.

Los venezolanos, mientras tanto, debemos sacar las conclusiones. Los problemas de Venezuela los debemos resolver los venezolanos. Es un reto a la inteligencia de nuestros líderes tanto del gobierno como de la oposición. Es un reto al patriotismo de nuestros líderes.

Es importante contar con la amistad y con la solidaridad de la comunidad Internacional. La vamos a necesitar más todavía después de que se logre el cambio de gobierno. Pero no olvidemos nunca la lección de Siria. No dependamos de factores externos. Los problemas de Venezuela podemos y debemos resolverlos los venezolanos.

Respeto

Esos conceptos se aplican a todos los niveles. En la familia, respeto entre todos sus miembros. En la comunidad, respeto entre los habitantes del barrio, del municipio, del país, del planeta es una condición básica para la convivencia, la armonía, el entendimiento y el progreso.

Lamentablemente lo que ha prevalecido en Venezuela con el llamado Socialismo del siglo XXI es todo lo contrario: odio, división, falta de respeto, insultos, degradación de la política y del lenguaje.

Costará un esfuerzo grande regresar a un clima de respeto, de tolerancia, de convivencia civilizada, de armonía y de entendimiento. Será difícil, pero hay que acometer la tarea con toda decisión. No podemos caer en la tentación de sustituir una política de odio y de confrontación por otra del mismo signo. Los venezolanos en general, pero sobre todo el liderazgo nacional, tenemos que asumir el compromiso de hacer que prevalezcan nuestras mejores virtudes: la paz, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, el diálogo y la convivencia.

Recordar al poeta Andrés Eloy Blanco que nos decía: “Y no olvidar que las hijas del que me hiciera sufrir, para ti han de ser sagradas, como las hijas del Cid”.

“Por mí ni un odio hijo mío, ni un solo rencor por mí”.

En donde se ha sembrado odio hay que sembrar amor y fraternidad. En donde se ha sembrado división hay que sembrar unidad y solidaridad. En donde se ha sembrado un lenguaje de irrespeto y de insolencia hay que sembrar un lenguaje de altura y de consideración por todos los seres humanos.

Yo creo en los valores y en los principios del Humanismo Cristiano y recuerdo que San Pablo nos decía: “Dios no hace diferencia entre las personas” (Ga. 2,6) porque: “Ya no hay judío ni griego, hombre ni mujer, pues todos son uno solo en Cristo Jesús”. (Ga. 3,28).

Es verdad que tenemos que cambiar al gobierno, reactivar la economía, resolver el problema de la pobreza… todos esos problemas son muy importantes. Pero si queremos de verdad construir un gran país, sustituir la cultura del odio por la cultura del amor es fundamental.

El Nuncio Giordano

El 3 de febrero del año 2014 llegó a Venezuela, como representante diplomático de S.S. el Papa Francisco, su excelencia Monseñor Aldo Giordano en su carácter de Nuncio Apostólico. Desde su llegada se dedicó a trabajar por Venezuela, por los venezolanos y por la buena relación entre la Santa sede y la Nación venezolana.

El excelentísimo señor Nuncio se ha sumergido en el conocimiento de la historia de nuestro país y también en el análisis de nuestra realidad actual cargada de lágrimas y de esperanzas.

Ha participado en las tentativas de diálogo político para encontrar soluciones, inspiradas en el amor, en la fraternidad, en la inteligencia y en la solidaridad, para nuestra dolorosa y larga crisis nacional. Como él mismo lo ha expresado, ha trabajado “en la ardua búsqueda de servir a la paz y a la superación del conflicto polarizado del país”. En estos cinco años ha tenido la oportunidad de visitar a buena parte de la geografía venezolana y a sus comunidades.

Monseñor Giordano cree fervorosamente en la diplomacia. Considera que “la diplomacia tiene la vocación de servir a las relaciones entre los pueblos, las culturas, las religiones con el objetivo prioritario de la paz”. Cada acto de violencia, sostiene él, es un fracaso de la diplomacia. Está en juego la dignidad de la persona humana.

La diplomacia hace frente a cada violación de los derechos de la persona y de su libertad. Es un laboratorio de búsqueda del Bien Común de los pueblos. No puede ser un instrumento al servicio de parcialidades egoístas, al servicio del interés particular de una persona, de un grupo, de un partido o de un solo Estado. Tiene que servir al bien de cada persona humana habitante de la ciudad y del mundo.

El “arsenal” del Nuncio es el mismo que utiliza el Santo Padre. La Paz, el encuentro, el diálogo, la reconciliación, el perdón. Cuando existe un conflicto, como el que nos aflige a los venezolanos, se necesitan personas que dentro del conflicto inicien un proceso de paz. Hay que transformar el desierto de la incomprensión en una floresta, plantando nuevas semillas de solidaridad, de justicia y de paz.

No dejarnos robar la esperanza. Frente a la dolorosa realidad de un pueblo herido por la injusticia, sin confianza en el futuro, afligido por la pobreza, es necesario trabajar por recuperar de nuevo el espíritu de la lucha por el progreso, la dignidad, la esperanza y el bienestar. Hemos sido creados para la felicidad. Los problemas no se resuelven con violencia, con injusticias y desprecio por la persona, con armamentos, sino con inteligencia y amor.

La red

Como todos los grandes inventos de la humanidad, la red puede ser un instrumento para lo sublime pero, también, para  lo perverso, lo malo, lo canalla.

La Red puede servir para transmitirle a la humanidad las sonatas de Beethoven, los nocturnos de Chopin. También puede servir para que circulen mentiras, calumnias e infamias. La capacidad para lo bueno y para lo malo. Todo depende de la calidad humana de los usuarios. De la calidad humana de los usuarios a un lado y al otro de la red. Hay gente que alimenta la red con las cosas más nobles de las que es capaz la especie humana. También las hay que disfrutan de esa genial invención para desahogar viles sentimientos y para intentar causar el mayor daño posible.

Todo depende de nosotros, de los seres humanos. La tecnología, en cierto modo, es neutra. El ser humano que está detrás de la tecnología es el que le imprime sus valores éticos, sus principios, la elevación y la dignidad de su condición humana o lo contrario de eso.

En Venezuela, lamentablemente, desde que se inició este siglo XXI prevalece un clima de odio, de confrontación, de mentiras y de calumnias. Ese invento maravilloso que es la red, en manos bondadosas y amables será un instrumento formidable para la amistad, para el progreso, para la felicidad de los seres humanos. En manos de seres perversos, mal construidos por dentro, llenos de amargura y de maldad, la red puede convertirse en un instrumento para la degradación del ambiente intelectual, político y espiritual de nuestro país.

La felicidad es un atributo humano y Divino. Los seres humanos, mujeres y hombres, estamos hechos para ser felices. Apreciar la vida diaria es un reto espiritual y crear alegría a nuestro alrededor, a pesar de las horas tan difíciles que nos toca vivir, es una parte esencial de la Fe. “La vida es bella” es el título de una gran película italiana que narra la vida de un padre con su hijo en un campo de concentración nazi. El padre se propone hacer feliz al hijo y lo logra. Todos tenemos el deber de promover el amor y la alegría en medio de esta realidad caótica que nos ha tocado vivir. La maldad no está en la red, está en quienes la usan para lo malo. El hombre inventó la música de cámara, pero también la cámara de gas.

La red puede y debe ser un instrumento muy útil para la felicidad del género humano.

Seguiremos conversando.

De mentiras y odio

El fin de semana fui sorprendido por un artículo lleno de mentiras y de odio firmado por un viejo condiscípulo, Joaquín Chafardet. El artículo me llenó de tristeza por la cantidad de odio que refleja y por la cantidad de mentiras que contiene. También me produjo tristeza ver quien lo firma, un condiscípulo a quien siempre tuve por amigo y por quien siempre he sentido estimación. Al terminar de leer el artículo recordé las palabras dichas por el mártir del Gólgota: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”.

El articulo comienza narrando una reunión que nunca ha existido entre Claudio Fermín, los hermanos Rodríguez Jorge y Delcy, Pedro Pablo Fernández, mi hijo, y yo mismo. El tema era la postulación de mi nombre como candidato a presidir un hipotético gobierno de transición. Todo es mentira. A los hermanos Rodríguez no he tenido ocasión de conocerlos siquiera. Jamás ha existido tal reunión. Pero se miente sin recato alguno. Y sin respeto por la dignidad y la seriedad de las personas aludidas.

Se habla de la famosa conferencia por la Paz, convocada por el Presidente Maduro hace unos años. En esa conferencia, por cierto, participaron venezolanos muy distinguidos como Lorenzo Mendoza, Presidente de Polar y Jorge Roig, Presidente de Fedecámaras, junto al Nuncio Apostólico de su Santidad. También participó mi hijo Pedro Pablo Fernández. Todos los mencionados hicieron discursos claramente opositores y de gran altura y calidad. No hay derecho que ahora se presente esa actuación como una señal de complacencia con un gobierno al que le hemos hecho oposición desde el primer instante, desde el 4 de febrero de 1992.

En Venezuela hay mucho odio y muchas mentiras. El odio vino cuando el jefe de esa llamada “revolución” ofreció “freír en aceite la cabeza de sus adversarios”. El odio y la mentira se han apoderado también de algunos sectores opositores. Es una lástima.

Una de las tareas más importantes a cumplir por los próximos líderes de Venezuela será la de sustituir el odio por el amor y la solidaridad. Y sustituir la mentira por la verdad y la transparencia. En cuanto a Joaquín Chafardet, reitero lo dicho, me duele verlo poseído por el odio y la mentira y, con toda sinceridad, lo encomiendo al Dios de la misericordia: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”. Amén.

La convivencia

Por lo general, la hospitalidad es por un tiempo determinado. Nadie se queda de forma permanente como huésped de nadie. Y si se queda, como es el caso de los que son perseguidos por razones políticas o de los que han emigrado por razones económicas, acaba incorporándose a la sociedad que los ha recibido.

Venezuela, durante muchos años fue un país que ofreció su hospitalidad a miles de inmigrantes que vinieron a nuestro país en busca de mejores condiciones de vida.

Vinieron muchos europeos, sobre todo españoles, portugueses e italianos que escapaban de los rigores de la post guerra.

Gente que abandonaba sus países de origen, lo cual nunca es una decisión fácil, porque estaban pasando hambre y necesidades de toda índole.

Afortunadamente, Venezuela acogió a esos inmigrantes con afecto y con hospitalidad.

Afortunadamente digo, porque esa corriente migratoria contribuyó de una manera inconmensurable al desarrollo y al crecimiento de nuestro país. Fueron gente que venía con el ánimo de trabajar, de construir una nueva realidad, y comenzar una nueva vida. Qué bueno que los venezolanos abrimos las puertas de nuestro país para acogerlos.

También nos tocó recibir a muchos inmigrantes provenientes de los países hermanos de América Latina y particularmente de Colombia. Colombia ha sufrido como ningún otro país, el trauma de la violencia, de la pobreza y de la marginalidad. Familias enteras se vinieron a Venezuela para comenzar una nueva vida y aprovechar las oportunidades que aquí se les ofrecían.

Hoy son las familias venezolanas las que están emigrando hacia otras latitudes en busca de mejores horizontes.

Hoy son miles de venezolanos, los que salen de nuestro país aventados por el hambre, por el desempleo, por el deterioro de la calidad de la vida, por el colapso de los servicios públicos, por la falta de oportunidades. Ojalá esos compatriotas reciban testimonios de hospitalidad como nosotros fuimos capaces de ofrecer en su oportunidad.

Ojalá muchos de ellos regresen a nuestro país cuando cambien las dramáticas circunstancias que estamos sufriendo. Y Ojalá que los que se queden en los países a los que han emigrado puedan tener tanto éxito como lo que vinieron a Venezuela.

Seguiremos conversando.

Partidos políticos

Un Partido Político es, en primer lugar, una visión, una propuesta, una interpretación de la realidad, una doctrina, un programa, un proyecto de país. Lo primero y más importante para la existencia de un Partido Político es su mensaje, su posicionamiento ante la opinión pública.

Además del mensaje, un partido político supone una organización. Cuando Rómulo Betancourt  se decidió a crear el partido Acción Democrática comenzó por redactar un mensaje. Se reunió con su amigo Raúl Leoni que vivía exilado en Barranquilla y allí elaboraron un modesto documento que llamaron el Plan de Barranquilla. Allí estaban los lineamientos fundamentales de la interpretación de Venezuela y de la propuesta de cambio que asumían: sufragio  universal directo y secreto. Tierra para el que la trabaja. Incremento de la participación de la Nación en la riqueza petrolera y un largo etcétera.

Pero en seguida se dedicaron a la organización. Se recuerda la frase según la cual no debía existir ni un estado, ni un municipio, ni una parroquia, ni una aldea en la que no funcionara una casita de Acción Democrática. Hoy, la organización de un partido moderno y eficiente supone otras exigencias. Basta que sirva para la divulgación del mensaje y para la defensa de los votos cuando se presenten las coyunturas electorales.

Además del mensaje y de la organización, un partido político supone una estrategia inteligente llevada adelante con coherencia y disciplina. En la realidad actual de Venezuela la definición estratégica gira en torno a dos palabras: votos o balas. Yo, desde luego, recomiendo la opción de los votos.

Finalmente, un Partido Político supone la presencia de líderes comprometidos con la causa. Líderes preparados e identificados con las esperanzas y los sufrimientos de los ciudadanos. Líderes que entiendan que la política es una actividad muy noble inspirada en el servicio a la gente y en trabajar por el Bien Común. Un político modélico es aquel que coloca los intereses de la nación por encima de las agendas partidistas. Un político modélico es el que entiende  que la política es para servir al prójimo, y no para servirse del prójimo. La reconstrucción institucional de Venezuela requiere partidos serios y representativos.

Seguiremos conversando.

Argentina

Hace cuatro años en Argentina ganaron los buenos y perdieron los malos. Así lo interpretaron muchos observadores especialmente desde un país como Venezuela en donde “los malos” tienen veinte años gobernando.

Un júbilo inmenso recorrió todo el hemisferio, desde Canadá hasta la Patagonia. Por fin una buena noticia… en Argentina ganaban los buenos y perdían los malos. Más tarde sería  Ecuador y después Brasil y otros muchos sitios en los que se repetía la historia. Era un nuevo “Fin de la historia” esta vez en geografía americana.

¿Qué hicieron los malos? Populismo puro y duro. Los esposos Kirchner acabaron con aquel pujante país. El modelo propuesto por ellos había sido derrotado en el año 2015 después de 12 años de hegemonía. El Kirchnerismo parecía derrotado para siempre. La corrupción era un escándalo y la jefa del gobierno tenía tres causas abiertas que la amenazaban con cárcel.

¿Qué hicieron los buenos? Lo hicieron todo mal. En apenas cuatro años aumentó el desempleo, se disparó, más todavía, la inflación. Se devaluó la moneda en más de 30 % con respecto al dólar, los salarios no alcanzan para hacer el mercado. Las acciones de empresas argentinas en Nueva York bajaron 56 % y termina el gobierno en medio de un clima de desconcierto y de pánico.

Hace muchos años el General Perón dijo: “No es que nosotros hayamos sido buenos, es que los que vinieron después fueron tan malos que nos dejaron como buenos a nosotros”. Parece que la historia se repite. A veces se vota contra los malos y se elige a los peores. A veces se sale de Guatemala para caer en “Guatepeor”. Peor que Carlos Andrés no podría haber nada, y vino Chávez. Pero peor que Chávez era imposible y vino Maduro. Podrá haber algo peor que Maduro…?

El gobierno que sucedió a los Kirchner ha provocado una enorme penuria económica y social, termina su periodo con una consigna un tanto melancólica: “Elegimos entre la cordura y la insania”. El Presidente Macrí se había comprado la tesis de Trump según la cual, “nadie mejor para manejar un estado que quien haya manejado una empresa”. Yo no sé si es más fácil o más difícil manejar un estado o una empresa. Lo que sí sé es que es diferente. No es lo mismo.

Son cosas diferentes que requieren entrenamientos diferentes.

Los venezolanos, mientras tanto, seguimos observando.

Seguiremos conversando.

WINNIPEG

Termino de leer la última novela de Isabel Allende. Se llama: “Largo pétalo de Mar”. El título es tomado de una frase del gran poeta chileno, premio nobel de literatura, Pablo Neruda, que describió a Chile, su país, como un largo pétalo de mar y nieve”

Isabel Allende nació en Perú, creció en Chile. Después del golpe militar de 1973 que derrocó a Salvador Allende, se asiló en Venezuela como tantos de sus compatriotas. Hoy vive en California, Estados Unidos y es una de las más notables escritoras en lengua castellana, premiada con la medalla de honor del National Book Award en Estados Unidos por su gran aporte al mundo de las letras.

La novela tiene que ver con el terrible sufrimiento de una familia republicana española víctima de la guerra civil que ocurrió en España entre 1936 y 1939. Allí, en esa excelente novela, aparece descrito el horror de esa guerra fratricida que duró tres años, que causó un millón de muertos y que desembocó en una larga tiranía que se extendió por cuarenta años.

Cuenta Isabel Allende el sufrimiento causado por la guerra. También describe la tragedia que significó la derrota de las fuerzas leales a la República y el drama de la emigración a Francia, acribillados por aviones italianos y alemanes y recibidos con maltratos de toda índole en campos de concentración. Y, por si fuera poco, el inicio de la segunda guerra mundial.

El Poeta Neruda que para la época desempeñaba responsabilidades diplomáticas en Paris logró fletar un barco, el WINNIPEG que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, Chile. Allí viajaron aquellos pobres exiliados a buscar la paz y la libertad que les negaba su país. Fueron recibidos con la proverbial hospitalidad chilena y se integraron en la vida social de Chile durante varias décadas hasta que vino el golpe de estado que derrocó al Presidente Allende. Volvieron a vivir la tragedia de la persecución, de los campos de concentración, de las torturas, de los fusilamientos sin formula de juicio.

“Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver”.

España y Chile sufrieron mucho, muchísimo. Ojalá los venezolanos que tanto hemos sufrido en el inicio de este siglo XXI encontremos mejores maneras de superar nuestra crisis que los españoles en 1936 o los chilenos en 1973.

Seguiremos conversando.