Calentamiento Social

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el tema del calentamiento global. Nada menos que su Santidad, el Papa Francisco emitió una excelente encíclica Laudato Si hablando sobre el tema con singular elocuencia y propiedad.

Yo quiero hablar hoy del calentamiento social. En América Latina se están produciendo grandes manifestaciones que ponen de manifiesto la existencia de un inocultable fenómeno de calentamiento social.

Uno de los casos mas representativos es el de Chile. Un país que fue presentado por su Presidente como un oasis en un continente muy convulsionado. Y tenía razón, Chile había superado admirablemente el tránsito de una dictadura muy sangrienta a una democracia ejemplar. Habían logrado también un éxito económico significativo. Chile era una de las economías mas exitosas en el subcontinente. Lamentablemente no le pusieron suficiente atención al tema social y de pronto explotó, con extremada virulencia, el resentimiento social acumulado en las entrañas del pueblo chileno.

Recuerdo que poco después de terminar el gobierno de don Patricio Aylwin tuve ocasión de conversar con él y de felicitarlo por el éxito indiscutible de su gestión al frente del gobierno y me respondió con tono de preocupación, que lo que le angustiaba era que el tema social no había sido suficientemente atendido. Que al lado de enormes fortunas había cuadros de miseria y que esa situación no era sostenible.

En Argentina el calentamiento social se puso de manifiesto en las urnas electorales. Allí el triunfo de los candidatos justicialistas refleja una protesta social contra las políticas “modernizadoras” de la administración Macri. Un gobierno que había despertado tantas expectativas como el de Macri terminó siendo derrotado por el calentamiento social. Colombia es otro ejemplo relevante.

Pero no es solo en América Latina, son varios los países europeos, comenzando por Francia en los que hay señales de calentamiento social muy evidentes. Una huelga general sin precedentes ha sido convocada contra la administración del Presidente Macrón. Italia y España no se quedan atrás.

Nuestro continente latinoamericano aparece en las estadísticas más confiables como el continente con el mayor índice de desigualdad social. Pocos ricos, muy ricos, y muchos pobres muy pobres. Por eso, no pueden extrañarnos los síntomas y las manifestaciones de ese proceso de calentamiento social.

Seguiremos conversando.

¿Y ahora?

Luchar por Venezuela y por los venezolanos. Combatir por nuestros ideales: Democracia, Justicia y Paz. Después de este nuevo zarpazo del gobierno, no queda otra alternativa que seguir trabajando por las cosas en las que creemos.

Fue un error gravísimo, judicializar al partido. El pleito interno llevó a algunos compañeros a acudir a los tribunales a dirimir sus diferencias, sabiendo que los tribunales  de justicia están al servicio del gobierno.

Fue un gran acierto del Comité liderizado por Mercedes Malavé lograr la “desjudicialización” del partido Copei.

Por fin se logró liberar a Copei de la intervención judicial. Se cerró el expediente infame. Una Asamblea Social Cristiana eligió una directiva encabezada por una figura admirable. Mercedes Malavé representa una referencia ética, política e intelectual de primera categoría. Es un refrescante testimonio de autenticidad y de liderazgo en la sórdida política venezolana. Su presencia en los medios ha sido una bocanada de esperanza y de cambio.

Mercedes Malavé era demasiado para la enorme mediocridad que representa el gobierno. Todo conspira para que Venezuela no pueda sacudirse el clima de zancadillas y de miserias que caracteriza el debate político actual. Un zarpazo del inefable T.S.J volvió a poner en evidencia que para el gobierno, no hay espacio para la grandeza, para los nobles ideales, para los propósitos patrióticos.

La Directiva copeyana encabezada por Mercedes Malavé hizo varias cosas positivas: En primer lugar, logró sacar al partido del T.S.J. En seguida, logró revalidar al partido. En tercer lugar, fueron a votar en las elecciones presidenciales del año 2018 y Copei logró cerca de un millón de votos.

Esa directiva encabezada por Mercedes Malavé comenzó un trabajo de refrescamiento de Copei. Fortalecimiento organizativo desde las bases municipales y parroquiales. Un  mensaje de solidaridad con los venezolanos que sufren las consecuencias de la crisis. Defensa de los valores más fundamentales de la doctrina social cristiana: la dignidad de la persona, la democracia, la Justicia Social, la Paz, la convivencia civilizada y la ruta electoral.

El gobierno pretendió hacer de Copei un instrumento dócil al servicio de sus intereses. Gente como Mercedes Malavé y quienes la acompañaron lealmente en esa tarea “ni se compran ni se venden”. El gobierno tiene mucho poder y mucho dinero. En Copei existen reservas de mucha dignidad y de mucho compromiso con los ideales.

Ahora, más que nunca, debemos seguir adelante en la lucha por Venezuela, por los venezolanos, por la Democracia y por la Justicia Social.

Seguiremos conversando.

La Misión

¿Cuál será la misión de los cristianos frente a la dolorosa realidad de Venezuela hoy?

El evangelio lo dice muy claro: “..Jesús designó a setenta y dos discípulos y los mandó a los pueblos diciéndoles: -Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias. Cuando entren en una casa digan: Que la paz reine en esta casa. Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios-” (Lc10, 1-12; 17-20).

Debemos ser “mensajeros de paz”. Pero no puede haber paz en donde no hay justicia. En nuestro país  la primera tarea de los cristianos como “mensajeros de la paz” es luchar contra toda forma de injusticia. Por eso estamos comprometidos a luchar contra este gobierno que ha sembrado a Venezuela de injusticia y de sufrimiento. Por eso tenemos que luchar por darle un gobierno nuevo lo más pronto y lo menos traumáticamente posible.

“Mensajeros de la Paz” contra toda forma de violencia.

Luchadores por la justicia contra toda forma de explotación.

Abanderados del amor, de la fraternidad y de la solidaridad contra toda manifestación de odio y de venganza.

La misión de los cristianos en la Venezuela contemporánea es ser agentes de la paz, de la justicia, de la solidaridad, del amor. Pero también es nuestro deber ser agentes de la esperanza, dar palabras de consuelo, convocar a todos a no resignarnos, a no rendirnos, a luchar con constancia y con perseverancia. Nuestra misión es la de trabajar por una Venezuela mejor.

Tenemos el deber de imaginar una Venezuela nueva. No podemos resignarnos ni conformarnos con la Venezuela que tenemos. La lucha de los cristianos tiene que ser a favor de cambio. Tenemos el deber de apelar a la inteligencia y al patriotismo de los venezolanos de todos, de los dirigentes y de los ciudadanos de a pie. No son los caminos de la violencia los que nos pueden conducir a la construcción de una nueva civilización fundada en el amor y en la solidaridad. Es el camino de una lucha recia, sólida, perseverante, inteligente y patriótica.

Hasta ahora el gobierno ha tenido éxito cultivando el odio, la división y la confrontación.

Ha llegado la hora de hacer prevalecer la unidad nacional con un programa de paz, de justicia, de reconciliación, de progreso, de bienestar y de felicidad.

Un mundo mejor es posible. Una Venezuela mejor también es posible.

Flojera cívica

Hay sectores de la oposición venezolana que han sido víctimas de una terrible enfermedad: la flojera cívica. Se han cansado de 20 años de fracasos en el esfuerzo por darle a Venezuela un gobierno diferente. Apuestan a soluciones mágicas: un golpe de estado o una invasión extranjera. Ninguna de esas dos hipótesis es probable y menos deseable.  Les da flojera asumir la otra alternativa.

Cuando Rómulo Betancourt se propuso construir un partido político lo primero que hizo fue elaborar una interpretación de la realidad venezolana con una propuesta de cambio. Después recorrió la geografía venezolana para que no hubiera ningún lugar sin una casa de Acción Democrática.

Trabajó intensamente por la organización del pueblo y elecciones universales, directas y secretas. 

Años más tarde sucumbió a la tentación golpista y terminó arrepentido de haberlo hecho.

La historia del otro gran partido democrático fue similar. Caldera y los fundadores de Copei formularon una propuesta a los venezolanos y se dedicaron a sembrar en toda la geografía nacional el ideal social cristiano.

La realidad actual de Venezuela nos obliga a un trabajo constante con el pueblo, al lado del pueblo, con los ciudadanos, con todos los sectores sociales. Un trabajo que cuente con una propuesta atractiva. Con una interpretación cabal de la realidad actual del país y una invitación a construir un país mejor.

La hora actual exige una convocatoria seria y sincera a la unidad nacional No se trata de amalgamar a pequeñas parcelas político-partidistas. Se trata de responder a la estrategia del régimen  que apuesta a la división de los venezolanos con una convocatoria a la unidad de todos los venezolanos alrededor de un programa de unidad nacional.

La hora actual reclama un trabajo de organización de los ciudadanos parecido al que en su tiempo asumieron Betancourt y Cadera. La organización de los venezolanos en todos los rincones del país para derrotar al régimen y sustituirlo por un gobierno de unidad y de inclusión.

Un mensaje ilusionante y movilizador, una organización eficiente, una estrategia inteligente y trabajo, mucho trabajo.

La flojera es mala consejera. Sentarnos a esperar la acción del general X o la invasión del señor Trump puede ser más cómodo, pero, repito, no parece probable y definitivamente no es deseable ni conveniente. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Lecciones de Bolivia

Lo de Bolivia tiene cantidad de enseñanzas para todos los países del mundo, pero particularmente para nosotros los venezolanos.Es un error muy grave intentar perpetuarse en el poder. La democracia por definición es alternabilidad en el ejercicio del poder.

Fue un grave error de Evo Morales intentar perpetuarse en el poder. Es también un grave error de Nicolás Maduro. Son muy sabias las Constituciones que prohiben la re-elección presidencial.Es un error muy grande el mesianismo, el caudillismo, la soberbia. Ya lo dijo hace muchos años un inglés muy sabio, Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El poder debe ejercerse con modestia y con humildad. Sentirse un caudillo imprescindible y una figura mesiánica es un error que se paga muy caro. Sobre todo cuando al mismo tiempo se pretende mantener una apariencia de democracia.!

Qué error tan grande es no escuchar la voz del pueblo!̀ Los dictadores tienden a oír solamente a los áulicos, a los incondicionales, a los cortesanos. Pocas veces advierten que “el pueblo está bravo”.

El pueblo en Bolivia estaba muy bravo. El pueblo en Venezuela está muy bravo.Es un error muy grave negociar sin verdadera intención de acordar medidas que ayuden a resolver los problemas.

Sentirse muy inteligentes porque negocian “para ganar tiempo” y no para lograr consensos indispensables para la salud de la República.Evo Morales terminó ofreciendo un nuevo Consejo Nacional Electoral y unas nuevas elecciones. Ya era muy tarde. Tenía que haberlo hecho temprano. Lo hizo muy tarde.

Nicolás Maduro está a tiempo de contribuir a que Venezuela tenga un nuevo Consejo Nacional Electoral y un proceso electoral transparente para elegir Presidente de la República y Asamblea Nacional. Ojalá no retrase esta decisión.Una lección adicional de la experiencia boliviana: !

Qué importante es que la oposición participe en los procesos electorales! No se participa para legitimar a las dictaduras. Se participa para derrotarlas y para desenmascararlas.

La oposición boliviana no desperdició la ruta electoral. Todo lo contrario. Aprovechó la ruta electoral, con todas sus limitaciones, para movilizar al pueblo, a los ciudadanos, a la opinión pública nacional e internacional.No hay un instrumento más eficiente para movilizar a un pueblo que un proceso electoral.

Nueva oportunidad

Se nos presenta una nueva oportunidad a los venezolanos para superar la crisis que estamos viviendo desde hace unos cuantos años. El próximo año, por mandato de la Constitución Nacional, será año de elecciones. Tenemos que elegir una nueva Asamblea Nacional. No podemos desaprovechar esa oportunidad para avanzar en el camino de sustituir al llamado socialismo del siglo XXI. Todas las encuestas indican que es abrumadora la mayoría de los venezolanos que queremos cambiar al gobierno. Tenemos la oportunidad de demostrar que contamos con esa mayoría eligiendo una Asamblea Nacional comprometida con el cambio.

Sería ideal que además pudiéramos elegir un nuevo Presidente de la República. Eso sería muy conveniente para superar la crisis nacional. De lo que sí estamos seguros es que habrá elección de Asamblea Nacional.

Para concurrir a esas elecciones debemos lograr que las condiciones cambien. Es necesario, por ejemplo, tener un nuevo Consejo Nacional Electoral. Un árbitro que merezca la confianza de todos los venezolanos.

El gobierno conoce las encuestas. El gobierno sabe que la mayoría de los venezolanos queremos un gobierno nuevo. El gobierno sabe que mientras más venezolanos vayamos a votar, más seguro será el triunfo de la alternativa democrática. Por eso es que el gobierno no quiere que los venezolanos salgamos a votar. Por eso es que el gobierno hará todas las maniobras a su alcance para desanimar a los venezolanos, para convencer a los electores que no vale la pena votar.

Tan importante como la elección de un nuevo C.N.E, es lograr que los partidarios del cambio estemos organizados en todos los Centros de votación para defender la transparencia del proceso electoral. Estoy convencido de que las trampas se hacen más en las mesas de votación que en la cúpula del C.N.E. Por eso, es responsabilidad de nosotros, de los que queremos derrotar al gobierno y avanzar hacia una democracia nueva, el defender los votos de los ciudadanos en las mesas de votación.

Otra responsabilidad de nosotros es la de postular buenos candidatos de consenso. Candidatos comprometidos a servir a los ciudadanos y a las comunidades. Candidatos que contribuyan a elevar la calidad del debate político en nuestro país y a construir un futuro de esperanza y de cambio para Venezuela.

Ojalá no desaprovechemos esta nueva oportunidad.

Ganar, cobrar, gobernar

Ganar significa lograr el cambio de gobierno lo más pronto posible y lo más civilizadamente posible. No se trata solo de cambiar al gobierno, se trata de cambiar el sistema, el régimen, la manera de gobernar que hemos tenido en los últimos años. Ganar significa demostrar que tenemos suficiente inteligencia y patriotismo como para logar el cambio con la celeridad que las circunstancias lo exigen y con la civilidad que es deseable. Se puede ganar con balas y con violencia o con votos y en paz. Yo, desde luego recomiendo que lo intentemos con los votos y pacíficamente. Con las balas lo veo poco probable y nada aconsejable.

Cobrar significa lograr la transferencia pacífica del gobierno de manos de quienes lo detentan actualmente a las manos de un nuevo gobierno. Para conjugar ese verbo exitosamente es necesario apelar de nuevo a la inteligencia y al patriotismo. Si estamos amenazando a los actuales gobernantes de que al salir del gobierno los vamos a someter a una persecución implacable y a unos castigos humillantes, estaremos dificultando la conjugación exitosa del verbo. La experiencia universal en todos los países que han logrado salir de regímenes dictatoriales y acceder a sistemas democráticos es que se han ofrecido garantías a los detentadores del poder de que no serán víctimas de una “cacería de brujas” sino que se hará prevalecer la verdad y la justicia dentro de un ambiente en el que impere el estado de derecho.

Y gobernar. No basta con cambiar al gobierno, es necesario entender que la tarea de gobernar a Venezuela una vez que se produzca el cambio será una tarea ciclópea. Son muchos los problemas acumulados. Es muy grave la crisis económica y social que se debe enfrentar y resolver. Es enorme el esfuerzo de reconstrucción de la arquitectura institucional del estado democrático. Para todo eso será indispensable que exista un ambiente de sosiego y de armonía entre todos los factores políticos y económicos. En un ambiente de confrontación irracional y en una especie de guerra civil no declarada, será muy difícil gobernar a Venezuela. Es necesario promover un clima de consenso y de entendimiento que facilite la tarea de reconstruir al país.

Esos tres verbos podemos y debemos conjugarlos con patriotismo y con inteligencia.

¿Qué hacer?

Se ha dicho muchas veces, pero repetirlo no es ocioso: Los gobiernos se cambian con balas o con votos. Un país civilizado cambia el gobierno con votos. En el caso concreto de Venezuela las balas las tiene el gobierno. Los votos podría tenerlos la oposición. Más del ochenta por ciento de los venezolanos manifiesta su deseo de que se produzca un cambio de gobierno.  

El año que viene 2020 es año de elecciones. La Constitución Nacional así lo ordena. Hay que elegir una nueva Asamblea Nacional. Es una brillante oportunidad para que la voluntad de cambio de la mayoría de los venezolanos se ponga de manifiesto.

Sería magnífico que se produjera un acuerdo para lograr una elección presidencial. El cambio en la dirección del gobierno es todavía más apremiante que la renovación de la Asamblea Nacional. Pero la elección que está ordenada por la Constitución es la de la Asamblea Nacional. Ojalá la dirección política de la oposición no desaproveche la oportunidad para dar una contundente demostración de fortaleza política y de músculo electoral.

La elección debe producirse en el segundo semestre del año 2020. Hay tiempo de estructurar una dirección política amplia e inclusiva que logre interpretar a todo el universo opositor.

No se trata de conciliar intereses partidistas o de satisfacer ambiciones personales. Se trata de atender el interés superior de Venezuela y de los venezolanos.

En el año 2015 la oposición logró un triunfo espectacular, concurrió con una plataforma de unidad y con candidatos unitarios en cada estado y en cada circunscripción electoral, con una tarjeta única y con un propósito coherente.

En esta nueva oportunidad hay que lograr la mayor unidad, los mejores candidatos, los más representativos en cada estado y en cada circuito. Sin consideraciones partidistas  o sectarias. Es el interés nacional el que debe prevalecer.

Un triunfo contundente en las elecciones legislativas ayudará inmensamente a lograr el cambio de gobierno y la elección de un nuevo Presidente.

No podemos desaprovechar la oportunidad. Estamos a tiempo para lograr un éxito rotundo. Venezuela y los venezolanos esperamos mucho de nuestros dirigentes políticos.

Siria y Venezuela

Cinco años de guerra civil lleva esa pobre nación del medio oriente. Incontables los muertos y los desplazados. Destruidas todas las ciudades y los campos. En Siria no fue posible la paz. Los dirigentes de aquella nación no fueron capaces de ponerse de acuerdo para resolver sus diferencias. Las potencias extranjeras convirtieron a Siria en un escenario para la lucha por imponer su hegemonía en aquella región. Por si fuera poco, se hizo presente el ingrediente religioso. ¡Cuánta sangre derramada en nombre de la religión! El fundamentalismo musulmán confrontado con un cristianismo percibido como invasor y opresor.

De pronto, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anuncia, sin previo aviso ni a lo interno de su gobierno ni tampoco con sus aliados de la OTAN, que se retira del conflicto de Siria. Inmediatamente, el ejército turco siguiendo órdenes del dictador Erdogan invade la frontera norte de Siria y arrasa a las comunidades kurdas establecidas en aquella región.

“Ser enemigo de los Estados Unidos es muy peligroso; pero ser amigo de los Estados Unidos puede ser más peligroso todavía”. La frase, apócrifa, fue atribuida a la emperatriz de Irán Farah Diba después de que el gobierno de Jimmy Carter le retirara su apoyo a su esposo el Sha de Irán, en un intento fallido de forzar una transición a un régimen pluralista que al final acabó derivando en la República Islámica de los Ayatolas.

Ya lo había dicho muchos años antes Lord Palmerston, uno de los constructores del Imperio Británico, “las naciones no tienen enemigos ni aliados permanentes. Tienen  intereses permanentes”. En el caso de Siria la retirada de los Estados Unidos ha ratificado lo correcto de la frase en lo relativo a “las amistades permanentes”.

Los venezolanos, mientras tanto, debemos sacar las conclusiones. Los problemas de Venezuela los debemos resolver los venezolanos. Es un reto a la inteligencia de nuestros líderes tanto del gobierno como de la oposición. Es un reto al patriotismo de nuestros líderes.

Es importante contar con la amistad y con la solidaridad de la comunidad Internacional. La vamos a necesitar más todavía después de que se logre el cambio de gobierno. Pero no olvidemos nunca la lección de Siria. No dependamos de factores externos. Los problemas de Venezuela podemos y debemos resolverlos los venezolanos.

Respeto

Esos conceptos se aplican a todos los niveles. En la familia, respeto entre todos sus miembros. En la comunidad, respeto entre los habitantes del barrio, del municipio, del país, del planeta es una condición básica para la convivencia, la armonía, el entendimiento y el progreso.

Lamentablemente lo que ha prevalecido en Venezuela con el llamado Socialismo del siglo XXI es todo lo contrario: odio, división, falta de respeto, insultos, degradación de la política y del lenguaje.

Costará un esfuerzo grande regresar a un clima de respeto, de tolerancia, de convivencia civilizada, de armonía y de entendimiento. Será difícil, pero hay que acometer la tarea con toda decisión. No podemos caer en la tentación de sustituir una política de odio y de confrontación por otra del mismo signo. Los venezolanos en general, pero sobre todo el liderazgo nacional, tenemos que asumir el compromiso de hacer que prevalezcan nuestras mejores virtudes: la paz, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, el diálogo y la convivencia.

Recordar al poeta Andrés Eloy Blanco que nos decía: “Y no olvidar que las hijas del que me hiciera sufrir, para ti han de ser sagradas, como las hijas del Cid”.

“Por mí ni un odio hijo mío, ni un solo rencor por mí”.

En donde se ha sembrado odio hay que sembrar amor y fraternidad. En donde se ha sembrado división hay que sembrar unidad y solidaridad. En donde se ha sembrado un lenguaje de irrespeto y de insolencia hay que sembrar un lenguaje de altura y de consideración por todos los seres humanos.

Yo creo en los valores y en los principios del Humanismo Cristiano y recuerdo que San Pablo nos decía: “Dios no hace diferencia entre las personas” (Ga. 2,6) porque: “Ya no hay judío ni griego, hombre ni mujer, pues todos son uno solo en Cristo Jesús”. (Ga. 3,28).

Es verdad que tenemos que cambiar al gobierno, reactivar la economía, resolver el problema de la pobreza… todos esos problemas son muy importantes. Pero si queremos de verdad construir un gran país, sustituir la cultura del odio por la cultura del amor es fundamental.

El Nuncio Giordano

El 3 de febrero del año 2014 llegó a Venezuela, como representante diplomático de S.S. el Papa Francisco, su excelencia Monseñor Aldo Giordano en su carácter de Nuncio Apostólico. Desde su llegada se dedicó a trabajar por Venezuela, por los venezolanos y por la buena relación entre la Santa sede y la Nación venezolana.

El excelentísimo señor Nuncio se ha sumergido en el conocimiento de la historia de nuestro país y también en el análisis de nuestra realidad actual cargada de lágrimas y de esperanzas.

Ha participado en las tentativas de diálogo político para encontrar soluciones, inspiradas en el amor, en la fraternidad, en la inteligencia y en la solidaridad, para nuestra dolorosa y larga crisis nacional. Como él mismo lo ha expresado, ha trabajado “en la ardua búsqueda de servir a la paz y a la superación del conflicto polarizado del país”. En estos cinco años ha tenido la oportunidad de visitar a buena parte de la geografía venezolana y a sus comunidades.

Monseñor Giordano cree fervorosamente en la diplomacia. Considera que “la diplomacia tiene la vocación de servir a las relaciones entre los pueblos, las culturas, las religiones con el objetivo prioritario de la paz”. Cada acto de violencia, sostiene él, es un fracaso de la diplomacia. Está en juego la dignidad de la persona humana.

La diplomacia hace frente a cada violación de los derechos de la persona y de su libertad. Es un laboratorio de búsqueda del Bien Común de los pueblos. No puede ser un instrumento al servicio de parcialidades egoístas, al servicio del interés particular de una persona, de un grupo, de un partido o de un solo Estado. Tiene que servir al bien de cada persona humana habitante de la ciudad y del mundo.

El “arsenal” del Nuncio es el mismo que utiliza el Santo Padre. La Paz, el encuentro, el diálogo, la reconciliación, el perdón. Cuando existe un conflicto, como el que nos aflige a los venezolanos, se necesitan personas que dentro del conflicto inicien un proceso de paz. Hay que transformar el desierto de la incomprensión en una floresta, plantando nuevas semillas de solidaridad, de justicia y de paz.

No dejarnos robar la esperanza. Frente a la dolorosa realidad de un pueblo herido por la injusticia, sin confianza en el futuro, afligido por la pobreza, es necesario trabajar por recuperar de nuevo el espíritu de la lucha por el progreso, la dignidad, la esperanza y el bienestar. Hemos sido creados para la felicidad. Los problemas no se resuelven con violencia, con injusticias y desprecio por la persona, con armamentos, sino con inteligencia y amor.

La red

Como todos los grandes inventos de la humanidad, la red puede ser un instrumento para lo sublime pero, también, para  lo perverso, lo malo, lo canalla.

La Red puede servir para transmitirle a la humanidad las sonatas de Beethoven, los nocturnos de Chopin. También puede servir para que circulen mentiras, calumnias e infamias. La capacidad para lo bueno y para lo malo. Todo depende de la calidad humana de los usuarios. De la calidad humana de los usuarios a un lado y al otro de la red. Hay gente que alimenta la red con las cosas más nobles de las que es capaz la especie humana. También las hay que disfrutan de esa genial invención para desahogar viles sentimientos y para intentar causar el mayor daño posible.

Todo depende de nosotros, de los seres humanos. La tecnología, en cierto modo, es neutra. El ser humano que está detrás de la tecnología es el que le imprime sus valores éticos, sus principios, la elevación y la dignidad de su condición humana o lo contrario de eso.

En Venezuela, lamentablemente, desde que se inició este siglo XXI prevalece un clima de odio, de confrontación, de mentiras y de calumnias. Ese invento maravilloso que es la red, en manos bondadosas y amables será un instrumento formidable para la amistad, para el progreso, para la felicidad de los seres humanos. En manos de seres perversos, mal construidos por dentro, llenos de amargura y de maldad, la red puede convertirse en un instrumento para la degradación del ambiente intelectual, político y espiritual de nuestro país.

La felicidad es un atributo humano y Divino. Los seres humanos, mujeres y hombres, estamos hechos para ser felices. Apreciar la vida diaria es un reto espiritual y crear alegría a nuestro alrededor, a pesar de las horas tan difíciles que nos toca vivir, es una parte esencial de la Fe. “La vida es bella” es el título de una gran película italiana que narra la vida de un padre con su hijo en un campo de concentración nazi. El padre se propone hacer feliz al hijo y lo logra. Todos tenemos el deber de promover el amor y la alegría en medio de esta realidad caótica que nos ha tocado vivir. La maldad no está en la red, está en quienes la usan para lo malo. El hombre inventó la música de cámara, pero también la cámara de gas.

La red puede y debe ser un instrumento muy útil para la felicidad del género humano.

Seguiremos conversando.

De mentiras y odio

El fin de semana fui sorprendido por un artículo lleno de mentiras y de odio firmado por un viejo condiscípulo, Joaquín Chafardet. El artículo me llenó de tristeza por la cantidad de odio que refleja y por la cantidad de mentiras que contiene. También me produjo tristeza ver quien lo firma, un condiscípulo a quien siempre tuve por amigo y por quien siempre he sentido estimación. Al terminar de leer el artículo recordé las palabras dichas por el mártir del Gólgota: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”.

El articulo comienza narrando una reunión que nunca ha existido entre Claudio Fermín, los hermanos Rodríguez Jorge y Delcy, Pedro Pablo Fernández, mi hijo, y yo mismo. El tema era la postulación de mi nombre como candidato a presidir un hipotético gobierno de transición. Todo es mentira. A los hermanos Rodríguez no he tenido ocasión de conocerlos siquiera. Jamás ha existido tal reunión. Pero se miente sin recato alguno. Y sin respeto por la dignidad y la seriedad de las personas aludidas.

Se habla de la famosa conferencia por la Paz, convocada por el Presidente Maduro hace unos años. En esa conferencia, por cierto, participaron venezolanos muy distinguidos como Lorenzo Mendoza, Presidente de Polar y Jorge Roig, Presidente de Fedecámaras, junto al Nuncio Apostólico de su Santidad. También participó mi hijo Pedro Pablo Fernández. Todos los mencionados hicieron discursos claramente opositores y de gran altura y calidad. No hay derecho que ahora se presente esa actuación como una señal de complacencia con un gobierno al que le hemos hecho oposición desde el primer instante, desde el 4 de febrero de 1992.

En Venezuela hay mucho odio y muchas mentiras. El odio vino cuando el jefe de esa llamada “revolución” ofreció “freír en aceite la cabeza de sus adversarios”. El odio y la mentira se han apoderado también de algunos sectores opositores. Es una lástima.

Una de las tareas más importantes a cumplir por los próximos líderes de Venezuela será la de sustituir el odio por el amor y la solidaridad. Y sustituir la mentira por la verdad y la transparencia. En cuanto a Joaquín Chafardet, reitero lo dicho, me duele verlo poseído por el odio y la mentira y, con toda sinceridad, lo encomiendo al Dios de la misericordia: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”. Amén.

La convivencia

Por lo general, la hospitalidad es por un tiempo determinado. Nadie se queda de forma permanente como huésped de nadie. Y si se queda, como es el caso de los que son perseguidos por razones políticas o de los que han emigrado por razones económicas, acaba incorporándose a la sociedad que los ha recibido.

Venezuela, durante muchos años fue un país que ofreció su hospitalidad a miles de inmigrantes que vinieron a nuestro país en busca de mejores condiciones de vida.

Vinieron muchos europeos, sobre todo españoles, portugueses e italianos que escapaban de los rigores de la post guerra.

Gente que abandonaba sus países de origen, lo cual nunca es una decisión fácil, porque estaban pasando hambre y necesidades de toda índole.

Afortunadamente, Venezuela acogió a esos inmigrantes con afecto y con hospitalidad.

Afortunadamente digo, porque esa corriente migratoria contribuyó de una manera inconmensurable al desarrollo y al crecimiento de nuestro país. Fueron gente que venía con el ánimo de trabajar, de construir una nueva realidad, y comenzar una nueva vida. Qué bueno que los venezolanos abrimos las puertas de nuestro país para acogerlos.

También nos tocó recibir a muchos inmigrantes provenientes de los países hermanos de América Latina y particularmente de Colombia. Colombia ha sufrido como ningún otro país, el trauma de la violencia, de la pobreza y de la marginalidad. Familias enteras se vinieron a Venezuela para comenzar una nueva vida y aprovechar las oportunidades que aquí se les ofrecían.

Hoy son las familias venezolanas las que están emigrando hacia otras latitudes en busca de mejores horizontes.

Hoy son miles de venezolanos, los que salen de nuestro país aventados por el hambre, por el desempleo, por el deterioro de la calidad de la vida, por el colapso de los servicios públicos, por la falta de oportunidades. Ojalá esos compatriotas reciban testimonios de hospitalidad como nosotros fuimos capaces de ofrecer en su oportunidad.

Ojalá muchos de ellos regresen a nuestro país cuando cambien las dramáticas circunstancias que estamos sufriendo. Y Ojalá que los que se queden en los países a los que han emigrado puedan tener tanto éxito como lo que vinieron a Venezuela.

Seguiremos conversando.

Partidos políticos

Un Partido Político es, en primer lugar, una visión, una propuesta, una interpretación de la realidad, una doctrina, un programa, un proyecto de país. Lo primero y más importante para la existencia de un Partido Político es su mensaje, su posicionamiento ante la opinión pública.

Además del mensaje, un partido político supone una organización. Cuando Rómulo Betancourt  se decidió a crear el partido Acción Democrática comenzó por redactar un mensaje. Se reunió con su amigo Raúl Leoni que vivía exilado en Barranquilla y allí elaboraron un modesto documento que llamaron el Plan de Barranquilla. Allí estaban los lineamientos fundamentales de la interpretación de Venezuela y de la propuesta de cambio que asumían: sufragio  universal directo y secreto. Tierra para el que la trabaja. Incremento de la participación de la Nación en la riqueza petrolera y un largo etcétera.

Pero en seguida se dedicaron a la organización. Se recuerda la frase según la cual no debía existir ni un estado, ni un municipio, ni una parroquia, ni una aldea en la que no funcionara una casita de Acción Democrática. Hoy, la organización de un partido moderno y eficiente supone otras exigencias. Basta que sirva para la divulgación del mensaje y para la defensa de los votos cuando se presenten las coyunturas electorales.

Además del mensaje y de la organización, un partido político supone una estrategia inteligente llevada adelante con coherencia y disciplina. En la realidad actual de Venezuela la definición estratégica gira en torno a dos palabras: votos o balas. Yo, desde luego, recomiendo la opción de los votos.

Finalmente, un Partido Político supone la presencia de líderes comprometidos con la causa. Líderes preparados e identificados con las esperanzas y los sufrimientos de los ciudadanos. Líderes que entiendan que la política es una actividad muy noble inspirada en el servicio a la gente y en trabajar por el Bien Común. Un político modélico es aquel que coloca los intereses de la nación por encima de las agendas partidistas. Un político modélico es el que entiende  que la política es para servir al prójimo, y no para servirse del prójimo. La reconstrucción institucional de Venezuela requiere partidos serios y representativos.

Seguiremos conversando.

Argentina

Hace cuatro años en Argentina ganaron los buenos y perdieron los malos. Así lo interpretaron muchos observadores especialmente desde un país como Venezuela en donde “los malos” tienen veinte años gobernando.

Un júbilo inmenso recorrió todo el hemisferio, desde Canadá hasta la Patagonia. Por fin una buena noticia… en Argentina ganaban los buenos y perdían los malos. Más tarde sería  Ecuador y después Brasil y otros muchos sitios en los que se repetía la historia. Era un nuevo “Fin de la historia” esta vez en geografía americana.

¿Qué hicieron los malos? Populismo puro y duro. Los esposos Kirchner acabaron con aquel pujante país. El modelo propuesto por ellos había sido derrotado en el año 2015 después de 12 años de hegemonía. El Kirchnerismo parecía derrotado para siempre. La corrupción era un escándalo y la jefa del gobierno tenía tres causas abiertas que la amenazaban con cárcel.

¿Qué hicieron los buenos? Lo hicieron todo mal. En apenas cuatro años aumentó el desempleo, se disparó, más todavía, la inflación. Se devaluó la moneda en más de 30 % con respecto al dólar, los salarios no alcanzan para hacer el mercado. Las acciones de empresas argentinas en Nueva York bajaron 56 % y termina el gobierno en medio de un clima de desconcierto y de pánico.

Hace muchos años el General Perón dijo: “No es que nosotros hayamos sido buenos, es que los que vinieron después fueron tan malos que nos dejaron como buenos a nosotros”. Parece que la historia se repite. A veces se vota contra los malos y se elige a los peores. A veces se sale de Guatemala para caer en “Guatepeor”. Peor que Carlos Andrés no podría haber nada, y vino Chávez. Pero peor que Chávez era imposible y vino Maduro. Podrá haber algo peor que Maduro…?

El gobierno que sucedió a los Kirchner ha provocado una enorme penuria económica y social, termina su periodo con una consigna un tanto melancólica: “Elegimos entre la cordura y la insania”. El Presidente Macrí se había comprado la tesis de Trump según la cual, “nadie mejor para manejar un estado que quien haya manejado una empresa”. Yo no sé si es más fácil o más difícil manejar un estado o una empresa. Lo que sí sé es que es diferente. No es lo mismo.

Son cosas diferentes que requieren entrenamientos diferentes.

Los venezolanos, mientras tanto, seguimos observando.

Seguiremos conversando.

WINNIPEG

Termino de leer la última novela de Isabel Allende. Se llama: “Largo pétalo de Mar”. El título es tomado de una frase del gran poeta chileno, premio nobel de literatura, Pablo Neruda, que describió a Chile, su país, como un largo pétalo de mar y nieve”

Isabel Allende nació en Perú, creció en Chile. Después del golpe militar de 1973 que derrocó a Salvador Allende, se asiló en Venezuela como tantos de sus compatriotas. Hoy vive en California, Estados Unidos y es una de las más notables escritoras en lengua castellana, premiada con la medalla de honor del National Book Award en Estados Unidos por su gran aporte al mundo de las letras.

La novela tiene que ver con el terrible sufrimiento de una familia republicana española víctima de la guerra civil que ocurrió en España entre 1936 y 1939. Allí, en esa excelente novela, aparece descrito el horror de esa guerra fratricida que duró tres años, que causó un millón de muertos y que desembocó en una larga tiranía que se extendió por cuarenta años.

Cuenta Isabel Allende el sufrimiento causado por la guerra. También describe la tragedia que significó la derrota de las fuerzas leales a la República y el drama de la emigración a Francia, acribillados por aviones italianos y alemanes y recibidos con maltratos de toda índole en campos de concentración. Y, por si fuera poco, el inicio de la segunda guerra mundial.

El Poeta Neruda que para la época desempeñaba responsabilidades diplomáticas en Paris logró fletar un barco, el WINNIPEG que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, Chile. Allí viajaron aquellos pobres exiliados a buscar la paz y la libertad que les negaba su país. Fueron recibidos con la proverbial hospitalidad chilena y se integraron en la vida social de Chile durante varias décadas hasta que vino el golpe de estado que derrocó al Presidente Allende. Volvieron a vivir la tragedia de la persecución, de los campos de concentración, de las torturas, de los fusilamientos sin formula de juicio.

“Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver”.

España y Chile sufrieron mucho, muchísimo. Ojalá los venezolanos que tanto hemos sufrido en el inicio de este siglo XXI encontremos mejores maneras de superar nuestra crisis que los españoles en 1936 o los chilenos en 1973.

Seguiremos conversando.

Sanciones

A mí no me gustan las sanciones. Me refiero, por supuesto, a las sanciones acordadas por la administración Trump contra el gobierno de Nicolás Maduro. No me gustan por muchas razones. En primer lugar, porque las considero contraproducentes. Se supone que esas medidas buscan sacar a Maduro de Miraflores. Creo que ellas producen el efecto exactamente contrario. Las medidas de Trump, en mi opinión, atornillan a Maduro en Miraflores.

Las sanciones le dan un arma a Maduro para explicar el fracaso de su gobierno. Todos sabemos que el sufrimiento del pueblo venezolano se debe a las políticas equivocadas de los gobiernos de Chávez y de Maduro.

Las sanciones agravan el sufrimiento del pueblo venezolano. Como lo ha dicho la Comisionada para los derechos humanos de las Naciones Unidas, Michel Bachelet, ellas agravan el sufrimiento de los venezolanos, especialmente, de los más pobres, de los más vulnerables, de los que no tienen dólares. Las sanciones le dan al aparato de propaganda del gobierno un argumento: “estamos mal por culpa de las sanciones”.

Estoy en contra de las sanciones porque la experiencia histórica nos pone en evidencia que esa política consolida a los gobiernos a los que se pretende derrocar. Allí están los ejemplos de Corea del Norte, de Irán, de Cuba y de Siria. Podríamos agregar otros como el de Rusia después de la Revolución Bolchevique o el de España, bloqueada por las Naciones Unidas después del término de la segunda guerra mundial.

En ninguno de esos ejemplos funcionó la política de sanciones. Los gobiernos que debían ser derrocados se perpetuaron en el poder. Y lo que es más grave, “pagaron justos por pecadores”. El pueblo sufriente es el que pagará la factura.

Además, la aplicación de las sanciones divide a la comunidad internacional que tan solidaria se ha mostrado con Venezuela. La Comunidad Europea ha manifestado su desacuerdo con esa política y ha expresado sus serias reservas acerca de la conformidad de las mismas con el derecho internacional público.

Yo quiero salir de Maduro. Quiero hacerlo civilizadamente, por la calle real, consultando la voluntad del pueblo venezolano en elecciones limpias, transparentes y confiables. Afortunadamente cada día crece más la convicción de que la salida de la crisis debe lograrse por la vía de una elección popular celebrada en las condiciones adecuadas.

Bienaventurados

Decía un alto prelado de la Iglesia Católica: “Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel”. Así como la Iglesia necesita sacerdotes, muchos sacerdotes, muchos santos sacerdotes, una sociedad enferma como la venezolana necesita políticos, muchos políticos, muchos santos políticos.

Políticos que entiendan que la política es para servir a la comunidad, para servir a la gente, a los ciudadanos, especialmente a los más vulnerables, a los más pobres, a los que más sufren.

La política no es para satisfacer vanidades, mucho menos para complacer apetitos de poder o de dinero. La política es para servir a un ideal, a una nación, a un pueblo, a la humanidad.

“Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad”. Es importante que haya una perfecta congruencia entre lo que se predica y lo que se practica: No puede usted predicar la paz y la solidaridad y la fraternidad y, en la práctica, estar promoviendo la guerra, el odio y la división. No puede usted presentarse como gran adalid de la democracia, del respeto a los derechos humanos y al estado de derecho y en la práctica proceder arbitrariamente , desconociendo los derechos de los otros y atropellando el espíritu y la esencia de la democracia. No puede usted hablar del amor y en la práctica, fomentar el odio y el espíritu de venganza.

Bienaventurado el político que trabaja por el Bien Común y no por su propio interés. Venezuela necesita políticos capaces de entender que el interés nacional está por encima de las agendas partidistas o de las ambiciones personales. Es el sufrimiento de Venezuela y de los venezolanos el que debe motivar una acción política trascendente y patriótica.

“Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente”. Admiro a los políticos que apuestan a la democracia, a la justicia, a la paz, a la inteligencia y no están pendientes de complacer los reclamos de la galería por irracionales que ellos sean. Bienaventurados los políticos que trabajan por la unidad y no cultivan el odio. Bienaventurado el político que sabe escuchar.

Bienaventurado el político con coraje para cambiar lo que tiene que ser cambiado. Bienaventurado el político valiente, el que no tiene miedo. Recuperar el prestigio de la política y de los políticos es una necesidad apremiante en Venezuela y en el mundo.

Unidad

“Todo país dividido en bandos enemigos, se destruye a sí mismo; y una ciudad o una familia dividida en bandos, no puede mantenerse” (MT 12,25)

El tema de la unidad es un tema muy comentado últimamente. Uno de los muchos daños que el fenómeno del chavismo le causó a Venezuela es el de haber fracturado la unidad de los venezolanos. La llamada “Revolución” vino a sembrar el odio entre hermanos. Dividir entre buenos y malos. Los buenos serían los que apoyaban al gobierno, los malos los que lo adversamos. Dividir entre pobres y ricos, entre cuarta y quinta república, entre revolucionarios y escuálidos.

La Venezuela nueva que debe surgir de las ruinas que ha provocado el “socialismo del siglo XXI” debe promover la cultura de la cooperación y rechazar la cultura de la confrontación. El éxito político, económico, social y cultural de Venezuela en la segunda mitad del siglo pasado se debió en gran medida a que prevaleció la cultura de la cooperación. El Pacto de Punto Fijo, suscrito por tres políticos con grandes diferencias entre sí, con las diferencias propias de una cultura democrática, fueron capaces de hacer prevalecer la cooperación por encima de la confrontación.

En un ambiente democrático es natural que exista pluralidad de puntos de vista y de ofertas programáticas, pero cuando está en juego un alto interés nacional se impone que prevalezca la unidad y la cooperación entre todos para superar las dificultades colectivas. Así lo hicieron los conservadores y los laboristas en la Gran Bretaña cuando frente a la amenaza que representaba el nazismo alemán, fueron capaces de formar un gobierno de unidad bajo la dirección de aquel gran estadista que fue Winston Churchill.

En Venezuela hoy necesitamos unidad. Unidad dentro de cada familia. Unidad dentro de cada partido político. Unidad entre los diferentes partidos políticos, sobre todo entre aquellos que promueven el cambio del actual gobierno por un gobierno nuevo y unidad entre todos los venezolanos para recuperar la democracia, para promover el desarrollo económico y para hacer posible la justicia social y la igualdad de oportunidades.

Venezuela necesita que frente a las agendas partidistas y frente a los proyectos personales, prevalezca una cultura de la unidad, la cooperación y la integración.

Un reino dividido no puede prevalecer. En donde hay odio hay que sembrar amor.

Entre votos y balas

La crisis venezolana se resolverá con votos o con balas. Yo, desde luego, prefiero los votos. Aborrezco las balas. Las balas nacionales y mucho más las balas internacionales. No queda otra. Los gobiernos se tumban con votos o con balas. Ojalá en las conversaciones que se adelantan en Noruega y en Barbados se esté conversando acerca de la conveniencia de resolver la prolongada y dolorosa crisis venezolana por medio del instrumento más civilizado que ha inventado  el ingenio humano `para resolver sus controversias: el voto popular, universal, directo y secreto.

El gobierno de Maduro tiene balas, muchas balas. Tiene tanques y aviones de guerra. Tiene el apoyo del alto mando militar. Sin embargo, sus voceros más calificados hablan de estarse preparando para la eventualidad de unas próximas elecciones. Tienen muchas balas, tienen pocos votos, pero se preparan para una confrontación en el terreno de los votos.

La oposición, por el contrario, podría tener muchos votos, muchísimos. En cambio, no tenemos balas. Si las tuviéramos tendríamos que reconocer que no sabemos usarlas. En el terreno de las armas tendríamos que pedirlas prestadas al ejército venezolano o a un ejército extranjero. Ninguna de esas hipótesis es probable ni deseable.

Lo interesante sería que gobierno y oposición se pusieran de acuerdo en dos cosas: cronograma electoral y condiciones para que esas elecciones sean efectivamente representativas y, en consecuencia, ayuden a resolver la prolongada y dolorosa crisis venezolana.

Por supuesto que hay problemas extremadamente graves y apremiantes de hambre, de inflación, de salud, de inseguridad, de colapso de los servicios públicos, etc., etc., etc., etc. La solución de fondo de todos esos problemas supone un cambio de gobierno. Y el gobierno no se cambia sino con votos o con balas.

Todas las encuestas coinciden en señalar tres cosas: 1.- Que la mayoría de los venezolanos queremos salir del gobierno de Maduro.

2.- Que la mayoría de los venezolanos preferimos una solución pacífica y electoral.

3.- Que ya basta de hambre y de miseria. Queremos vivir mejor. Sabemos que un cambio pacífico y ordenado en el gobierno nacional abre las puertas para reconstruir la democracia y el estado de derecho. También abre las puertas para el progreso económico y la justicia social.

Seguiremos conversando.

La Conferencia Episcopal

Nuestros obispos acaban de reunirse en Asamblea Ordinaria. Como de costumbre, terminan su reunión con una declaración acerca de la actual situación del país. Esta vez con la finalidad de poner en evidencia “la magnitud de los problemas que nos aquejan, brindar orientaciones que nos ayuden a darle respuesta y animar a todos a comprometernos en la construcción de un futuro mejor”.

La declaración de los Obispos merece ser leída, estudiada y asimilada como un instrumento útil para el diagnóstico de la realidad nacional, para su correcta evaluación, pero, sobre todo, para estimular acciones concretas en la dirección de superar la larga y dolorosa crisis que estamos sufriendo Venezuela como país y los venezolanos como ciudadanos y como hijos de Dios.

Como era previsible, la declaración de la Conferencia Episcopal asume como documento de trabajo el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos publicado el 4 de julio de 2019. Allí se dice claramente que: “existen motivos razonables para creer que se han cometido graves violaciones de los derechos económicos y sociales, incluidos los derechos a la alimentación y a la salud, en Venezuela”. También se habla de la violación a los derechos humanos en general y se hace una mención especial a los casos recientes que condujeron a la muerte del Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo y la perdida de la visión del joven Rufo Chacón, hechos que ya habían sido condenados enérgicamente por la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia que preside Monseñor Roberto Lucker.

Dicen nuestros obispos: “Dios quiere lo mejor para Venezuela. Sus designios son de prosperidad, no de desgracia; Él nos da  un porvenir y una esperanza”. Y recuerda lo que ya habrán afirmado en el Concilio Plenario de Venezuela: “Una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país consiste en la construcción de una sociedad justa, digna, humana, cristiana y solidaria”. Esto postula un decidido compromiso de todos por la defensa de la dignidad de la persona humana y el bien común.

La declaración habla de la renovación ética y espiritual del país como tarea de todos. Favorecer la educación en principios y valores e invitar a la reconstrucción democrática del país en la justicia, la libertad y la paz.

¡Bien por nuestros obispos!

Seguiremos conversando.

Bachelet II

Hace quince días escribí un artículo bajo el título de “Bachelet”. En ese artículo comentaba que me parecía positiva la visita de la Alta Comisionada para la Defensa de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Los hechos posteriores nos han dado la razón.

Tal como lo había prometido, la señora Bachelet produjo su informe el cinco de julio. En el informe se expresan realidades inocultables. En Venezuela hay un problema de violación sistemática de derechos humanos. Presos políticos. Torturas. Muerte de ciudadanos en poder del estado. Partidos ilegalizados. Elecciones cuestionadas y un largo etcétera que no puede dejarnos indiferentes.

Por otro lado, se habla en el informe  de violaciones a los derechos económicos y sociales. Hiperinflación, Recesión. Desabastecimiento. Alto costo de la vida. Hambre. Desempleo. Migraciones.

El informe es muy claro. La crisis económica la generó una política equivocada por parte del gobierno. Esa crisis ha sido agravada por las sanciones acordadas por el gobierno norteamericano. Pero, el origen de la crisis está en los errores del gobierno.

El informe no está hecho para tumbar al gobierno. Tampoco para que sirva de recurso fácil para la confrontación política. El informe pretende corregir la situación. Es oportuna la cita que hace la señora Bachelet de lo que le dijo en Caracas un sacerdote católico: “No se trata de política, sino del sufrimiento de la gente”. Este informe tampoco trata de política, relaciones internacionales, intervención armada extranjera. Trata de los derechos humanos a los que todos los ciudadanos tenemos derecho.

Tenemos derecho a contar con un gobierno que nos garantice servicios públicos fundamentales como el agua, la luz eléctrica, la seguridad, la gasolina, el transporte, elecciones libres y todo aquello que corresponde a una existencia civilizada.

En el informe se formula un conjunto de recomendaciones en relación con las principales violaciones de derechos humanos. Y concluye diciendo: “Exhorto a todas las personas con poder e influencia- a que colaboren y contraigan los compromisos necesarios para solucionar esta crisis. Mi oficina está lista para seguir apoyando”. Más claro, imposible.

ABASSI

Hassine Abassi, Premio Nobel de la Paz, acaba de hacer una visita a Venezuela. Abassi fue secretario General de la Central Sindical de Túnez.

Fue en Túnez en donde se inició la Primavera Árabe. El 17 de diciembre del año 2010 un humilde vendedor ambulante se quitó la vida en el medio de la calle en protesta contra los abusos del gobierno. Miles de Tunecinos salieron a protestar contra la dictadura.

El ejemplo de Túnez fue imitado en el resto del mundo árabe.

En Egipto, millones de personas protestaron contra el gobierno de Mubarak. En Libia se alzaron contra el coronel Gadafi.

En Siria comenzó la guerra civil contra Bashar Al Assad.

Era la Primavera Árabe. Se desató una violencia que ha dejado un saldo de muerte y destrucción.

La guerra civil en Libia terminó con el “asesinato” del Coronel  Gadafi. Muchos pensaron que con esa muerte terminaba todo. Veinte años después Libia vive al borde del abismo. Un país dividido,  a merced de unos asesinos agrupados alrededor del llamado “Estado Islámico”.

En Túnez, un liderazgo inteligente ha salvado a ese país de la desgracia de sus vecinos..

Lograron una evolución democrática ejemplar. Dejaron a un lado la confrontación política, han logrado mejorar la economía y encaminan al país en la dirección del progreso y de la paz.

A los venezolanos nos toca decidir si seguimos al ejemplo de Libia o el de Túnez. Si apostamos a la violencia o  a la inteligencia.

Los opositores al gobierno de Maduro debemos construir una alternativa que contribuya a lograr un desenlace pacifico, democrático e institucional.

Hace unos años, los cuatro que lideraron el proceso de “transición a la democracia” en Túnez recibieron el premio Nobel de la Paz.

Lo denominan el “Cuarteto Tunecino”.  Son, los representantes de la Unión de Trabajadores, la Unión de Empresarios. La liga para la defensa de los derechos humanos y el Colegio de Abogados.

De acuerdo con el Comité del Premio Nobel, el premio se les otorgó como “un reconocimiento a la contribución de esas cuatro instituciones y de sus líderes al logro de una solución democrática ejemplar, alcanzada por encima de los enfrentamientos políticos, de las brechas sociales y de la crisis económica”. Al momento de recibir el premio, el líder sindical del cuarteto declaró que: “el premio es un mensaje a la región y al mundo, acerca de la fuerza de la negociación y del diálogo”.

Una visita in locu que confirma crisis en Venezuela

Pienso que la Dra. Bachelet no podía ir más adelante. El Consejo General de Derechos Humanos le dio un mandato, de que su dictamen debe presentarlo en julio. Sin embargo, reconoció la crisis humanitaria y desmontó la parafernalia del gobierno, si bien habló de las sanciones, sin embargo, preciso que no son la causa de la crisis, sino que esta se produjo desde 2013, es decir, mucho antes. Ratifico qué hay una crisis humanitaria compleja que se agrava. Sin condenar a nadie , si narró casos de violaciones más graves, que confirman las denuncias que hizo en su lnforme de marzo y anunció que su dictamen final será en julio.

Es importante, que señaló que establecerá una Misión o Delegación en Venezuela para seguir la investigación y recibir denuncias, que lo hace la ONU en casos de situaciones generales, sistemáticas y masivas de derechos humanos, es decir, aplicó uno de las mecanismos preventivos y correctivos internacionales de protección de derechos humanos ( P. E., Guatemala, Salvador y unos países africanos). Reconoció qué hay prisioneros politicos y pidió su libertad y narró que le afectaron las denuncias de algunos casos de torturas. Y mal que bien , la prensa independiente asistió a su rueda de prensa, aunque no hubo libre información, pero entregó copia de su declaración y se le hizo preguntas.


Por otra parte, como funcionario de la ONU, que no ha reconocido a Guaido, no podía llamarlo presidente y tenía que llamar a Maduro presidente, porque de hecho, lo es, y no le corresponde calificar o descalificar, a ninguno. Por otra parte, recibió a las victimas y ONG, en un ambiente público y libre, con una asistencia masiva y con un numeroso grupo de ONGs, entre otras , Foro Penal y Caritas y recibió privadamente a la CEV y el hecho de que hubiera sido en una Universidad y que hubiera entrado de brazo del padre de Requesens fue significativo. Por lo que estimó que en términos generales, nos fue útil e importante su visita.

Nos queda esperar su informe de julio para formarnos una opinión final. Ahora, corresponde un activismo ante la Misión de Derechos Humanos de la ONU que dejo acá y seguir protestando por la crisis. Y considero que corresponde al gobierno demostrar disposición de negociar mediante una libertad de todos los presos políticos.

Roman J. Duque Corredor
Caracas, 22 de junio de 2019.

Bachelet

Estoy de acuerdo con los venezolanos que consideran la visita de la señora Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para el tema de los derechos humanos, como un hecho positivo para el país. La sola visita  es un hecho significativo. Es el reconocimiento de que hay un tema grave en materia de derechos humanos en nuestro país que amerita la presencia de una autoridad como la que representa la señora Bachelet.

En Venezuela existe un problema de violación sistemática de derechos humanos desde hace muchos años. Hay una crisis humanitaria por el fracaso de las políticas económicas del gobierno agravada por las sanciones adoptadas por los Estados Unidos.

Pero además de la crisis humanitaria, hay denuncias muy fundamentadas de otro tipo de violaciones a los derechos humanos que explican y justifican la presencia de la señora Bachelet. Una visita que no tiene por finalidad simplemente la constatación de los hechos y la denuncia de las violaciones a esos derechos humanos, sino que supone la adopción de medidas para ponerle freno y para implementar los correctivos necesarios.

En Venezuela hay presos políticos. Hay muchos presos políticos. Civiles y militares. No se trata como dicen los voceros del gobierno de que hay políticos presos porque supuestamente ha incurrido en hechos delictivos. No se puede negar el hecho escandaloso de que existe un número abundante de ciudadanos privados arbitrariamente de su libertad por ejercer sus derechos ciudadanos consagrados en la Constitución Nacional.

La sola existencia de los presos políticos, es una realidad incompatible con el estado de derecho y con la democracia política. Pero más grave todavía es que hay denuncias muy fundamentadas de torturas y ajusticiamientos extra judiciales. Estos hechos son intolerables. La señora Bachelet en su breve pero intensa visita a nuestro país tuvo la oportunidad de tomar contacto con la realidad de las víctimas de esos hechos abominables.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas logró dejar en Venezuela una pequeña representación de su oficina para examinar “in situ” la realidad de estas denuncias.

Además, nos promete un informe de su gestión para los próximos días y, seguramente, propondrá la adopción de medidas para salvaguardar los derechos humanos en nuestro país. Por todas estas razones, considero positiva la visita de la señora Bachelet.

¿Y ahora…?

¡Seguir luchando! No podemos dejar que nos roben la esperanza. Venezuela y los venezolanos nos merecemos un destino mejor. ¡Seguir luchando! Renovar nuestro compromiso con la gente, con los ciudadanos, con los que sufren, con los más vulnerables. Renovar nuestro compromiso con la democracia, con el estado de derecho, con los derechos humanos, con la justicia social, con el desarrollo económico, con la igualdad de oportunidades, con la educación, la ciencia  y la tecnología, con la salud, con la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y con el conjunto de los ciudadanos.

¡Seguir luchando sin descanso! Evaluar lo que hemos hecho, los aciertos y las equivocaciones. Profundizar los aciertos, corregir las equivocaciones. Apostar siempre por la inteligencia, por la unidad, por la paz, por la justicia, por la fraternidad entre todos los seres humanos, por la inclusión, por el futuro.

Venezuela necesita recomponer su estructura institucional: un gobierno que gobierne. Un parlamento que legisle y que controle la marcha de la administración pública, unos tribunales que administren justicia con seriedad, con imparcialidad y con apego a la constitución y a las leyes.

¡Tenemos que seguir luchando! Nada de resignación. Nada de conformismo. Convocar a la lucha infatigable por construir una Venezuela mejor. Convocar a la unidad de todos los venezolanos detrás de un programa compartido. Organizar a los ciudadanos. Educar en democracia, en tolerancia, en valores cívicos y éticos. Trazar caminos de progreso. Organizar a los ciudadanos para alcanzar las metas. Educar para la convivencia y la civilidad. Apostar a una estrategia inteligente para salir de un gobierno que ha hecho mucho daño y sustituirlo por un gobierno que encarne los valores que el actual gobierno ha maltratado y desconocido.

No a la violencia, no a la desesperanza, no a la resignación. Los venezolanos esperamos una convocatoria positiva, ilusionante, esperanzadora. Vamos a luchar por la tierra prometida. Ojalá surjan líderes políticos y organizaciones políticas que nos convoque a la grandeza, que nos saquen de la mediocridad, que podamos superar los insultos y la diatriba y avanzar con paso firme y resuelto hacia una Venezuela unida, prospera, feliz y optimista. Todo eso podemos lograrlo. ¡Hay que seguir luchando!

La ruta electoral

No existe método más civilizado, inteligente y democrático para dirimir diferencias políticas que la vía electoral.

Desde luego, las partes que concurren a un proceso electoral tienen que tener la seguridad de que el proceso será impecable, transparente, rodeado de todas las garantías que lo hagan verdaderamente representativo de la voluntad popular.

En Venezuela tenemos que hacer un enorme esfuerzo por fortalecer la cultura democrática. En los doscientos años que llevamos como nación independiente, lo que ha prevalecido es el militarismo, la arbitrariedad, el caudillismo. Todavía el espíritu de Carujo anda suelto por estos lares como se acaba de comprobar con la decisión del gobernador del estado Vargas de erradicar el símbolo del civilismo venezolano, el primer presidente civil de Venezuela, el primer rector de la Universidad de Caracas, héroe epónimo de aquel estado, el doctor José María Vargas.

En los últimos meses hemos visto como se han hecho esfuerzos denodados por lograr un desenlace militar a la crisis venezolana. Esfuerzos dirigidos a provocar una acción de la Fuerza Armada Nacional y también, peor todavía, una acción de la Fuerza Armada norteamericana. Siempre dije que ninguna de las dos era probable y que ninguna de las dos era deseable. Las expectativas creadas alrededor de esas opciones fueron muy grandes. La frustración subsecuente también es muy grande.

Los más autorizados voceros del Gobierno norteamericano han planteado que la hipótesis de una acción militar en nuestro país ha sido desechada. Los países asociados en el llamado Grupo de Lima también se han manifestado en contra de una intervención militar del extranjero.

En estas circunstancias ¿qué nos queda a los que queremos salir del Gobierno de Maduro y avanzar hacia una Venezuela moderna? Concentrarnos en la que ha debido ser la primera y la única alternativa: la ruta electoral.

Esto significa que hay que negociar dos cosas y nada más que dos cosas: las condiciones para unas elecciones libres y el cronograma para desarrollar esos procesos electorales que nos devuelvan a un clima democrático.

Uno de los principios fundamentales en una democracia es el de la alternabilidad. En democracia se gana o se pierde. El que gana debe respetar los derechos del que pierde y el que pierde debe acatar civilizadamente el resultado de la voluntad popular.