Elecciones

Esta semana ha sido un tiempo muy vinculado al tema electoral. Elecciones en los Estados Unidos de América e inicio del proceso para las elecciones de Asamblea Nacional en Venezuela.

Estados Unidos es la potencia más grande del mundo. Ha sido además por muchos años líder del llamado mundo libre. Referencia para todas las naciones democráticas del universo. Su proceso electoral en esta oportunidad no ha sido particularmente ejemplar. El tono de la campaña ha sido muy divisivo, muy polarizante, muy orientado a crear fracturas difíciles de recuperar una vez que termine el proceso electoral y se inicie una nueva administración.

A la hora de escribir estas líneas todavía no se conoce el resultado definitivo. El candidato Joe Biden lleva ventaja en el voto popular y también en la votación del Colegio Electoral. Todavía, sin embargo, no ha llegado a los 270 votos requeridos para ser proclamado presidente electo.

El candidato del partido republicano es nada menos que el actual presidente de la nación. Ha hecho gravísimas denuncias cuestionando la pulcritud del proceso electoral tal como podría ocurrir en cualquier república bananera.

Por cierto, merece destacarse el hecho de que ante la amenaza de fraude el candidato Donald Trump hizo un llamado a todos sus partidarios a movilizarse y a participar. Y lo logró. Ha obtenido una votación muy superior a la que pronosticaban las encuestas. En Venezuela, por el contrario, ante la amenaza de fraude, líderes opositores invitan a los ciudadanos a no participar, a abstenerse, a quedarse en sus casas.

Es una manera muy curiosa de enfrentar la muy evidente amenaza de fraude que representa el régimen de Maduro.

Quedarse en la casa no resuelve nada: organizarse militantemente en todos los estados y en todos los circuitos para inundar las mesas electorales con votos contra el gobierno ayudaría mucho a crear un clima que facilite la sustitución del gobierno de Maduro por un gobierno de emergencia económica y social que es lo que está reclamando el interés nacional.

Los que creemos que los problemas de Venezuela y el mundo deben ser resueltos por la vía civilizada del voto popular, hacemos votos porque tanto en Estados Unidos como entre nosotros prevalezca la inteligencia y no la violencia.

Seguiremos conversando.

José Gregorio

¡Qué importante resulta para una nación contar con referencias humanas de alta significación espiritual, moral o intelectual!

José Gregorio Hernández representa para Venezuela justamente esa referencia de elevada significación. Es una referencia para la unidad nacional. Todos los venezolanos, católicos o no, sentimos un orgullo muy grande en ser sus compatriotas.

Nació en un bello pueblo andino llamado Isnotú, en octubre de 1864.

Fue un hombre excepcional. Un médico muy eminente, investigador científico, profesor universitario y, sobre todo, un ciudadano ejemplar y un católico auténtico. Estudió medicina en Caracas, en la UCV. Después de graduarse de médico regresó a su humilde aldea natal para trabajar al servicio de los más pobres, de los marginados. Ejerció la medicina en los tres estados andinos: Táchira, Mérida y Trujillo, estableciendo centros de salud en ellos.

Luego hizo estudios de especialización en las universidades de París y de Berlín, los dos centros de mayor reputación y jerarquía en el mundo científico de aquella época.

Al regresar fue profesor en la Universidad Central de Venezuela, creando allí varias cátedras de medicina, entre otras Bacteriología, la primera en el continente americano. Un profesor que ejerció una influencia muy grande entre sus colegas, sus estudiantes y sus pacientes.

Tuvo tiempo además para publicar una abundante obra científica de gran significación en la lucha contra las enfermedades que tanto afectaban a su pueblo venezolano: tuberculosis, neumonía, fiebre amarilla. Es decir, se trata del ejemplo de un hombre nacido en una familia muy humilde que logra una formación profesional de excelencia no para alimentar su propia vanidad o para enriquecerse personalmente, sino para servir a su pueblo y a su país.

Asume una enorme tarea al servicio de los pobres durante la pandemia de gripe que azotó a Venezuela en 1918. Visita a los enfermos y, en cumplimiento de esa misión, se produce el accidente que termina con su vida. El 30 de julio de 1919 es llevado en hombros de sus estudiantes al paraninfo de la Universidad Central de Venezuela en donde son velados sus restos mortales. Y luego trasladado al Cementerio escoltado por una inmensa multitud de conciudadanos.

La vida de José Gregorio Hernández es una vida ejemplar. Dios mediante estará en los altares a partir del primer trimestre del próximo año.

Seguiremos conversando.

La Política

La política en el mundo está mal. La prueba de que eso es así abunda por todas partes: guerras, inseguridad, hambre, violencia, explotación, terrorismo, tráfico de drogas y de personas, abusos contra la ecología y en contra de la naturaleza. Es decir, son múltiples las demostraciones de que la política, en el mundo de hoy, está muy mal. A quienes quieran trabajar por recomponer la política no me cansaré de recomendarles la lectura de la última carta encíclica de S.S. el Papa Francisco: Fratelli Tutti. Allí nos dice el Papa: “Para muchos la política hoy es una mala palabra, y no se puede ignorar que, detrás de este hecho, están a menudo los errores, la corrupción, la ineficacia de algunas políticas. A esto se añaden las estrategias que buscan debilitarla, reemplazarla por la economía o dominarla con alguna ideología. Pero ¿puede funcionar un mundo sin política?
Mas adelante nos dice: “La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el Bien Común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futuro”. Finalmente nos dice: “Convoco a rehabilitar la política, que es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el Bien Común”. Tampoco anda bien la política en nuestro país. Son muy abundantes las pruebas: hambre, violencia, inseguridad, corrupción, violación sistemática de los derechos humanos. La Conferencia Episcopal acaba de decirlo con meridiana claridad: “El Ejecutivo Nacional ha demostrado su incapacidad para dar respuesta a los grandes problemas nacionales y sus actuaciones tienden a agravarlos. A todas luces aparece que su único objetivo es permanecer a toda costa en el poder, sin importar cuánto sufrimiento traiga eso al pueblo venezolano. Por su parte, los sectores de oposición se muestran divididos y sin presentar una alternativa verdadera de cambio. Tanto el oficialismo como la oposición no presentan un proyecto de país que logre reunir y convencer a la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano de vivir en justicia, libertad y paz. Venezuela reclama a gritos un cambio de actitud en toda la dirigencia política. Habrá que seguir el consejo de San Benito: “ora et labora”. Recemos y trabajemos. Seguiremos conversando.

Gracias a la vida

Así se llama una conocida y muy bella canción de Violeta Parra. ¡Gracias a la vida! Dios mediante, el próximo domingo 18 de octubre cumpliré ochenta años. Es tiempo adecuado para decir ¡gracias a la vida!

Gracias a Dios por haberme invitado al maravilloso banquete de la vida.

 Gracias por haber nacido en esta “tierra de gracia” que es Venezuela y en este tiempo tan cargado de cambios, de sueños, de esperanzas y también de angustias y de preocupaciones.

Gracias por los padres que me diste  y por la familia en la que crecí. Por mis cinco hermanos y por los maestros que me enseñaron tantas cosas buenas.

Gracias por haberme ayudado a graduarme de abogado y por haber podido hacer estudios de postgrado en el exterior: en Holanda y en Estados Unidos.

Gracias por haberme concedido una vida sencilla y austera. Si ningún lujo y sin ninguna carencia. Con lo necesario para una existencia feliz y siempre ilusionado por un futuro mejor.

Gracias por María Isabel, la maravillosa mujer con la que me casé. Ella me dio seis hijos estupendos.

Gracias por tantas y tan maravillosas oportunidades de viajar por diferentes países del mundo y conocer tanta gente interesante. Gracias por haber podido recorrer intensamente toda la geografía venezolana. Disfruté de sus paisajes en Oriente, en las montañas andinas, en el Zulia, en los llanos, en Guayana, en Centro  Occidente y en sus maravillosas y extensas playas. Conocí la geografía física de Venezuela, pero sobre todo, conocí la geografía humana de este país tan extraordinario. Hice muchos amigos y amigas en toda la extensión de nuestro territorio. Amistades que conservo como un preciado tesoro en mi corazón y en mi memoria.

Gracias por los libros, por la música, por las obras de teatro, por la cultura en todas sus manifestaciones.

Gracias por haber sembrado en mi ánimo una vocación de servicio público a la que pude ser fiel a lo largo de los años y a través de muy diferentes circunstancias. Gracias por la ración de deber que sembraste en mi conciencia y por la voluntad que me concediste para cumplir a cabalidad mis obligaciones.

Gracias por mi fe religiosa. Gracias por hacerme cristiano. Por hacerme creer en todo lo bueno y todo lo ejemplar que hay en la vida de Jesús. Gracias por este anhelo de fraternidad que he sentido latir en mi corazón durante todos estos años.

Gracias Señor por todo.

Seguiremos acumulando motivos para el agradecimiento y seguiremos conversando.

Fratelli tutti

Hermanos todos. Es el título de la nueva encíclica que nos regala el Papa Francisco. Aparece este documento en la víspera del día en que la Iglesia celebra al santo Francisco de Asís, de quien tomó el nombre para su pontificado el Cardenal Bergoglio.

El título de la encíclica en italiano y no en latín, como solían ser escritos este tipo de documentos, es tomado de la manera en que el santo de Asís se dirigía a todos los hermanos y hermanas para proponerles una forme de vida con sabor a evangelio.

Creo que la mejor manera de rendirle homenaje a este extraordinario documento que representa una propuesta para un mundo mejor, es reproducir la oración final con la que Francisco cierra su encíclica.

Señor y Padre de la Humanidad que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad, infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.

Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz. Impúlsanos a crear sociedades sanas y un mundo más digno, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Que nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra, para reconocer el bien y la belleza que sembraste e cada uno, para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes, de esperanzas compartidas. Amén

Con esto el Santo Padre concluye su encíclica. La oración es, además, un resumen magnífico del documento. Se trata de un programa de acción para todos los cristianos y hombres de buena voluntad en clave de fraternidad y con dimensión universal.

Leo la carta como ciudadano de un país que sufre amargamente una crisis económica, social, política y moral, pero también como ciudadano de un mundo en el que prevalecen injusticias, guerras, violencias y en el que se niega la dignidad de las personas, de cada una de ellas y del conjunto de ellas.

Fratelli tutti. Hermanos todos. La oración nos dice por qué somos hermanos: porque tenemos un Padre Común, por eso somos hermanos y hemos sido creados con la misma dignidad y estamos llamados a vivir como hermanos.

El Papa pide un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz. Eso es bueno para el mundo entero. Es bueno, particularmente, para Venezuela en donde tenemos que trabajar por crear una sociedad más sana, más digna, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Seguiremos conversando.

Una buena noticia

Acabo de  terminar de leer el informe del Banco Interamericano de Desarrollo “Una mirada a futuro para Venezuela”, elaborado por el Departamento de Países del grupo andino.

El informe está dividido en dos partes: una de diagnóstico y otra de terapéuticas. La primera parte es desoladora. Es increíble la capacidad para la destrucción que han tenido los gobiernos de este país en los últimos veinte años. Esta parte coincide con lo que ya nos había dicho la encuesta de Encovi. La demolición de las instituciones, la crisis económica y social, el surgimiento de las dos peores enfermedades que puede tener una economía: inflación –en el caso venezolano hiperinflación- y recesión. 90% de los venezolanos tiene un ingreso que los ubica en la situación de pobreza y más del 80% en situación de pobreza extrema.

La buena noticia es que en el informe se observa claramente que Venezuela tiene futuro. En efecto, con un nuevo gobierno, con un clima político adecuado, con políticas macroeconómicas razonables, con inversiones abundantes, el país en poco tiempo podrá superar la crisis y retomar el camino del crecimiento y del bienestar de la población.

Un gobierno de emergencia económica y social, de unidad, de inclusión, que merezca la confianza de los inversionistas y, particularmente de los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario, el Banco Mundial, el Banco Interamericano, la Corporación Andina de Fomento y otras instituciones similares, estaría en capacidad de reconstruir la economía venezolana y resolver el drama que representa el colapso de los servicios públicos.

Los venezolanos podremos volver a tener agua y agua de calidad, energía eléctrica, gas doméstico, gasolina, hospitales y servicios de salud pública y privada, educación desde el pre-escolar hasta la educación superior, transporte, seguridad, aseo urbano y todos los servicios propios de una sociedad moderna y bien organizada.

El in forme destaca que Venezuela cuenta con una situación geográfica envidiable, cerca de los grandes mercados y de la mayor economía del mundo que es la economía norteamericana. Destaca también que contamos con todo lo que se necesita para asegurarnos prosperidad y bienestar.

El primer paso es el de lograr un acuerdo para constituir un nuevo gobierno con ideas claras y con amor por Venezuelas y por los venezolanos.

Seguiremos conversando.

Maduro II

En tiempo de la República Civil recuerdo haber oído hablar de un luchador social llamado Nicolás Maduro. Era un militante de la izquierda. Muy comprometido con la lucha contra la corrupción y contra la violación de los derechos humanos. Era también un líder sindical comprometido en la defensa de los trabajadores y de los más pobres.

Por obra de un azar insospechado,  aquel luchador amaneció un día como Presidente de la República. Desde luego,  no tenía ninguna preparación para desempeñar esa alta investidura. De repente se encontró a sí mismo convertido en jefe del estado, jefe del gobierno, comandante de la Fuerza Armada, conductor de la política internacional y jefe de la hacienda pública. Nunca se imaginó que los avatares de la política lo conducirían a esa responsabilidad. Los factores claves fueron la muerte de Hugo Chávez y el favoritismo del gobierno cubano.

 Han pasado algunos años. Ese antiguo  luchador por los derechos de los trabajadores ha dirigido un gobierno que se ha convertido en una fábrica de pobreza y de miseria. Más del 90% de los venezolanos perciben un ingreso que los coloca en situación de pobreza y más del 80% en situación de pobreza extrema, de miseria. Los trabajadores están peor que nunca antes.

La gestión de Maduro se ha traducido en hambre, miseria y desolación. Más de seiscientos cincuenta mil niños venezolanos sufren un cuadro de desnutrición irreparable. Es toda una generación que crecerá con graves deficiencias físicas e intelectuales. La catástrofe de la gestión económica y social de la administración Maduro ha sido inconmensurable.

Hoy, Venezuela es un país arruinado, colapsado y empobrecido.

El joven luchador contra la corrupción ha terminado presidiendo el gobierno más corrupto de la historia venezolana.

El joven luchador contra la violación de los derechos humanos, ha terminado dirigiendo un gobierno que ha hecho de la violación de los derechos humanos su modo de gobernar. El informe de la Comisión de las Naciones Unidas que ha investigado el caso venezolano no puede ser más elocuente al respecto.

A Maduro no le queda sino una oportunidad. Hacerse a un lado y contribuir en la formación de un gobierno de transición que sustituya su administración y enfrente la emergencia económica, social y moral para el rescate de Venezuela.

Definiciones Ingenuas

No por ingenuas son menos importantes. Hay definiciones en la vida que señalan un camino. Entre el amor y el odio, preferimos el amor que vivifica y alegra y no el odio que envilece y deprime. Venezuela necesita más amor y menos odio.

Entre la paz y la guerra, preferimos la paz. Paz con justicia y fraternidad. Aborrecemos la guerra que mata y que destruye.

Entre la inteligencia y la violencia preferimos la inteligencia que es lo superior del género humano y no la violencia que obedece a los instintos más primitivos.

Entre los puentes y los muros preferimos los puentes que acercan a la gente y no los muros que separan y dividen.

Entre el perdón y la venganza preferimos el perdón que libera y no la venganza que amarga y destruye.

Entre la unión y la división preferimos la unión. Venezuela necesita reconstruir un sentimiento de unidad Nacional. Construir un Proyecto Nacional capaz de convocar el esfuerzo unitario de todos los venezolanos y capaz de lograr el bienestar de todos los venezolanos. Menos odio y más amor. Menos insultos y más armonía. Menos confrontaciones inútiles y más cooperación entre todos.

Entre el progreso y el retroceso apostamos por el progreso. Hay muchos que recuerdan con nostalgia el pasado. Nosotros preferimos trabajar con ilusión por el futuro. Construir una Venezuela moderna, democrática, con una economía floreciente, con empleo para todos, con buenos salarios y sin inflación, con justicia social, igualdad de oportunidades, sin corrupción, con servicios públicos eficientes: salud, educación, agua, energía eléctrica, gasolina, gas doméstico, seguridad, transporte, aseo urbano, protección del medio ambiente, etc. Sobre todo, salud, educación y buenos salarios.

Entre la esperanza y el desaliento apostamos por la esperanza que le da sentido a nuestras vidas. Rechazamos el desaliento y el pesimismo que nos condenan a la tristeza y a la inacción. Vienen tiempos mejores para Venezuela y para los venezolanos.

Entre el abrazo y la distancia social, preferimos el abrazo aunque entendemos las razones para el distanciamiento social.

Entre votar y no hacer nada preferimos votar. No está en nuestra naturaleza cruzarnos de brazos frente a la tragedia que vivimos. Hay que votar, aunque sea con un pañuelo en la nariz. Pero, hay que votar para cumplir con un deber y para ejercer un derecho.

Seguiremos conversando.

¡Hambre!

Nada hay más importante en la actualidad nacional que ocuparse del sufrimiento de la gente venezolana. Lo que estamos padeciendo es una crisis descomunal que se traduce en hambre, miseria y desolación. Mientras el liderazgo político discute y se pelean por una botella vacía. La gente sufre la falta de servicios públicos, la falta de dinero para atender las necesidades más fundamentales y la falta de atención a los niños, a los viejos y a los sectores más vulnerables.

Es insólito que el gobierno se empeñe en perpetuarse en el poder sabiendo que por su culpa la gente padece hambre, miseria y desolación. Es insólito que el gobierno no tenga conciencia de que su principal obligación es la de servir a la superación de la crisis económica y social, agravada por la crisis política, por la pandemia del Covid 19 y por el colapso de los servicios públicos.

El gobierno y la oposición deberían estar conversando acerca de la necesidad de constituir un nuevo gobierno, un gobierno de unidad nacional, de inclusión. Un gobierno con gente competente para abordar los temas que hacen sufrir a la gente venezolana. Un gobierno con posibilidad de negociar con los organismos financieros internacionales para conseguir los créditos que se necesita para la recuperación de la economía venezolana.

Las cifras del informe de Encovi son alarmantes. 96% de los venezolanos tienen un ingreso que los coloca en situación de pobreza. Más del 80% tiene un ingreso de pobreza extrema, es decir, en situación de miseria. 650.000 niños venezolanos menores de 5 años sufren de desnutrición. Niños venezolanos que tienen derecho a crecer bien alimentados, con salud y con buena educación y que van a tener que resignarse a una vida sin horizontes,  por las miserables condiciones de vida que les depara el país.

Y, mientras tanto, el liderazgo político se entretiene en pleitos inútiles e infecundos. Treinta millones de venezolanos están reclamando un liderazgo más serio, más responsable, más consciente de la terrible crisis que vivimos y de sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo, más solidario con el sufrimiento colectivo.

Debe darse por cancelada la cultura de la confrontación y abrir espacio a una cultura del diálogo serio y civilizado para atender el reclamo de la gente y para resolver la crisis económica y social. Seguiremos conversando.

Todo, algo o nada

Para resolver la crisis venezolana no hay soluciones mágicas. Algunos todavía acarician la idea de que esto se resuelve con un golpe militar. Esa hipótesis no es probable ni aconsejable. Los golpes no resuelven sino que agravan. Venezuela ha sufrido mucho, a lo largo de toda su historia, de ese mito según el cual los golpes militares son solución a nuestros problemas.

Dentro de este mismo grupo de los que apuestan por una solución mágica hay los que creen que la crisis venezolana podría resolverse al estilo de lo que ocurrió en Panamá en tiempos de Noriega. El señor Trump viene, pone preso a Maduro y problema resuelto. De nuevo les digo, esa hipótesis es nada probable y nada deseable. No resuelve la crisis sino que la agrava.

Mi experiencia algo vale en este asunto. Recuerdo que en 1992 oí a mucha gente decir que si sacábamos a Carlos Andrés de Miraflores todos los problemas del país quedarían resueltos. Sacaron a Pérez de Miraflores y los problemas no se resolvieron sino empeoraron.

Después escuché a mucha gente decir que bastaba con salir de Chávez por cualquier medio para que todos los problemas de Venezuela se resolvieran. No fue necesario utilizar medios prohibidos. La Providencia Divina se ocupó del asunto. Chávez se fue y los problemas de Venezuela lejos de haberse resuelto se agravaron exponencialmente.

Ahora me dicen que basta con que los gringos se lleven a Maduro para que todo se arregle. Las experiencias anteriores y el sentido común me hacen ser muy escéptico. Venezuela tiene que encontrar su propio camino. Las tragedias de Siria, de Irak, de Libia, de Afganistán y de tantos otros países me obligan a ser muy precavido. Pero lo que más me influye es la convicción de que esa hipótesis no es probable ni deseable.

Un segundo grupo propone no hacer nada. Abstenerse y quedarse en la casa esperando a que ocurra algún milagro.

Hay un tercer grupo que es el de los que queremos hacer algo. Queremos salir de Maduro por la calle real, por la vía electoral, por la vía inteligente, democrática y civilizada y estamos dispuestos a recorrer ese camino a conciencia de lo duro que es y de lo infinitamente tramposo que es el gobierno. El objetivo es aprovechar la rendija electoral que se nos abre para denunciar al gobierno y para derrotarlo. Contra una avalancha electoral no hay trampa que valga.

Seguiremos conversando.

Punto de vista

Vendrán tiempos mejores. Más temprano que tarde Venezuela y los venezolanos viviremos tiempos de alegría, de unión, de progreso, de justicia, de bienestar y de democracia. La pandemia del coronavirus pasará. El socialismo del siglo XXI con todas sus nefastas consecuencias también pasará y amanecerá una nueva y resplandeciente oportunidad para todos los que hemos tenido el privilegio de nacer en esta tierra de gracia y para todos los que han escogido vivir, trabajar, luchar, sufrir y gozar con nosotros.

Estamos viviendo una hora muy oscura, pero “si sobrevives -como dijo el poeta Andrés Eloy Blanco- será tu tiempo el tiempo de la verdad triunfante.”

Nuestra tarea es convocar la unidad de todos los venezolanos. Unidad que sólo es posible alrededor de un gran sueño, alrededor de un programa compartido. Ese programa, desde mi punto de vista, debe contemplar cinco aspectos fundamentales: democracia política, progreso económico, igualdad social, valores éticos y servicios públicos eficientes que nos permitan a todos vivir decentemente y disfrutar un ambiente de paz y de convivencia.

Ese es el programa que propone la tarjeta Unión y Progreso. En momentos estelares de nuestra historia los venezolanos hemos demostrado capacidad para entendernos y para progresar. Así ocurrió, por ejemplo, a la muerte del general Juan Vicente Gómez. El programa de febrero de 1936 presentado por el presidente López Contreras fue una convocatoria a la unión y al progreso de todos los venezolanos.

La constitución de 1947 fue una nueva invitación a la unidad de los venezolanos para luchar por la democracia, por el progreso económico, por la justicia social, por la erradicación de la corrupción administrativa y por la conquista de un ambiente de convivencia civilizada.

El Pacto de Punto Fijo en 1958 representa otra de esas oportunidades en las que los venezolanos fuimos capaces de atender un llamado a la unidad detrás de un programa compartido en medio de las diferencias propias del pluralismo democrático.

Hoy suenan de nuevo las trompetas que nos convocan a la unidad nacional. Veinte años de graves errores, de confrontaciones inútiles y pleitos infecundos nos han conducido a una situación deplorable y catastrófica. Es la hora de pensar más en Venezuela y en el sufrimiento de los venezolanos que en las agendas partidistas y en las ambiciones personales. Venezuela necesita unión y progreso.

Seguiremos conversando.

Mi posición

San Pablo nos aconsejaba insistir en la verdad “con ocasión y sin ella”.
Yo quiero insistir en “mi” verdad. Creo que no hay asunto más importante para los venezolanos de este tiempo que atender la espantosa crisis económica y social que está sufriendo la familia venezolana. El hambre, la desnutrición, la pobreza, el desaliento y la miseria que han provocado las políticas equivocadas del “socialismo del siglo XXI” tienen que ser el objeto de nuestra primera y mayor preocupación. Nada hay más importante que la gente, que las personas, que los hombres y las mujeres que sufren las consecuencias de la crisis.
Para resolver esa crisis económica y social hay que producir un cambio de gobierno.


Superar la crisis económica requiere de muchas inversiones y de mucho apoyo de los organismos de financiamiento internacional y este gobierno no puede conseguir ninguna de los dos.


El cambio de gobierno para que sea eficaz debe ser resultado de un proceso pacífico, democrático, institucional y, ojalá, consensuado. Un cambio traumático y violento no resolverá la crisis. Al contrario, la agravará.


Venezuela y los venezolanos necesitamos con urgencia la presencia de una alternativa democrática seria, merecedora de la confianza de los ciudadanos, inspirada por el servicio al más alto interés nacional. Es un escándalo la fragmentación, la división y la atomización de las fuerzas que deberían representar esa alternativa democrática.


Por eso, insisto una vez más en que frente a la actual crisis política no queda espacio sino para dos fuerzas políticas: los partidarios del gobierno y los partidarios del cambio. Todos los que apostamos por el cambio político debemos estar unidos bajo una dirección compartida, con un mensaje ilusionante, con una organización eficiente, con una estrategia inteligente y con un propósito único: servir a Venezuela y a los venezolanos.
Por eso he recomendado que frente a cualquier evento electoral, la fuerza del cambio se presente con una tarjeta única. No es tiempo para ambiciones partidistas o para proyectos personales. Es la hora de la Unidad Nacional. Como han dicho los obispos venezolanos: “la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo del gobierno.”

Seguiremos conversando.

Los Obispos

Hablaron los obispos venezolanos. Con claridad y contundencia. Como siempre. Me siento plenamente interpretado por mis pastores. Una voz que orienta a creyentes y no creyentes y que ilumina el camino a recorrer.

Comienzan hablando del tema central de nuestro tiempo: el sufrimiento del pueblo venezolano. Todos tenemos que aportar para aliviar y superar ese sufrimiento.

En seguida la declaración destaca la vocación democrática del pueblo venezolano. “La vía electoral es la manera pacífica y racional para resolver los ingentes problemas que padecemos”.

Categóricamente descartan cualquier salida fuera de la institucionalidad democrática. Es un no rotundo a la tentación golpista y a la invasión extranjera. No a la violencia. Sí a la inteligencia. «Es necesario celebrar elecciones libre, justas e imparciales… que respete al voto ciudadano.”

“Somos conscientes de las irregularidades que se han cometido” dicen:  “desde la designación de los directivos del CNE, la confiscación de algunos partidos políticos, inhabilitación de candidatos, amenazas, persecuciones y encarcelamiento de dirigentes políticos, el cambio del número de diputados y de circunscripciones electorales.” “Resulta inmoral cualquier maniobra que obstaculice la solución política y social de los verdaderos problemas del país.”

No basta promover la abstención, hay que buscar salidas y generar propuestas. “La sola abstención hará crecer la fractura político-social en el país y la desesperanza ante el futuro.” La decisión de abstenerse “priva a los ciudadanos del instrumento válido para defender sus derechos en la Asamblea Nacional…lleva a la inmovilización, al abandono de la acción política y a renunciar a mostrar las propias fuerzas.” Los obispos nos recuerdan que la abstención en el 2005 no tuvo ningún resultado positivo y, agrego yo, muchos negativos.

“A pesar de las irregularidades, la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo de parte del gobierno.”

Hablaron los obispos. Cumplen su deber de promover el Bien Común y de servir al pueblo sufriente. Ojalá ahora hablen otros factores importantes de la vida nacional. Empresarios, trabajadores, gremios profesionales, academias, partidos políticos. Si todos seguimos las recomendaciones de nuestros obispos podríamos estar asistiendo a una avalancha electoral a favor del cambio, el progreso y la justicia.

Seguiremos conversando.

¿Quiénes somos?

Somos venezolanos que queremos lo mejor para Venezuela. Lo mejor para cada una de las familias venezolanas. Queremos que la gente tenga comida, especialmente los niños y las madres. Queremos que tengan agua de buena calidad y que tengan luz eléctrica. Queremos que tengan trabajo y salarios adecuados y suficientes para atender las necesidades del grupo familiar. Queremos que tengan gas doméstico y gasolina. Queremos que tengan salud y educación. Queremos que dejen de tener inflación e inseguridad.

En fin, queremos que tengan todo lo que se necesita para vivir una vida digna y confortable y para recuperar la esperanza y la ilusión de ofrecerles una vida mejor a sus hijos y a sus nietos.

Por eso estamos en política. Porque entendemos que la política es una vocación para servir al país, para servir al Bien Común. Para trabajar por la felicidad de la gente, de los ciudadanos, de cada una de las familias.

Sabemos que para lograr lo mejor para Venezuela y para los venezolanos hay que salir de Maduro y de su gobierno. Ellos no solamente son los responsables del sufrimiento de los venezolanos sino que, mientras permanezcan en el poder, ese sufrimiento no sólo es que no se va a resolver, sino que se va a agravar.

Un alto interés nacional aconseja cambiar el gobierno. Ese mismo interés nacional aconseja que ese cambio sea pacífico, democrático, civilizado, electoral y, si posible, consensuado.

No nos gusta la violencia, no nos gustan los golpes militares, ni las invasiones extranjeras. No nos gusta que se derrame más sangre de ciudadanos de la que ya se ha derramado. Rechazamos el odio y la venganza. Preferimos el amor, la paz, el perdón y la justicia.

Sabemos que para cambiar al gobierno no existen sino dos caminos: la violencia o la ruta electoral. Sabemos de todas las trampas electorales que practica el gobierno. DE todas maneras preferimos la ruta electoral. Sabemos que la inmensa mayoría de los venezolanos quiere cambiar al gobierno y prefiere que sea por una vía pacífica.

Por eso estamos poniendo a la orden los venezolanos una tarjeta no comprometida ni contaminada: la tarjeta de Unión y Progreso.

Esa tarjeta está a la orden de todos los venezolanos que quieran contribuir a trabajar eficientemente por Venezuela y por su gente, por la democracia y la justicia.

Seguiremos conversando.

Derrotar al gobierno

Hace años que digo que en Venezuela no hay sitio sino para dos grandes partidos. El partido que respalda al gobierno, cada día más disminuido, y un gran partido que agrupe a  todos los que queremos cambiarlo.

Lo que no ayuda para el cambio, es la incapacidad de nuestro liderazgo de poner los intereses del país por encima de los intereses sectarios.

Líderes autoritarios han contado al comienzo con apoyo popular y mientras dura ese apoyo, convocan elecciones.  Pero cuando pierden ese apoyo, se sostienen por la fuerza y desprecian las elecciones y a toda la institucionalidad democrática.

Las dictaduras se mantienen cuando la coalición de fuerzas que las sostienen es más fuerte que la fuerza que quiere cambiarlas y caen cuando esa coalición se quiebra.

Quebrar la coalición dominante requiere estrategia. La historia ha demostrado que no hay nada que contribuya mejor para romper la coalición dominante y lograr el fin de la dictadura, que participando en las elecciones, siempre llenas de ventajismo y arbitrariedad, que ella convoca.

Pinochet convocó un plebiscito seguro de que lo ganaba. La oposición peleó, elaboró un mensaje, articuló y motivó a la población y ganó.

En Polonia el régimen comunista llamó a elecciones parlamentarias reservándose el 67% de los cargos a elegir. Un líder sindical, Lech Walesa, decidió participar a pesar de todo el ventajismo oficial y derrotó al gobierno en esas elecciones.

En Perú Fujimori convocó elecciones fraudulentas, la oposición participó y ganó.

Evo Morales convocó elecciones violando la constitución, la oposición participó, Morales intentó un fraude y tuvo que abandonar el poder.

Los ejemplos son muchos y no hay uno donde a partir de abstenerse se haya logrado algo.

Nada sería más efectivo para salir del gobierno que 12 millones de personas votando. EL gobierno lo sabe y por eso trata de todas las maneras, que la gente no vote. Las encuestas dicen que la gente no quiere votar.

La única forma de cambiar esa tendencia es que todo el liderazgo nacional se olvide de sus agendas parciales y  construyamos juntos una plataforma electoral con una tarjeta única.

En ese esfuerzo, un grupo de venezolanos nos hemos comprometido con la tarjeta Unión y Progreso. No es un nuevo partido, sino un instrumento que pretende servir, para que esa voluntad mayoritaria que hay en el país, se pueda expresar de forma contundente contra el gobierno.

Seguiremos conversando.

Unión para el Progreso

El señor Cardenal, Arzobispo de Caracas, Baltazar Porras lo ha dicho con palabras llenas de autoridad y de razón. Las elecciones son muy importantes, pero no pueden tener prioridad frente a la amenaza que representan para la salud del pueblo la pandemia y el hambre al que ha condenado a la inmensa mayoría de los venezolanos la política del gobierno nacional.

En caso de que haya elecciones, me dice la gente, quisiéramos ejercer nuestro derecho y cumplir nuestro deber de votar, pero no sabemos por quién votar. Quieren votar contra el gobierno, pero no lo quieren hacer por partidos que parecen instrumentados por éste para servir sus intereses políticos. Con razones perfectamente comprensibles no sienten que votan contra el gobierno si lo hacen por partidos intervenidos por el TSJ con direcciones nacionales colocadas por él. Parece muy difícil que los venezolanos que anhelamos un cambio podamos votar por los candidatos postulados por Copei, AD, PJ y VP cuando sus direcciones nacionales han sido designadas por el gobierno de Nicolás Maduro.

Muchos amigos de diferentes partes del país me llaman para decirme que ellos quieren votar. Entienden que no hay otra alternativa, pues asumimos la ruta electoral con todas las dificultades que nos opone el gobierno o nos resignamos a quedarnos en nuestras casas contemplando como se perpetúa el régimen en el poder.

Todo esto por supuesto en el entendido de que podamos hacer elecciones en un país acosado por la pandemia, por el hambre y por servicios públicos colapsados.

Así las cosas, conozco de esfuerzos que están haciendo un grupo de venezolanos, preocupados por el destino de la democracia venezolana, para presentar una tarjeta no contaminada por las maniobras del gobierno para llevar a la Asamblea Nacional gente honesta, competente y representativa de todos los estados. Veo con mucha simpatía esa iniciativa.

Esa tarjeta tiene un compromiso programático: defensa de la democracia y de la libertad. Compromiso de recuperación económica y de Justicia Social. Valores éticos y principios morales contra la corrupción y, por supuesto, la sustitución del gobierno de Maduro lo más pronto y lo más democráticamente posible.

Esa tarjeta convoca a la participación de todos los venezolanos que apuesten por la recuperación democrática y económica del país. Sin sectarismos de ningún tipo y sin exclusiones odiosas.

Seguiremos conversando.

Enchiquerados

El gobierno sabe que la inmensa mayoría de los venezolanos queremos un cambio político. Queremos salir de un gobierno que solo produce hambre y desolación. Queremos un gobierno nuevo lo más pronto posible. Por eso ellos no quieren que el pueblo vote. Conocen las encuestas.


Saben que si el pueblo vota pierden. Por eso se dedican a “enchiquerar” el proceso electoral. Hacen todas las maniobras para ensuciar el proceso y para desanimar a los electores: Ponen al TSJ a elegir el CNE. Intervienen arbitrariamente a los partidos políticos. Inhabilitan tarjetas, dirigentes políticos y partidos. Aumentan el número de diputados a elegir violando la Constitución Nacional e inventan la figura de los diputados nacionales no prevista en la Constitución. Abusan de su poder en los medios y de las cadenas. Y encima, hacen que, en cadena de radio y televisión, el general Ministro de la Defensa, responsable del Plan República, arremeta contra uno de los principios fundamentales del sistema democrático: el principio de la alternabilidad republicana, justo en la fecha para evocar la unidad de la nación venezolana: el día del aniversario de nuestra independencia.


La principal tarea de la Fuerza Armada Nacional es defender la soberanía nacional, soberanía que reside en el pueblo. Nuestra Fuerza Armada debe ser garante del cumplimiento de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que dice en su artículo sexto: “El gobierno de Venezuela es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”.


Todo lo que hace el gobierno es fomentar la abstención y desacreditar la ruta electoral que es la única vía que existe para cambiar al gobierno de una manera democrática y civilizada.


El gobierno no quiere que el pueblo vote y una buena parte del pueblo, frustrado por tantos engaños, ha terminado perdiendo la fe en la lucha democrática.


Si la mayoría que quiere cambio llena los centros de votación en rebeldía cívica y sale de ellos con el 100% de las actas, este gobierno cae.


Los partidos tendrían que desprenderse de sus tarjetas partidistas para postular una tarjeta única y abrir espacio a los candidatos más representativos.
¿Serán capaces?


El 80% de los venezolanos que hoy viven en situación de pobreza extrema, los obliga.


Seguiremos conversando.

Dramática Realidad

Nada es más grave y más urgente de atención en la Venezuela de nuestros días que el sufrimiento de los venezolanos. Nada más apremiante que lograr la constitución de un gobierno de emergencia para atender la crisis económica y social. Es inaplazable la constitución de un gobierno de profesionales y técnicos que logre resolver los problemas de hambre y de desolación que está padeciendo la población venezolana. Un gobierno que pueda entablar negociaciones con los organismos financieros internacionales, que nos permitan contar con los recursos para superar la crisis.

Acaba de aparecer la encuesta de ENCOVI del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bellos bajo la dirección de Luis Pedro España y Anitza Freitez. Los resultados no pueden ser más desoladores y más alarmantes. Ocho de cada diez venezolanos están viviendo en una situación de pobreza extrema. Lo único que aumenta en Venezuela hoy es el hambre, la desnutrición, la pobreza, la miseria y la desolación. Más de 22 millones de venezolanos se encuentran en situación de pobreza extrema, es decir, en condiciones de miseria.

Nunca antes Venezuela había vivido una situación tan dramática. Las cifras de ENCOVI indican que nuestra situación es sólo comparable con lo que ocurre en los países más pobres de África: Nigeria, Chad, Congo y Zimbabwe.

Entre el año 2013 y el año 2019 la caída del producto interno fue del 70% y tuvimos un proceso de hiperinflación que destruyó el salario, el ingreso familiar y el poder de compra de la familia venezolana. El ingreso promedio diario ha bajado a niveles insólitos: setenta y cinco centavos de dólar.

Somos el segundo país con mayores niveles de desigualdad en América Latina.

Cuando en el mundo entero aumenta la expectativa de vida en Venezuela disminuye. La desnutrición infantil es escandalosa. También aumenta la mortalidad infantil. El consumo de proteínas representa el 34% de lo que debería ser. Aumenta la deserción estudiantil en proporción alarmante.

El gobierno del señor Maduro no sólo es que no está en capacidad de resolver la crisis sino que cada día que Maduro esté en Miraflores la situación se hará más grave.

Hace falta construir un gobierno nuevo lo más urgentemente posible y lo más democráticamente posible.

Seguiremos conversando.

Unión Nacional

Una de las tareas más importantes que tenemos que abordar los venezolanos es la de recomponer el sentimiento de Unidad Nacional.

El chavismo tuvo como objetivo estratégico, desde el primer día, dividir a la familia venezolana. Dividirnos entre revolucionarios -los que apoyan el gobierno- y contra revolucionarios -los que adversamos al gobierno. Dividirnos entre los de la cuarta y los de la quinta. Entre los ricos y los pobres. Entre los amigos del pueblo y los enemigos del pueblo. La consigna fue siempre la división.

Esa cultura de la división terminó permeando a todos los sectores de la vida nacional. También en las filas de la oposición surgió el fenómeno de la división de las opiniones, de las ambiciones y de los proyectos partidistas o personales.

Ahora nos toca trabajar por recomponer la unidad nacional. “Reino dividido no prevalecerá” dice la Sagrada Escritura (Mc 3,24). En efecto los que han tenido éxito y han sido capaces de construir un elevado nivel de vida a sus habitantes han sido países en donde ha prevalecido el acuerdo, el consenso y la solidaridad y no el odio y la división.

En la democracia, por definición, existen diversos puntos de vista y deben competir diversos intereses económicos, políticos o sociales. El pluralismo y el debate cívico son consustanciales a un régimen de libertades. Lo importante es no perder de vista que hay temas en los cuales por encima de las visiones parciales debe prevalecer el interés nacional.

Temas como la defensa de la soberanía nacional y de la integridad territorial; la defensa de la Constitución Nacional como expresión del Pacto Social entre todos los ciudadanos para garantizar la convivencia pacífica y civilizada; el diseño de un programa mínimo común que asegure a todos los ciudadanos bienestar económico y social.

No es alrededor de un caudillo o de un partido político o de una alianza de partidos que se debe trabajar por la unidad. Es alrededor de un programa, de un compromiso de luchar unidos por asegurar el progreso institucional, económico, social, cultura y ético de la sociedad.

En el Centro de Políticas Públicas Ifedec estamos trabajando en la dirección de promover un movimiento de Unión Nacional cuyo objetivo fundamental sea trabajar por la unidad de los venezolanos y por sustituir la cultura de la confrontación por una cultura de la cooperación.

Seguiremos conversando.

Tomás Moro

El lunes pasado, 22 de junio, se conmemoró en el calendario de la Iglesia Católica el día de Santo Tomás Moro “patrono de los estadistas y de los políticos”.

En esta hora de tanto desprestigio de la actividad política en Venezuela y en el mundo entero es bueno recordar la figura de un político admirable y venerable como lo fue Tomás Moro.

Moro nació en Londres en 1478 y murió en la misma ciudad en 1535, víctima de una sentencia de muerte producida por su lealtad a los principios y por la consecuencia con sus convicciones religiosas.

Nos dejó varias lecciones. En primer lugar, el estudio. Un estadista, un político no puede pretender ejercer ese elevado apostolado sin hacer un esfuerzo por su formación y por su preparación. Tomás Moro fue un abogado, filósofo, autor de obras fundamentales como Utopía en donde desarrolla en una isla imaginaria sus ideas acerca de lo que debía ser un sistema político ideal.

Fue amigo muy cercano, consejero y canciller del Rey Enrique VIII. Pero entendió que por encima de la amistad y de los cargos, honores y privilegios que puede deparar la vida pública está la defensa de los principios y de las convicciones.

Tomás Moro se opuso a la reforma protestante que estaba en boga en su tiempo y se opuso también a la separación que promovía su amigo y protector Enrique VIII de la nación inglesa de la Iglesia Católica. Se negó a reconocer la pretensión del rey de proclamarse como Jefe de la Iglesia en Inglaterra, desconociendo la autoridad del Papa y se negó a consentir en la anulación del matrimonio del rey con su esposa Catalina de Aragón.

Enrique VIII pretendió que Tomás Moro prestara juramento de supremacía, como se llamó al reconocimiento del rey como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, y éste se negó a conciencia de que con esa negativa estaba arriesgando su propia vida. En efecto, fue condenado por traición y ejecutado.

En el momento de su ejecución se le escuchó decir: “Muero como un leal servidor del rey, pero primero de Dios”.

El papa Pío XI lo canonizó en 1935 como mártir de la iglesia y el papa Juan Pablo II lo declaró Santo Patrono de los estadistas y de los políticos.

Tomás Moro creyó que la política era una forma excelsa de la caridad, es decir, del amor al prójimo. Y así la practicó. Ojalá el ejemplo de Tomás Moro nos de muchos políticos sabios y santos.

Seguiremos conversando.

Optimismo

A pesar de esta terrible crisis Venezuela tiene futuro. Una vez que cambien las circunstancias políticas y tengamos un nuevo gobierno, debemos aprovechar nuestras ventajas competitivas y comparativas. Trataré de mencionar diez motivos para el optimismo.

  1. Ubicación geográfica. Somos un país caribe, atlántico, amazónico y andino. Estamos cerca de la más poderosa economía del mundo: los Estados Unidos que, históricamente, ha sido nuestro principal socio comercial y podría volver a serlo.
  2. Calidad de recursos humanos. Venezuela cuenta con gente muy preparada en todas las materias que importan para el desarrollo y el progreso. Hemos sufrido una dolorosa fuga de cerebros, pero estoy seguro de que con un cambio de gobierno muchos regresarán con gusto a servir al país.
  3. Venezuela sigue contando con un enorme potencial petrolero. Con buenas políticas recuperaremos la industria y con buenas inversiones lograremos ser de nuevo una referencia en el mundo de los hidrocarburos.
  4. Igual pasa con los recursos mineros de Venezuela que son enormes.
  5. Desarrollo industrial. El socialismo del siglo XXI ha destruido el aparato industrial venezolano. Tendremos la oportunidad de reconstruir los polos de desarrollo industrial de todo el país. Un desarrollo industrial con las últimas y más sofisticadas tecnologías.
  6. El potencial agropecuario de nuestro país es inconmensurable. Con un nuevo gobierno, con políticas apropiadas y con sentido común Venezuela puede producir alimentos para satisfacer el mercado interno y para exportar.
  7. Turismo. La gran riqueza de Venezuela, hasta ahora no explotada, es el turismo. Genera divisas y genera empleo. Las posibilidades son enormes.
  8. Recursos hidrológicos. A Fidel Castro le escuché decir en alguna oportunidad que él envidiaba mucho el petróleo de Venezuela, pero que más todavía envidiaba los recursos hidráulicos con que contamos.
  9. Potencial eléctrico. Sin electricidad no hay desarrollo. Venezuela tiene recursos eléctricos para satisfacer el mercado interno y para exportar.
  10. Infraestructura. A pesar de todos los esfuerzos que ha hecho el gobierno por destruir nuestra infraestructura física, el país siguen contando con una base importante para su progreso y su desarrollo

Por eso es importante que tengamos un nuevo gobierno lo más pronto posible y al menor costo posible.

Maduro

Recuerdo haber leído una frase del gran poeta chileno, Pablo Neruda, que decía: “¡Qué sobrecogedor resulta para un poeta sentirse depositario de la confianza y de las esperanzas de un pueblo!”

Nicolás Maduro no es poeta. Está muy lejos de ser Pablo Neruda. No es tampoco depositario de la confianza ni de las esperanzas de su pueblo. Todo lo contrario. Pero Maduro tiene en sus manos la posibilidad de encender de nuevo las esperanzas de un pueblo. Nadie como él está en capacidad de convocar a todos los sectores nacionales para abordar el cambio que el país necesita y que los venezolanos reclaman.

El presidente Maduro tiene que tener conciencia del terrible sufrimiento y la insondable desesperanza que está sufriendo el pueblo venezolano. Tiene que saber, además, que mientras él permanezca en Miraflores los problemas que afectan a todos los venezolanos, particularmente a los más vulnerables, a los más pobres, no se resolverán y, por el contrario, se agravarán cada día más.

 Maduro comparte con quien fue su jefe y sigue siendo su fuente de inspiración, Hugo Chávez Frías, la responsabilidad principal de la catástrofe política, económica, social y ética que está sufriendo Venezuela. Esta catástrofe tiene más de un cuarto de siglo. Se inició el 4 de febrero de 1992 y cada día se agrava más.

Hoy Nicolás Maduro tiene en sus manos la posibilidad de convocar a todos los sectores que influyen en la vida nacional par aun diálogo que tendría solamente dos puntos: formación de un gobierno de emergencia nacional que esté en condiciones de enfrentar la crisis y de aliviar el sufrimiento de la gente venezolana y, en segundo lugar, un gran acuerdo de gobernabilidad para los próximos veinte años.

Gobierno de emergencia, de unidad nacional, de inclusión. Un nuevo gobierno capaz de generar confianza dentro y fuera de Venezuela para salir de la hiperinflación, de la recesión, del hambre, de la pobreza, de la miseria y del desaliento.

Un acuerdo nacional para abordar los temas relativos a la reconstrucción de la arquitectura institucional democrática del país y a la construcción de una economía auto sostenida y diversificada que contribuya a financiar el bienestar de todos las familias venezolanas.

Maduro está a tiempo de inscribir su nombre en la parte buena de la historia venezolana.

Seguiremos conversando.

Exhortación Apostólica

Encuentro que todos los documentos emanados de la Conferencia Episcopal Venezolana son muy importantes. Todos están inspirados por el más auténtico espíritu evangélico y apostólico. Los obispos son testigos de la verdad y actúan al servicio de la feligresía confiada a su cuidado.

Hay, sin embargo, oportunidades en las que me parece que nuestros pastores han estado particularmente inspirados. Tal es el caso de la última exhortación apostólica.

Citaré algunos párrafos que se expresan con sobrada elocuencia sin necesidad de comentarios adicionales. Desde luego recomiendo su lectura completa.

Dicen los obispos: “Los venezolanos estamos viviendo una dramática situación de dolor, violencia y sufrimiento moralmente intolerable. La presencia de la pandemia no ha hecho sino poner en evidencia las múltiples carencias que sufre el pueblo y la incapacidad de dar respuestas adecuadas.”

“Se escucha un inmenso clamor que sube al cielo ante el desamparo de millones de hombre y mujeres sin recursos económicos, sin comida, sin medicina, sin trabajo, sin servicios adecuados de electricidad, agua, transporte, gas doméstico y combustible.” “Nuestro pueblo, todo, sin distinción, está inmerso en una cadena de calamidades.”

“El país está cerca de una quiebra económica de grandes proporciones.”

A la luz de estas realidades la Conferencia afirma: “Es inaceptable que continúe la situación que vivimos. Urge una acción de gran calado, una sacudida ética y una convergencia político-social que nos encauce hacia el deseo común: un cambio fundamental.”

“No es eliminando al que piensa diferente que se saldrá de esta crisis, sino incluyendo en la búsqueda de soluciones concertadas a todos los factores políticos y a las distintas instituciones que hacen vida en el ámbito nacional.”

“Tenemos que lograr el cambio sin violencia y en paz. Urge lograr la reconciliación y el perdón construyendo caminos de justicia y vida.”

Termina la exhortación diciendo: “Llamamos pues, escuchando a nuestro pueblo, a un acuerdo nacional inclusivo de largo alcance que salve a Venezuela de la gravísima crisis en la que se encuentra sumergida y a iniciar procesos para rescatar y recuperar el país social, política y económicamente.”

Pide  que “acompañemos la búsqueda de una salida, que necesariamente pasa por la inclusión de todos… y la conformación de instituciones públicas, con valores democráticos, que sirvan al pueblo y procuren el desarrollo humano integral y social.”

¡Más claro imposible!

La solución política

Sólo hay dos vías para abordar la solución de una crisis tan grave como la que estamos viviendo los venezolanos: la de las armas o la de la política, la razón y la inteligencia.

Las armas pueden ser nacionales o internacionales. Desde hace mucho tiempo he venido sosteniendo que la vía de las armas no es probable y mucho menos aconsejable. No soluciona nada y agrava todo. Sería trágico que para resolver un problema tan grave como el que padece Venezuela haya que apelar a más violencia de la que ya hemos sufrido.

En estos días escuché a un vocero de la oposición que decía: “A Maduro ni agua”. Eso para reclamar más sanciones contra Venezuela. No se da cuenta quien así se expresa que el último venezolano a quien le faltará agua, comida o gasolina es precisamente, al señor Maduro.

Todos los venezolanos estamos padeciendo por la falta de agua, de comida, de gasolina y de muchas cosas más. Lo que los venezolanos necesitamos no son más sanciones sino una solución. Más sanciones nos conducirán eventualmente a un destino como el de Cuba. Un país abandonado a su suerte, con muchas sanciones y sin ninguna solución.

La solución de la crisis venezolana debe ser por la vía de la razón, de la civilización, de la inteligencia y del patriotismo. Esa solución pasa por la conformación de un gobierno de emergencia nacional, un gobierno de unidad nacional, un gobierno que pueda abordar la solución de los problemas de hambre, de colapso de los servicios públicos, agua, electricidad, gas doméstico, gasolina, salud, seguridad, etc… con eficiencia y con la cooperación de la comunidad internacional.

Para que ese gobierno de Unidad Nacional pueda tener éxito debe contar con el apoyo de todos los venezolanos, de los que hoy respaldan al gobierno y de los que hoy estamos en oposición al actual gobierno.

Debe contar con el apoyo de los factores importantes de la vida nacional. Empresarios y trabajadores. Civiles y militares. Profesionales y técnicos. Hombres y mujeres.

Para lograr ese objetivo hay que abandonar la cultura de la confrontación agonal. Es decir, aquello de que “si yo gano tú estás muerto y si tú ganas yo estoy muerto”. Esa cultura debe ser sustituida por una de inteligencia y patriotismo. Para resolver la crisis todos somos necesarios.

Seguiremos conversando.

Mañana

Mañana tendremos un mundo sin pandemia. Un mundo mejor, más fraterno, más solidario, más integrado. De la pandemia debe salir un mundo mejor.

Mañana Venezuela será un país sin pandemia y sin los horrores de la crisis provocada por el socialismo del siglo XXI.

Tendremos una Venezuela mejor, fraterna, solidaria, unida. Un país con democracia y con respeto escrupuloso por los derechos humanos. Un país con progreso económico y con prosperidad para todas las familias. Con prosperidad y con bienestar.

Al dejar atrás la pandemia del corona virus y al superar las miserias del socialismo del siglo XXI podemos tener un país con agua corriente para todos, con energía eléctrica, con seguridad personal y social, con transporte, salud y educación para todos.

Un país con una moneda respetable. Con unos bolívares que nos permitan comprar los bienes y servicios que necesitamos para vivir bien, un país sin inflación y sin recesión. Un país con un gobierno que no sea objeto de sanciones internacionales. Un país que puede exportar e importar de acuerdo a sus conveniencias.

Mañana tendremos un país en el que todos los ciudadanos puedan vivir en paz. Un país en el que haya elecciones transparentes para elegir a nuestros alcaldes y concejales, a nuestros gobernadores y diputados a los Concejos Legislativos regionales, al Presidente de la República y a los diputados a la Asamblea Nacional.

Mañana, cuando dejemos atrás a la pandemia y al socialismo del siglo XXI, los venezolanos podremos vivir en un país sin desabastecimiento, sin alto costo de la vida, y sin pobreza.

Un país que vuelva a ser una referencia en la producción, refinación y comercialización del petróleo. Un país que atraiga inversiones importantes, nacionales e internacionales, pública y privadas para que haya empleos decentes para todos. Empleos  productivos, bien remunerados y estables. Con trabajadores orgullosos de su productividad.

Mañana los venezolanos volveremos a cantar nuestras canciones, a recitar nuestros poemas, a celebrar nuestras fiestas, a rezar nuestras oraciones, a reír con alegría y a llorar cuando toque, pero no todos los días.

Hay mañana. Los venezolanos tenemos futuro y tenemos futuro porque tenemos un pueblo noble y generoso y mucha gente competente como para asegurar un mañana mejor para todos…

Seguiremos conversando.

No hay otra

La situación política económica y social de Venezuela es grave, muy grave. Todo indica que nos movemos hacia una situación todavía peor que la que estamos viviendo. La mayoría de nuestros compatriotas están viviendo una situación insostenible.

Hambre, desempleo, inseguridad, falta de agua, de gas, de gasolina, de luz eléctrica, de dinero. Es un estado colectivo de desolación.

La situación tiende a empeorar por culpa de la pandemia, por una parte, pero sobre todo por culpa del gobierno que se empeña en apelar de nuevo a las políticas fracasadas que nos han conducido a esta catástrofe: los controles artificiales de la economía, control de cambios y control de precios, y el hostigamiento a lo poco que nos queda de empresa privada, como lo pone en evidencia el tratamiento a las Empresas Polar, que tienen una importancia social enorme.

Es un hecho evidente que el gobierno no está en capacidad de resolver la crisis, ni de mejorar la situación. Al contrario, mientras ese equipo permanezca en Miraflores la situación de los venezolanos será cada día peor.

Es la hora de apelar al patriotismo, el amor por Venezuela, y a la inteligencia. El propio Presidente Maduro y sus colaboradores deben ser los primeros interesados en buscar y promover la formación de un nuevo gobierno, un gobierno de amplitud y de unidad nacional que logre la colaboración de venezolanos competentes, honestos y con ideas claras de lo que hay que hacer para sacar a Venezuela de la trágica situación en la que se encuentra y voluntad firme de hacer lo necesario.

En 1939, cuando Europa fue siendo ocupada progresivamente por el monstruo del Nacional Socialismo y Gran Bretaña estaba sola enfrentando la amenaza que representaba Hitler, el liderazgo político inglés entendió que se hacía necesario convocar un gobierno de unidad nacional. Así lo hicieron y con mucho éxito, afortunadamente para el mundo entero.

Venezuela está viviendo una situación de emergencia nacional parecida a la de Inglaterra antes de la guerra. Venezuela necesita que su liderazgo nacional, no sólo los políticos, sino todos los sectores, empresarios, trabajadores, gremios profesionales, la iglesia, gente representativa de la nación entera, sean capaces de organizar un gobierno de unidad nacional que logre enfrentar con éxito la situación.

La cultura de la confrontación debe ceder lugar a la cultura del entendimiento y de la unidad,

Seguiremos conversando.

Citas Citables

“Cuando se juega a la política armada la racionalidad decrece y las posibilidades de diálogo y consenso se esfuman. El espacio político del centro se ve mermado por la succión incontrolable de los extremos. Y en una dialéctica de extremos la sensatez no tiene cabida. Menos aún si la dialéctica de extremos se ve favorecida y estimulada por una dinámica internacional cercana signada por la militarización de la política”.

El texto es tomado de un querido y admirado amigo, José Rodríguez Iturbe, en su formidable biografía de Trotsky, p.301, publicada por la editorial Temis S.A.

El texto es tan elocuente que no necesita comentarios. Basta con pensar en algunos ejemplos que ilustran la pertinencia de esas palabras: por ejemplo, en la Alemania de 1933 con Adolfo Hitler socavando las bases de la República del Weimar; o el caso de Italia desde 1922 con Benito Mussolini y el fascismo; o el caso de la república española en 1936 cuando terminó predominando “la dialéctica de los puños y de las pistolas” y, finalmente tres años de guerra civil en “un frenético despeñadero de violencia”; o el caso del militarismo bolchevique en la Unión Soviética; o el caso más cercano de Fidel Castro en Cuba.

Como lo dijo, con característica elocuencia, otro amigo muy querido y admirado, Pedro Nikken, poco antes de su fallecimiento: “las victorias que la oposición democrática venezolana ha logrado conquistar en esta larga noche del socialismo del siglo XXI han sido todas por la vía electoral. Las derrotas más severas se han producido cuando la oposición se ha apartado de la ruta electoral”. Son esas derrotas las que más han contribuido a afianzar un régimen impresentable como el que estamos sufriendo los venezolanos.

Diego Martínez Barrios, una figura importante de la república española dijo, refiriéndose al gobierno de la república: “Hay algo peor que el que un régimen se pierda y es que ese régimen caiga, maldecido por la historia, entre vergüenzas, lágrimas y sangre”.

Y termino con otra cita citable. Esta de Indalecio Prieto: “Lo que no soporta una nación es el desgaste de su poder público y de su propia vitalidad económica, manteniendo el desasosiego, la zozobra y la intranquilidad”.

Seguiremos conversando.

José Gregorio

Hoy es 1º de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Hacemos llegar en esta hora tan difícil y de tanto sufrimiento para el pueblo venezolano nuestro testimonio de solidaridad a todos los trabajadores. A los trabajadores que felizmente están trabajando y a los trabajadores que quisieran estar trabajando y no pueden hacerlo como consecuencia del enorme desempleo que el colapso económico del país ha producido.

A todos los trabajadores nuestra palabra de respeto, de afecto y de solidaridad. Y la renovación de nuestro compromiso de seguir luchando para que en nuestro país vuelva a brillar el sol de la libertad y de la democracia. Para que en Venezuela muy pronto puedan aplicarse medidas que contribuyan a la reconstrucción de la economía nacional y para que prevalezca un clima de justicia social, de trabajos para todos, de empleos decentes, modernos, productivos, bien remunerados y estables.

Los trabajadores venezolanos se merecen nuestro cariño, nuestro afecto y nuestra solidaridad.

Pero hoy quiero dedicar este espacio a celebrar, con inmensa alegría, la noticia que nos ha transmitido su Eminencia el Cardenal Baltazar Enrique Porras, Arzobispo de Caracas. Según esa información la congregación de la causa de los Santos ha dado un paso fundamental en el proceso de Beatificación del Venerable Dr. José Gregorio Hernández. La Comisión Teológica compuesta por 7 expertos que examinó el presunto milagro en la curación de la niña Yaxury Solórzano ha aprobado por unanimidad el estudio hecho sobre el mismo.

Excelente noticia para todos los venezolanos, estoy seguro que no solo los católicos o los cristianos celebramos este acontecimiento. Somos todos los venezolanos los que compartimos la inmensa alegría con la que el Cardenal Porras nos ha transmitido la información.

Como lo recuerda muy oportunamente el Cardenal Arzobispo de Caracas, hace 102 años el Dr. José Gregorio Hernández dio lo mejor de sí mismo, junto con otros distinguidos colegas, para atender a los enfermos víctima de la llamada “Gripe Española” que causó estrago en el mundo entero y también entre nosotros los venezolanos.

Alabado sea Dios que en esta hora tan menguada nuestro Arzobispo nos ha transmitido una noticia que nos llena de inmensa alegría.

Seguiremos conversando.

Emergencia Nacional

Después de la pandemia el mundo no será igual al que conocíamos. Tampoco Venezuela será igual. Después de casi un siglo de ser un país petrolero, los venezolanos despertaremos a una nueva realidad.

Antes de la pandemia el mundo se estaba acercando a una recesión económica importante. La pandemia ha paralizado la economía mundial. Con esa paralización la recesión de la economía mundial será más profunda.

Antes de la pandemia y desde hace unos cuantos años la economía venezolana venía padeciendo las dos peores enfermedades que pueda sufrir una economía: hiperinflación y un grave estancamiento económico. Ahora debemos prepararnos para más inflación y para una recesión cada día más profunda. Como respuesta a la falta de divisas el gobierno ya ha reiniciado la vieja receta de imprimir dinero. Fabricando billetes sin valor. Ese dinero, por supuesto, contribuirá a inflamar más todavía el incendio de la inflación.

Lo que nos espera es un dramático incremento de la pobreza y de la pobreza extrema. Nos espera hambre, miseria y desolación. Nos espera más desempleo. Deterioro del poder adquisitivo del salario y desabastecimiento de bienes y servicios.

Se hará más grave todavía el colapso de los servicios públicos básicos: agua, electricidad, gasolina, transporte, salud, educación y, por supuesto, la seguridad personal y colectiva.

La situación es tan dramática que se impone un esfuerzo de unidad nacional. Como lo he venido diciendo desde hace mucho tiempo, y ahora con mucha más razón, se requiere la conformación de un nuevo gobierno, un gobierno de emergencia nacional. Voces muy autorizadas lo vienen reclamando, el país necesita un testimonio de patriotismo de todos los sectores. Hoy, más que nunca antes, se requiere recomponer la unidad nacional.

Después que pase la pandemia hay que confrontar la nueva realidad económica, política y social de Venezuela.

Recomponer la economía nacional es posible porque felizmente el país cuenta con muchos recursos importantes además del petróleo. Va a ser necesario concurrir al financiamiento internacional. Pero en ese campo la competencia será feroz y Venezuela, con el gobierno que tiene actualmente, no está en condiciones de acudir a esa competencia con alguna posibilidad de éxito.

Seguiremos conversando.

Resucitó

El Señor resucitó. El domingo pasado el mundo cristiano celebró la más grande de todas las fiestas: la Resurrección del Señor.

Si el Señor no hubiera resucitado “vana sería nuestra fe”, como dice San Pablo. No tendrían sentido la vida y las acciones de Jesús en la tierra si no hubiera habido la resurrección. Esa fue su promesa. Así como también la de su segunda venida.

Pero ¿quién fue el que resucito? Resucitó el hijo del hombre. El Mesías. Dios hecho hombre. El santo inocente que había sido crucificado injustamente para la remisión del género humano.

¿Qué significa la Resurrección? Que Dios existe. Que Jesús es el Mesías. Que el mundo ha sido redimido. Significa que el amor triunfó sobre el odio. Que la vida triunfó sobre la muerte. Que la esperanza triunfó sobre el desaliento y que la alegría triunfó sobre la tristeza.

Este año la Resurrección se presenta en medio de una pandemia universal. Pareciera que la enfermedad y la muerte se imponen en el escenario de todas las naciones. Para nosotros los venezolanos, además, la fiesta de la resurrección nos llega en medio de un panorama desolador de pobreza creciente, de colapso de los servicios públicos, de crisis política e institucional, de catástrofe económica y social. Una situación grave que amenaza seguir agravándose..

Millones de venezolanos padecen hambre y desamparo y sufren las consecuencias de la enfermedad, de la pobreza y de la desolación.

Frente a este cuadro, la resurrección del Señor nos convoca a la esperanza.

No podemos dejarnos arrebatar la esperanza en un mundo mejor y en una Venezuela mejor.

Jesús resucitado nos habla del triunfo del amor sobre el odio. Tenemos que apostar a una civilización del amor, de la solidaridad, de la fraternidad y renovar nuestra lucha por un mundo mejor y por una Venezuela mejor.

Jesús resucitado es el símbolo del triunfo de la alegría sobre la tristeza.

Alegría de sabernos hijos de Dios, de reconocernos hermanos de todos los seres humanos. De saber que por encima de todas las adversidades vendrán tiempos mejores.

Que las dificultades del presente están poniendo a prueba nuestra fortaleza, nuestro carácter y nuestra confianza en la bondad del mundo y del género humano.

No lo olvidemos: la Resurrección del Señor es el triunfo de la vida, del amor, de la esperanza, de la justicia de la verdad, de la alegría y, sobre todo, de la confianza en Dios y en su Divina Providencia.

Seguiremos conversando.

Viernes Santo

Tres fechas hay en el calendario litúrgico de excepcional significación: la Natividad del Señor, la pasión y muerte que conmemoramos el día de hoy y la Resurrección del Señor sin la cual vana sería nuestra fe.

Estos días de semana santa son días para la reflexión. La circunstancia fortuita de que ha coincidido en este año con la terrible pandemia del coronavirus que, además, nos ha impuesto un acuartelamiento forzado hace más propicio todavía este tiempo para la reflexión.

¿Qué significa ser cristiano?

Ser cristiano significa seguir a Cristo, seguirlo en sus enseñanzas, en su palabra y, sobre todo, en el testimonio de su vida y de su ejemplo.

El cristianismo gira en torno a algunas virtudes fundamentales. La primera es el amor. El amor es fruto del espíritu, el primero y más importante de todos ellos. “El que vive y camina conforme al Espíritu ama y sirve a los demás” decía San Pablo. Amor en primer lugar a Dios y también a los hijos de Dios.

“Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” es el gran mandamiento, nos dice Jesús (Mateo 22,37.39). Y Pablo nos advierte que “el cumplimiento de la ley es el amor”.

Otra virtud asociada a la condición de ser cristiano es la alegría. Es inmensa la alegría de los pastores al recibir, antes que nadie, la noticia del nacimiento del hijo de Dios. E igualmente inmensa la alegría de los apóstoles al constatar que el Señor había resucitado, tal como lo había prometido. La alegría está sólo en donde triunfa la vida, en donde se va realizando el reino de Dios, que es “justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,17).

Ser cristiano es ser alegre y compartir la alegría con todos los seres humanos, con toda la creación. Dar gracias por la vida, por la existencia y trabajar por construir el reino de Dios, con alegría, mientras esperamos con fe la venida definitiva del Señor.

Amor y alegría son características de la fe cristiana. También lo son la justicia y la paz. Y sin justicia no es posible la paz. La voluntad de bien y de unión que es la caridad se traduce en primer término, en un cristiano, en su preocupación de vivir en el servicio pacíficamente con todos. El término paz aparece en el nuevo testamento 90 veces.

Para mí ser cristiano es amar con alegría y trabajar por la justicia y por la paz.

Cuaresma

Tiempo de cuaresma. Tiempo para reflexionar sobre los temas más trascedentes de nuestra vida. Para meditar acerca del sentido de nuestra existencia como personas y como miembros de una comunidad.

Quiero dedicar este espacio a una de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los mansos porque heredaran la tierra.”

Hoy nos toca meditar sobre estos temas en medio de una terrible pandemia, que afecta al mundo entero, y en medio de una crisis prolongada que nos afecta a los venezolanos.

Humildemente le pedimos  a Dios que nos auxilie en esta oscuridad para superar la pandemia y nuestra terrible tragedia.

No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal. (Rom 12,21).

En el evangelio la mansedumbre es algo específico de Jesús, una virtud que lo distingue. Es, por tanto, una característica que debe distinguir a los cristianos, a los discípulos de Jesucristo.

La mansedumbre es una virtud humana, una virtud que se opone a las actitudes de violencia, dureza, agresividad.

Ya en el Antiguo Testamente, en el libro de los Números, Moisés es definido como un hombre manso, más que cualquier otro hombre sobre la tierra (Num 12,3).

Mateo, en el Nuevo Testamento, presenta a Jesús como el nuevo Moisés y nos presenta unas palabras suyas muy significativas: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso para sus vidas.” (Mt 11, 28-29). Porque es manso se propone como el que puede dar apoyo, paz, descanso a los que están cansados y agobiados.

Dice el Señor: “Habéis oído que se dijo `amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo´. Pero yo les digo: amen a vuestros enemigos y oren por los que los persiguen.”

Jesús exige romper con el círculo infernal del odio y la violencia. El cristiano no debe responder a la violencia con violencia, al mal con mal, al odio con odio, sino que debe responder con el amor, la oración y la bendición.

Termino con una cita de Gandhi: “La no violencia no es una renuncia a toda lucha concreta contra la injusticia. Al contrario, la no violencia es una lucha más activa, más eficaz y más concreta que la represalia, cuyo único efecto es el aumento de la injusticia.”

Reflexiones

Una de las ventajas que produce el acuartelamiento al que nos ha reducido la pandemia del coronavirus es que nos deja tiempo para la reflexión.

Pensar, por ejemplo, en la importancia de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Lo importante y consolador que resulta la fe en Dios, en su divina providencia. Lo importante y consolador que resulta la esperanza. La esperanza en un mundo mejor, en un tiempo mejor, en una vida mejor. ¡Qué importante resulta no dejarnos arrebatar la esperanza!

Y la mayor de las tres virtudes teologales: el amor. El Papa nos llama a trabajar por construir una civilización fundada en el amor, el respeto, la tolerancia, la solidaridad y la fraternidad.

¡Qué distinto sería el mundo si en lugar del odio, la avaricia, el egoísmo, prevaleciera el amor! ¡Qué distinta sería Venezuela si pudiéramos hacer que prevaleciera el amor! Tiempo para reflexionar en que las cosas a las que les atribuimos una importancia enorme no son tan importantes. En cambio hay otros asuntos fundamentales a los que no les prestamos suficiente atención.

Reflexionar sobre que siempre hay algo espiritual detrás de todo lo que ocurre, como dice Bill Gates.  Siempre hay algo bueno aún detrás de lo que consideramos como muy malo.

Reflexionar en el factor democrático que acompaña a la pandemia. Frente a ella todos somos iguales. Ataca por igual a los grandes personajes y a la gente más humilde. Nos obliga a recordar que todos somos iguales. En la doctrina cristiana, todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos y, además, dotados de una dignidad muy elevada.

Reflexionar que el mundo, con todo lo grande que parece, es uno solo y que frente a la pandemia no hay fronteras que valgan, ni se necesitan pasaportes. Estamos todos conectados y lo que ocurre en China repercute en el universo entero. Las fronteras artificiales que han inventado los hombres tienen muy poco valor frente a un acontecimiento como el que nos ocupa.

Reflexionar sobre la importancia de la salud que tenemos que cuidar y proteger celosamente. La propia salud y la salud de los que nos rodean, de la familia, de los vecinos, de todos.

Reflexionar que la vida es muy corta y tenemos el deber de disfrutarla intensamente y no hay mejor manera que practicando el amor. Amar a Dios sobre todas las cosas y al hermano como a ti mismo. Allí está el secreto de la felicidad.

Coronavirus

La pandemia coronavirus está conmoviendo al mundo entero y a Venezuela. Todos los gobiernos han tomado medidas excepcionales para combatir el flagelo. En Venezuela también se adoptan medidas de sentido común pero que son muy difíciles de implementar.

Una de las recomendaciones es la que se ha llamado “cuarentena”. Es decir, que todos nos quedemos en nuestras casas para evitar contagios por el contacto personal o por participar en aglomeraciones. Otra recomendación es observar rigurosamente las normas de higiene personal como, por ejemplo, lavarse con agua y jabón.

Quedarse en la casa es muy fácil para el que vive de su renta y está suficientemente abastecido de alimentos y medicinas. Lamentablemente ese no es el caso de la mayoría de los venezolanos. Por culpa de las políticas equivocadas del gobierno nacional Venezuela está sometida a una terrible crisis económica y social. La abrumadora mayoría de los venezolanos tiene que salir todos los días a luchar de sol a sol para conseguir la comida y las medicinas para la familia, sin mencionar a los que rebuscan la basura en busca de alguna cosa útil o comestible.

Es muy difícil pedirle a un pequeño comerciante o a un vendedor ambulante o a un buhonero o a un transportista que se quede en su casa para cumplir con las recomendaciones del gobierno.

Es indignante constatar la cantidad de venezolanos que por culpa de la crisis provocada por el gobierno no tienen acceso al agua y mucho menos al jabón. El gobierno nos recomienda lavarnos las manos frecuentemente con bastante jabón. Parece oportuno y necesario recordarle que por culpa de sus políticas equivocadas, la mayoría de los venezolanos no tiene acceso ni al agua ni al jabón.

La crisis del coronavirus sorprende a Venezuela en medio del colapso de los servicios de salud pública. Hemos tenido mucho dinero para comprar armas y bombas lacrimógenas. Pero el gobierno no se ha ocupado de mantener equipados nuestros hospitales y puestos de salud. Muchos tanques de guerra y tanquetas para suprimir las manifestaciones populares pero poca atención a los servicios de salud para atender las necesidades de la población.

Los venezolanos tenemos derecho a reclamar un mejor gobierno y una mejor calidad de vida. Ponerle fin al fulano socialismo del siglo XXI y comenzar a vivir bien en un clima de armonía y de unidad nacional.

Unión Nacional

El país necesita una gran convocatoria a la unidad nacional. Esa unidad solo será posible detrás de un programa de reconstrucción de las instituciones, de reactivación del aparato productivo, de justicia social y de re-equipamiento moral.

“Un reino dividido contra sí mismo, no prevalecerá”. Los países que progresan son aquellos en los cuales sus fuerzas políticas son capaces de alcanzar consensos fundamentales alrededor de objetivos colectivos.

El período de mayor progreso en la historia de Venezuela, como nación independiente, fue el comprendido entre 1958 y 1998. Eso se debió, a la existencia de un gran consenso entre las fuerzas políticas y los factores fundamentales de la economía y de la sociedad. Ese consenso fue posible alrededor de la Constitución Nacional de 1961 y gracias a que los políticos de la época fueron capaces de poner los intereses de la nación por encima de los intereses partidistas.

Hoy, Venezuela necesita un nuevo consenso, una nueva convocatoria a la Unión Nacional, una nueva agenda para el progreso de todos y para asegurar el bienestar de la familia venezolana.

La agenda para esa gran convocatoria a la Unidad Nacional tendrá que incluir, en primer lugar, la reconstrucción de la arquitectura institucional del país: Un gobierno que gobierne, un parlamento que legisle y controle la marcha de la administración pública, un tribunal Supremo de Justicia integrado por magistrados de inobjetable solvencia moral. Procesos electorales transparentes y confiables y respeto al carácter federal de la República con fortalecimiento de las instancias regionales y locales de gobierno.

La agenda tendría que incluir una definición de política económica que provoque la reactivación del Aparato productivo para producir todos los bienes y servicios que necesitamos y todos los empleos que se requieren. Riqueza para todos. Empleo para todos y bienestar para todos, tendría que ser la consigna.

El programa de esa convocatoria a la Unión Nacional tendría que incluir como punto fundamental el compromiso de luchar por la Justicia Social. La Pobreza en Venezuela es un escándalo. El país tiene recursos suficientes para que, administrándolos con sentido de justicia, alcancen para satisfacer las necesidades básicas de la población.

Una gran convocatoria a la Unión Nacional acompañada de una invitación a ser mejores, a que cada uno de nosotros, los que hemos tenido el privilegio de nacer en esta tierra de gracia, seamos mejores. Así lograremos que Venezuela sea mejor.

Seguiremos conversando.

Autocrítica

He dedicado mis últimos artículos a comentar acerca de la responsabilidad del gobierno en la tragedia que ha acompañado a los venezolanos en este comienzo de siglo XXI.

Hoy me propongo hacer un ejercicio de autocrítica. Los adversarios a este gobierno hemos cometido muchos errores.

Hay uno sin embargo que los incluye a todos: No hemos sido capaces de construir una verdadera Alternativa Democrática.

Para salir de un gobierno tan malo es indispensable que los ciudadanos cuenten con una alternativa clara y definida a la que sea posible entregarle la confianza para la alternabilidad.

Una alternativa supone un mensaje claro e ilusionante. Hasta ahora los mensajes emitidos por los voceros de las oposiciones se han limitado a denunciar los errores del gobierno. Hemos adolecido de un mensaje positivo y constructivo.

Se han hecho esfuerzos encomiables por elaborar un “Plan País”. Hasta ahora esos esfuerzos permanecen ignorados por la mayoría de los venezolanos. Necesitamos “ideas-fuerza” que sean capaces de movilizar a los ciudadanos.

También es necesario, para que exista una Alternativa Democrática, tener una dirección política unida, coherente y esclarecida. Hasta ahora, lo más que hemos podido lograr, es una coordinación precaria de fuerzas políticas poco representativas. Nos ha faltado una gran dirección política capaz de interpretar la voluntad de cambio de la mayoría de los ciudadanos.

En tercer lugar, la Alternativa Democrática supone una eficiente organización geográfica y sectorial. Es decir, una organización presente en todos los rincones del país y en todos los sectores sociales.

A veces da la impresión de que la oposición estuviera mejor organizada en Miami, en Bogotá o en Madrid que en Cumaná, en Maracaibo o en San Cristóbal.

Necesitamos una organización para lograr que el mensaje llegue a toda la geografía nacional. Necesitamos esa organización a la hora en que tengamos que defender el voto y derrotar  las trampas y  las maniobras.

Por último, la existencia de una Alternativa Democrática supone la definición de una línea estratégica inteligente y capaz de lograr el objetivo de cambiar al gobierno.

No se trata de seguir apostando a soluciones mágicas: golpes militares o invasiones extranjeras. Soluciones poco probables y nada deseables.

Se trata más bien de construir una Alternativa con un mensaje atractivo, con una organización eficiente, con una estrategia inteligente y con una dirección política coherente.

Seguiremos conversando.

Un gobierno sin pueblo

La semana pasada hice una breve relación acerca de la responsabilidad de los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro en la tragedia que estamos viviendo los venezolanos. Hablé de los veinte años que han transcurrido bajo el imperio del llamado “socialismo del siglo XXI”. Un desastre sin parangón. Hoy quiero referirme a la responsabilidad que tiene el señor Nicolás Maduro y sus colaboradores en el presente y en el futuro inmediato de Venezuela y de los venezolanos. Es inconmensurable el sufrimiento acumulado por la familia venezolana en estos primeros veinte años del siglo XXI. Ese sufrimiento podría ser todavía mayor en los próximos años. Todo depende de la voluntad política de quienes dirigen al gobierno.

Si estuviéramos en un régimen parlamentario, hace tiempo que el gobierno habría perdido la confianza del parlamento y habría sido sustituido por un nuevo gobierno. Así ocurrió por ejemplo en el caso del señor David Cameron en la Gran Bretaña cuando perdió el referéndum del Brexit. Al día siguiente renunció y al día siguiente fue sustituido por un nuevo gobierno sin que hubiera ningún trauma institucional.

Lo mismo ocurrió en España recientemente. El señor Mariano Rajoy perdió la confianza de la mayoría parlamentaria. Ese mismo día renunció a la presidencia del gobierno y al día siguiente se estrenaba un nuevo gobierno encabezado por el señor Pedro Sánchez.

En Venezuela no tenemos un régimen parlamentario sino un sistema presidencial. Es el pueblo y no el parlamento el que concede o retira su confianza. El gobierno, dura seis años en conformidad con la Constitución Nacional.

Es evidente, sin embargo, que el gobierno ha perdido la confianza de la mayoría de los venezolanos. De eso da fe el consenso unánime de todas las investigaciones de opinión pública que merecen alguna credibilidad.

Tenemos un gobierno sin pueblo y un pueblo sin gobierno. En estas circunstancias lo aconsejable sería celebrar una consulta urgente al soberano. Una consulta al pueblo que es el depositario de la soberanía nacional. Que el pueblo se exprese libre y soberanamente y con sus votos elija un nuevo Presidente y un nuevo gobierno.

Ese acuerdo le ahorraría al país una enorme cantidad de sufrimientos y de angustias y permitiría resolver de la manera más democrática y más respetuosa de la voluntad popular la crisis política que nos aflige.

Seguiremos conversando.

Responsabilidad

Lo que ha ocurrido en Venezuela en los primeros años de este siglo XXI es una tragedia de inconmensurable magnitud. Tragedia que se manifiesta, entre otras cosas, en el colapso de la arquitectura institucional de la República, la desaparición del estado de derecho, la violación de los derechos humanos, el regreso al caudillismo, al militarismo y al centralismo más asfixiante. La desaparición del concepto de la alternabilidad republicana y del principio de independencia y autonomía de las diferentes ramas del poder público.

También se manifiesta esa tragedia en la catástrofe de la economía nacional. Las gestiones de Chávez y de Maduro han producido la más grande inflación del mundo y una recesión espantosa que ha empobrecido a Venezuela y a los venezolanos. Acabaron con PDVSA, con las llamadas empresas básicas, y con toda la economía nacional.

También se manifiesta la tragedia en el tema social. Nunca habíamos tenido tantas familias venezolanas viviendo bajo el nivel de pobreza. Nunca los pobres habían sido tan pobres. Hambre, miseria y desolación es el saldo de la gestión del socialismo del siglo XXI en el área social.

También se manifiesta la tragedia nacional en el colapso de los servicios públicos, comenzando por los más básicos: agua, energía eléctrica, gas, gasolina, pero también, salud, educación, seguridad, comunicaciones. Hemos retrocedido a una situación peor de la que existía en el siglo XIX. También se manifiesta la tragedia en la crisis moral. Si algo ha prevalecido durante estos veinte años es la más escandalosa corrupción que pueda imaginarse. Cifras enormes que pudieron resolver los problemas del hambre y de la pobreza, se han ido por los desaguaderos de la corrupción más abyecta.

A todo esto podríamos todavía agregar el aislamiento internacional de Venezuela. Pasamos de ser un ejemplo de convivencia y de cultura democrática a ser un país visto con lástima.

¿Quién tiene la culpa de este desastre? Todo comenzó el 4 de febrero de 1992. Todo continuó con aquel proceso constituyente convocado en contra de lo prescrito en la Constitución. Y todo se terminó de desarrollar con la gestión de dos presidentes sin ninguna preparación y sin ninguna capacidad para desempeñar esa alta magistratura.

Nosotros, los opositores a este régimen, podemos haber cometido muchos errores. En efecto los hemos cometido y los seguimos cometiendo. Pero nada puede ser comparable a la responsabilidad inconmensurable de quienes han estado al frente del gobierno.

Siria

Uno sabe cómo comienzan las guerras. Lo que no se sabe es como se desarrollan, ni cómo ni cuándo terminan. La guerra en Siria comenzó en mayo del 2011. Se inició como una confrontación de la mayoría suní contra el régimen dinástico de Bashar al – Assad de la tribu de los Alauís.

Han transcurrido nueve años del inicio de aquella matanza espantosa. Se han producido horrores que superan en crueldad a los peores ocurridos en cualquiera de las dos guerras mundiales del siglo pasado. Además de la acción de la dictadura Siria, de Daeshi y de Al Qaeda, poco a poco se han ido incorporando al conflicto milicias Kurdas, Chiíes, turcas, de Hezbolá además de la participación de Irán y de Arabia Saudita, además de la participación de Rusia y de Estados Unidos y fuerzas de la coalición Europea.

Como ha dicho, en un artículo dedicado a este mismo tema, mi amigo Leopoldo Martínez Nucete: “Cuando las armas se oponen a las armas no hay modo de saber cómo evolucionará el conflicto, ni quienes lo liderarán, ni cuando finalizará, ni cuál será el costo del mismo”.

Lo cierto es que la guerra en Siria ha servido de marco para degollamientos, muertes masivas por fuego aéreo y terrestre, desmembramientos, linchamientos y otras formas variadas de salvajismo y de crueldad. La guerra es una estupidez. La guerra representa el fracaso de la inteligencia, el fracaso de la política, el fracaso de la humanidad.

Cito de nuevo a Leopoldo: “las desgarradoras imágenes de lo que ha ocurrido en la ciudad histórica de Alepo son una diana destinada a los ojos y oídos de todo aquel que piense que no hay alternativa al conflicto y que no hay rutas negociadas para resolver diferencias políticas entre gentes de una misma nación”.

Seguramente los que en Siria voceaban la palabra “guerra” en abril o mayo del año 2011 lo hicieron con la misma frivolidad y con la misma ligereza con que lo hicieron los europeos cuando comenzó la primera guerra mundial.

Seguramente pensaron que la guerra sería cuestión de unos días, al cabo de los cuales regresarían victoriosos los ejércitos en medio de marchas, desfiles y aclamaciones populares. Nunca se detuvieron a pensar en la infinita capacidad de destrucción física, de asesinatos y de torturas que supone una apelación a las armas de destrucción que se utilizan en una guerra.

La crisis venezolana está tentando a los demonios de la guerra. Ojalá prevalezca la inteligencia, la humanidad y el buen juicio antes de que sea demasiado tarde.

Seguiremos conversando.

Fracaso

Uno de los poemas más conocidos del gran poeta venezolano Rafael Cadenas se llama “Fracaso”. El poeta, por cierto, mereció entre otros muchos reconocimientos el Premio Internacional de Poesía ciudad de Granada, otorgado por el Ayuntamiento de esa ciudad en el año 2015.

Recuerdo el título del poema con motivo de la terrible crisis que estamos viviendo los venezolanos. El poema de Cadenas podría llamarse también elogio del Fracaso. Hay una línea en la que dice: “Me has hecho humilde, silencioso y rebelde”.

Pertenezco a una generación que tuvo el privilegio de disfrutar los mejores años de la historia de Venezuela como República Independiente. De los doscientos años que llevamos ningún tiempo fue mejor que el comprendido entre el final de la tiranía gomecista en diciembre de 1935 al advenimiento del siglo XXI. Fueron años de progreso material, cultural, institucional. Venezuela llegó a convertirse en un ejemplo para todo el continente y en una referencia en la lucha por la democracia y por la libertad.

La palabra “Fracaso” sin embargo gravita sobre la conciencia de mi generación. Alguna vez escribí un artículo intitulado: ¿Tenemos democracia porque tenemos petróleo? y me preguntaba ¿Qué pasará cuando el petróleo deje de ser el motor del desarrollo venezolano? ¿Volveremos a los años del atraso, de la pobreza, del caudillismo, del militarismo, de las enfermedades?

Ya el petróleo no es lo que era. Ya Venezuela  no es un modelo a seguir, ni una referencia para los que luchan por la democracia y por la libertad. Vivimos una “ilusión de armonía”, pero en los últimos 20 años, hemos vuelto a parecernos a la Venezuela del siglo XIX, pero peor.

Nuestra generación no fue capaz de construir una democracia estable, ni una economía auto sustentable, no logramos, la erradicación de la pobreza, ni acabar con la corrupción, tampoco fuimos capaces de ganar la batalla de la educación, de la ciencia y de la tecnología.

En 1988 le presenté al país un programa para el cambio, para construir una Democracia Nueva. Fue un fracaso de mi parte no haber convencido a la mayoría. La mayoría prefirió “más de lo mismo”. Y las consecuencias las estamos sufriendo ahora.

Hoy contemplamos abrumados la incapacidad de nuestra clase política para resolver de una manera inteligente y civilizada nuestra crisis institucional y pareciera que la esperanza de muchos estuviera en que la fuerza del imperio termine componiendo lo que no fuimos capaces de componer nosotros.

Estrategias

La estrategia del Gobierno para las elecciones parlamentarias que deben celebrarse en este año 2020 está clarísima.

El Gobierno quiere repetir la misma estrategia utilizada en las presidenciales del año 2018. Es decir, unas elecciones que las gane la abstención y que las cobre el Gobierno.

El Gobierno conoce las encuestas. El Gobierno sabe que si la gente vota, pierde. Y el Gobierno no quiere perder. El Gobierno quiere perpetuarse en el poder así sea en contra de la voluntad manifiesta de los venezolanos que quisiéramos un cambio de gobierno pronto.

La estrategia está clarísima: convocar las elecciones lo más temprano que sea posible. Hacer algunos cambios cosméticos en la composición del Consejo Supremo Electoral. Aceptar un acompañamiento internacional inofensivo pero, sobre todo, lograr que la oposición no vote. Este es el punto más importante para la estrategia del Gobierno: Que la oposición se quede en su casa. Que la oposición contribuya con su abstención a que el Gobierno vuelva a apoderarse de la Asamblea Nacional.

En las presidenciales del año 2018 el Gobierno “triunfó” con una enorme mayoría en contra. El CNE le atribuyó al candidato del Gobierno algo menos de seis millones de votos. El electorado venezolano es de 20 millones de electores. Quiere decir que catorce millones de electores venezolanos no votamos por Maduro. Sin embargo, Maduro sigue en Miraflores. Ganó la abstención y cobró Maduro. Tan simple como eso.

Frente a las elecciones parlamentarias ordenadas por la Constitución Nacional para este año 2020 el Gobierno aplicará la misma estrategia. Dividir a la oposición, promover la abstención y recuperar la Asamblea Nacional con una abrumadora minoría de votos.

Fue incómodo para el Gobierno haber perdido por paliza la elección parlamentaria del año 2015. Ha sido incómodo haber tenido que lidiar con una asamblea dominada por la oposición: El plan de dominio creciente de todos los órganos del poder público les impone la necesidad de dominar también a la Asamblea Nacional. La única manera de lograrlo es convencer al voto opositor de que se quede en su casa.

Ya comentaremos, en un próximo artículo, lo que debería ser una estrategia acertada para la oposición. Para no dejarnos arrebatar la única de las tres ramas del poder público que ha logrado escapar al control del oficialismo: la Asamblea Nacional.

Alternativa Democrática

Es difícil explicar que un gobierno tan malo y que ha causado tanto daño a Venezuela y a los venezolanos haya podido sobrevivir durante tanto tiempo.

Una de las razones que explica el fenómeno es que los adversarios a este gobierno no hemos sido capaces, durante todos estos años, de construir una verdadera alternativa democrática seria y confiable. Es decir, no hemos sido capaces de dar el salto cualitativo de ser oposición a ser Alternativa Democrática frente al régimen.

Una Alternativa Democrática es una fuerza capaz de interpretar el anhelo de cambio que existe en la abrumadora mayoría de los venezolanos.

Para que exista esa Alternativa Democrática tienen que darse algunas condiciones.

1.- Tiene que haber una Dirección Política unida y coherente. Hasta ahora hemos tenido algunos esfuerzos para coordinar a las diferentes fuerzas políticas que aspiran a liderizar el cambio. Hemos tenido una federación de pequeños proyectos partidistas,  pero no hemos logrado construir una fuerza opositora con una dirección política única.

2.- La Alternativa Democrática tendría que contar con una narrativa compartida acerca de la situación en la que estamos y el proyecto de país que queremos construir entre todos. Prevalecen los proyectos partidistas y las agendas personales. No hay un proyecto común. Hay que asomar un programa ilusionante que inspire la confianza de los ciudadanos.

3.- Para que exista una Alternativa Democrática tiene que haber una organización presente en toda la geografía nacional y en todos los sectores sociales que actúan en la vida del país.

4.- La Alternativa Democrática tendría que contar con una estrategia claramente definida. O son los votos o son las balas. No puede estar cambiando de estrategia en cada coyuntura. Si es la ruta electoral, que es la que yo aconsejo y recomiendo, tenemos que ordenan todos los esfuerzos a lograr el mejor resultado posible y las mejores condiciones en la dirección de aprovechar la ventaja comparativa que tenemos en ese campo.

Eso significa contar con un mensaje atractivo, con una organización eficiente y con una estrategia inteligente.

Eso significa no seguir esperando una salida mágica por la vía de un golpe militar o de una invasión extranjera. Eso significa ganarnos la confianza y el respaldo de los ciudadanos.

Seguiremos conversando.

Copei: 74 años

El lunes 13 de enero se conmemoró el aniversario de la fundación del partido social cristiano Copei. ¡Que falta tan grande hace en la Venezuela actual un gran movimiento político inspirado en los valores del humanismo cristiano!

Copei podría estar liderizando una verdadera Alternativa Democrática frente al régimen imperante.

Las banderas que acompañaron a Copei en sus años de esplendor se corresponden con las más sentidas necesidades de la política actual venezolana.

Copei nació para luchar por la democracia, por el estado de derecho, por la alternabilidad republicana, por la defensa de los derechos humanos, por una Venezuela sin presos políticos, sin exilados, sin perseguidos, por la Unidad Nacional, por el respeto a las regiones. Todas esas banderas tienen una vigencia insoslayable. Pero Copei nació también para luchar por el progreso y el desarrollo económico. Por una economía capaz de producir todos los bienes y servicios requeridos para el bienestar de la población. Por una economía capaz de generar empleo decente y bien remunerado a todos los trabajadores del país. Por una economía sin inflación, sin recesión.

El ejemplo para Copei era el de la “economía social y ecológica de mercado” llevada adelante con enorme éxito por el Partido Demócrata Cristiano Alemán dirigido por Konrad Adenauer y por Ludwig Erhard. Ese modelo fue el que hizo posible el milagro de la reconstrucción de Alemania después de la segunda guerra.

Copei nació para luchar por la «Justicia Social en una Venezuela mejor». Ese fue el lema fundacional del partido. Lucha por la Justicia Social. Es decir, luchar a favor de los pobres, de los más necesitados, de los más vulnerables. Luchar por construir una sociedad sobre la base de la equidad en la que todos los ciudadanos tengan acceso a los bienes fundamentales de la civilización y en donde prevalezca la igualdad de oportunidades para todos.

Copei nació para luchar por la reconciliación de la ética con la política. Es decir, un país sin corrupción. Un país respetuoso de los valores éticos y de los principios morales.

Copei creció ininterrumpidamente desde su fundación en 1946 hasta el año de 1992. En 1993 comenzó la decadencia con la división, el pragmatismo y la insólita decisión de algunos dirigentes de poner al destino del partido en manos de los tribunales de justicia manejados por el gobierno.

¡Vendrán tiempos mejores!

AÑO NUEVO

Ha llegado el año 2020. Un año cargado de esperanzas pero también de preocupaciones.

¿Qué quisiéramos conseguir en este nuevo año? Cosas muy sencillas de decir, pero difíciles de alcanzar. Quisiéramos, por ejemplo, un gobierno nuevo. Un gobierno respetuoso de la Constitución Nacional y del estado de derecho. Un gobierno que trajera paz, progreso y bienestar para todas las familias venezolanas. Quisiéramos un cambio de gobierno pacífico, civilizado, ordenado y constructivo. Un cambio por la ruta electoral, constitucional y sin violencia. Ese objetivo se puede lograr. Depende de todos nosotros. Depende de los que están con el gobierno pero también de los que adversamos a este gobierno.

El año que comienza, por mandato de la Constitución, es un año electoral. Toca elegir una nueva Asamblea Nacional. Ojalá el liderazgo político, gobierno y oposición, logren acuerdos que permitan rescatar la confianza de los ciudadanos en el voto, en la ruta electoral que es la única vía civilizada para resolver los problemas de una nación democrática.

El año 2020 debe ser el año de la recuperación de la economía nacional. De acabar con la inflación y con la recesión. Ambas enfermedades son curables. Sabemos cuál es la manera de acabar con ellas: Disciplina fiscal, abandonar la emisión de dinero inorgánico, estimular la producción y la productividad, acabar con el control de cambios y el control de precios, promover inversiones nacionales e internacionales y recordar que el país tiene con que producir los bienes y servicios que requiere para su propio abastecimiento.

El 2020 es un año para ocuparse de la cuestión social. Nunca habíamos tenido tanta y tan injustificada pobreza en nuestro país. La eliminación de la pobreza representa una prioridad nacional por razones morales, pero también por razones de carácter político y económico.

En el mundo se vive un proceso de calentamiento social. Desde Santiago de Chile hasta París se siente la voz de protesta de quienes reclaman Justicia Social, igualdad de oportunidades y respeto a la dignidad de las personas. En Venezuela las causas para la protesta social son más que evidentes.

El año 2020 representa un tiempo para ocuparse de la calidad de la vida de los venezolanos, del empleo, del ingreso familiar, de la salud, de la educación, de la seguridad personal y colectiva, del suministro estable de agua y energía eléctrica para todos, del transporte, de la vialidad, de la gasolina, del gas para uso doméstico e industrial. En una palabra, de todo aquello que contribuya a lo que el Libertador llamaba “la mayor suma de felicidad posible”.

Todas esas metas son alcanzables. Todo depende de nosotros. Somos nosotros los venezolanos lo que tenemos que lograr el progreso y la felicidad de nuestro país.

El liderazgo político tiene una enorme responsabilidad, pero la solución depende de todos.

Calentamiento Social

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el tema del calentamiento global. Nada menos que su Santidad, el Papa Francisco emitió una excelente encíclica Laudato Si hablando sobre el tema con singular elocuencia y propiedad.

Yo quiero hablar hoy del calentamiento social. En América Latina se están produciendo grandes manifestaciones que ponen de manifiesto la existencia de un inocultable fenómeno de calentamiento social.

Uno de los casos mas representativos es el de Chile. Un país que fue presentado por su Presidente como un oasis en un continente muy convulsionado. Y tenía razón, Chile había superado admirablemente el tránsito de una dictadura muy sangrienta a una democracia ejemplar. Habían logrado también un éxito económico significativo. Chile era una de las economías mas exitosas en el subcontinente. Lamentablemente no le pusieron suficiente atención al tema social y de pronto explotó, con extremada virulencia, el resentimiento social acumulado en las entrañas del pueblo chileno.

Recuerdo que poco después de terminar el gobierno de don Patricio Aylwin tuve ocasión de conversar con él y de felicitarlo por el éxito indiscutible de su gestión al frente del gobierno y me respondió con tono de preocupación, que lo que le angustiaba era que el tema social no había sido suficientemente atendido. Que al lado de enormes fortunas había cuadros de miseria y que esa situación no era sostenible.

En Argentina el calentamiento social se puso de manifiesto en las urnas electorales. Allí el triunfo de los candidatos justicialistas refleja una protesta social contra las políticas “modernizadoras” de la administración Macri. Un gobierno que había despertado tantas expectativas como el de Macri terminó siendo derrotado por el calentamiento social. Colombia es otro ejemplo relevante.

Pero no es solo en América Latina, son varios los países europeos, comenzando por Francia en los que hay señales de calentamiento social muy evidentes. Una huelga general sin precedentes ha sido convocada contra la administración del Presidente Macrón. Italia y España no se quedan atrás.

Nuestro continente latinoamericano aparece en las estadísticas más confiables como el continente con el mayor índice de desigualdad social. Pocos ricos, muy ricos, y muchos pobres muy pobres. Por eso, no pueden extrañarnos los síntomas y las manifestaciones de ese proceso de calentamiento social.

Seguiremos conversando.

¿Y ahora?

Luchar por Venezuela y por los venezolanos. Combatir por nuestros ideales: Democracia, Justicia y Paz. Después de este nuevo zarpazo del gobierno, no queda otra alternativa que seguir trabajando por las cosas en las que creemos.

Fue un error gravísimo, judicializar al partido. El pleito interno llevó a algunos compañeros a acudir a los tribunales a dirimir sus diferencias, sabiendo que los tribunales  de justicia están al servicio del gobierno.

Fue un gran acierto del Comité liderizado por Mercedes Malavé lograr la “desjudicialización” del partido Copei.

Por fin se logró liberar a Copei de la intervención judicial. Se cerró el expediente infame. Una Asamblea Social Cristiana eligió una directiva encabezada por una figura admirable. Mercedes Malavé representa una referencia ética, política e intelectual de primera categoría. Es un refrescante testimonio de autenticidad y de liderazgo en la sórdida política venezolana. Su presencia en los medios ha sido una bocanada de esperanza y de cambio.

Mercedes Malavé era demasiado para la enorme mediocridad que representa el gobierno. Todo conspira para que Venezuela no pueda sacudirse el clima de zancadillas y de miserias que caracteriza el debate político actual. Un zarpazo del inefable T.S.J volvió a poner en evidencia que para el gobierno, no hay espacio para la grandeza, para los nobles ideales, para los propósitos patrióticos.

La Directiva copeyana encabezada por Mercedes Malavé hizo varias cosas positivas: En primer lugar, logró sacar al partido del T.S.J. En seguida, logró revalidar al partido. En tercer lugar, fueron a votar en las elecciones presidenciales del año 2018 y Copei logró cerca de un millón de votos.

Esa directiva encabezada por Mercedes Malavé comenzó un trabajo de refrescamiento de Copei. Fortalecimiento organizativo desde las bases municipales y parroquiales. Un  mensaje de solidaridad con los venezolanos que sufren las consecuencias de la crisis. Defensa de los valores más fundamentales de la doctrina social cristiana: la dignidad de la persona, la democracia, la Justicia Social, la Paz, la convivencia civilizada y la ruta electoral.

El gobierno pretendió hacer de Copei un instrumento dócil al servicio de sus intereses. Gente como Mercedes Malavé y quienes la acompañaron lealmente en esa tarea “ni se compran ni se venden”. El gobierno tiene mucho poder y mucho dinero. En Copei existen reservas de mucha dignidad y de mucho compromiso con los ideales.

Ahora, más que nunca, debemos seguir adelante en la lucha por Venezuela, por los venezolanos, por la Democracia y por la Justicia Social.

Seguiremos conversando.

La Misión

¿Cuál será la misión de los cristianos frente a la dolorosa realidad de Venezuela hoy?

El evangelio lo dice muy claro: “..Jesús designó a setenta y dos discípulos y los mandó a los pueblos diciéndoles: -Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias. Cuando entren en una casa digan: Que la paz reine en esta casa. Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios-” (Lc10, 1-12; 17-20).

Debemos ser “mensajeros de paz”. Pero no puede haber paz en donde no hay justicia. En nuestro país  la primera tarea de los cristianos como “mensajeros de la paz” es luchar contra toda forma de injusticia. Por eso estamos comprometidos a luchar contra este gobierno que ha sembrado a Venezuela de injusticia y de sufrimiento. Por eso tenemos que luchar por darle un gobierno nuevo lo más pronto y lo menos traumáticamente posible.

“Mensajeros de la Paz” contra toda forma de violencia.

Luchadores por la justicia contra toda forma de explotación.

Abanderados del amor, de la fraternidad y de la solidaridad contra toda manifestación de odio y de venganza.

La misión de los cristianos en la Venezuela contemporánea es ser agentes de la paz, de la justicia, de la solidaridad, del amor. Pero también es nuestro deber ser agentes de la esperanza, dar palabras de consuelo, convocar a todos a no resignarnos, a no rendirnos, a luchar con constancia y con perseverancia. Nuestra misión es la de trabajar por una Venezuela mejor.

Tenemos el deber de imaginar una Venezuela nueva. No podemos resignarnos ni conformarnos con la Venezuela que tenemos. La lucha de los cristianos tiene que ser a favor de cambio. Tenemos el deber de apelar a la inteligencia y al patriotismo de los venezolanos de todos, de los dirigentes y de los ciudadanos de a pie. No son los caminos de la violencia los que nos pueden conducir a la construcción de una nueva civilización fundada en el amor y en la solidaridad. Es el camino de una lucha recia, sólida, perseverante, inteligente y patriótica.

Hasta ahora el gobierno ha tenido éxito cultivando el odio, la división y la confrontación.

Ha llegado la hora de hacer prevalecer la unidad nacional con un programa de paz, de justicia, de reconciliación, de progreso, de bienestar y de felicidad.

Un mundo mejor es posible. Una Venezuela mejor también es posible.

Flojera cívica

Hay sectores de la oposición venezolana que han sido víctimas de una terrible enfermedad: la flojera cívica. Se han cansado de 20 años de fracasos en el esfuerzo por darle a Venezuela un gobierno diferente. Apuestan a soluciones mágicas: un golpe de estado o una invasión extranjera. Ninguna de esas dos hipótesis es probable y menos deseable.  Les da flojera asumir la otra alternativa.

Cuando Rómulo Betancourt se propuso construir un partido político lo primero que hizo fue elaborar una interpretación de la realidad venezolana con una propuesta de cambio. Después recorrió la geografía venezolana para que no hubiera ningún lugar sin una casa de Acción Democrática.

Trabajó intensamente por la organización del pueblo y elecciones universales, directas y secretas. 

Años más tarde sucumbió a la tentación golpista y terminó arrepentido de haberlo hecho.

La historia del otro gran partido democrático fue similar. Caldera y los fundadores de Copei formularon una propuesta a los venezolanos y se dedicaron a sembrar en toda la geografía nacional el ideal social cristiano.

La realidad actual de Venezuela nos obliga a un trabajo constante con el pueblo, al lado del pueblo, con los ciudadanos, con todos los sectores sociales. Un trabajo que cuente con una propuesta atractiva. Con una interpretación cabal de la realidad actual del país y una invitación a construir un país mejor.

La hora actual exige una convocatoria seria y sincera a la unidad nacional No se trata de amalgamar a pequeñas parcelas político-partidistas. Se trata de responder a la estrategia del régimen  que apuesta a la división de los venezolanos con una convocatoria a la unidad de todos los venezolanos alrededor de un programa de unidad nacional.

La hora actual reclama un trabajo de organización de los ciudadanos parecido al que en su tiempo asumieron Betancourt y Cadera. La organización de los venezolanos en todos los rincones del país para derrotar al régimen y sustituirlo por un gobierno de unidad y de inclusión.

Un mensaje ilusionante y movilizador, una organización eficiente, una estrategia inteligente y trabajo, mucho trabajo.

La flojera es mala consejera. Sentarnos a esperar la acción del general X o la invasión del señor Trump puede ser más cómodo, pero, repito, no parece probable y definitivamente no es deseable ni conveniente. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Lecciones de Bolivia

Lo de Bolivia tiene cantidad de enseñanzas para todos los países del mundo, pero particularmente para nosotros los venezolanos.Es un error muy grave intentar perpetuarse en el poder. La democracia por definición es alternabilidad en el ejercicio del poder.

Fue un grave error de Evo Morales intentar perpetuarse en el poder. Es también un grave error de Nicolás Maduro. Son muy sabias las Constituciones que prohiben la re-elección presidencial.Es un error muy grande el mesianismo, el caudillismo, la soberbia. Ya lo dijo hace muchos años un inglés muy sabio, Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El poder debe ejercerse con modestia y con humildad. Sentirse un caudillo imprescindible y una figura mesiánica es un error que se paga muy caro. Sobre todo cuando al mismo tiempo se pretende mantener una apariencia de democracia.!

Qué error tan grande es no escuchar la voz del pueblo!̀ Los dictadores tienden a oír solamente a los áulicos, a los incondicionales, a los cortesanos. Pocas veces advierten que “el pueblo está bravo”.

El pueblo en Bolivia estaba muy bravo. El pueblo en Venezuela está muy bravo.Es un error muy grave negociar sin verdadera intención de acordar medidas que ayuden a resolver los problemas.

Sentirse muy inteligentes porque negocian “para ganar tiempo” y no para lograr consensos indispensables para la salud de la República.Evo Morales terminó ofreciendo un nuevo Consejo Nacional Electoral y unas nuevas elecciones. Ya era muy tarde. Tenía que haberlo hecho temprano. Lo hizo muy tarde.

Nicolás Maduro está a tiempo de contribuir a que Venezuela tenga un nuevo Consejo Nacional Electoral y un proceso electoral transparente para elegir Presidente de la República y Asamblea Nacional. Ojalá no retrase esta decisión.Una lección adicional de la experiencia boliviana: !

Qué importante es que la oposición participe en los procesos electorales! No se participa para legitimar a las dictaduras. Se participa para derrotarlas y para desenmascararlas.

La oposición boliviana no desperdició la ruta electoral. Todo lo contrario. Aprovechó la ruta electoral, con todas sus limitaciones, para movilizar al pueblo, a los ciudadanos, a la opinión pública nacional e internacional.No hay un instrumento más eficiente para movilizar a un pueblo que un proceso electoral.

Nueva oportunidad

Se nos presenta una nueva oportunidad a los venezolanos para superar la crisis que estamos viviendo desde hace unos cuantos años. El próximo año, por mandato de la Constitución Nacional, será año de elecciones. Tenemos que elegir una nueva Asamblea Nacional. No podemos desaprovechar esa oportunidad para avanzar en el camino de sustituir al llamado socialismo del siglo XXI. Todas las encuestas indican que es abrumadora la mayoría de los venezolanos que queremos cambiar al gobierno. Tenemos la oportunidad de demostrar que contamos con esa mayoría eligiendo una Asamblea Nacional comprometida con el cambio.

Sería ideal que además pudiéramos elegir un nuevo Presidente de la República. Eso sería muy conveniente para superar la crisis nacional. De lo que sí estamos seguros es que habrá elección de Asamblea Nacional.

Para concurrir a esas elecciones debemos lograr que las condiciones cambien. Es necesario, por ejemplo, tener un nuevo Consejo Nacional Electoral. Un árbitro que merezca la confianza de todos los venezolanos.

El gobierno conoce las encuestas. El gobierno sabe que la mayoría de los venezolanos queremos un gobierno nuevo. El gobierno sabe que mientras más venezolanos vayamos a votar, más seguro será el triunfo de la alternativa democrática. Por eso es que el gobierno no quiere que los venezolanos salgamos a votar. Por eso es que el gobierno hará todas las maniobras a su alcance para desanimar a los venezolanos, para convencer a los electores que no vale la pena votar.

Tan importante como la elección de un nuevo C.N.E, es lograr que los partidarios del cambio estemos organizados en todos los Centros de votación para defender la transparencia del proceso electoral. Estoy convencido de que las trampas se hacen más en las mesas de votación que en la cúpula del C.N.E. Por eso, es responsabilidad de nosotros, de los que queremos derrotar al gobierno y avanzar hacia una democracia nueva, el defender los votos de los ciudadanos en las mesas de votación.

Otra responsabilidad de nosotros es la de postular buenos candidatos de consenso. Candidatos comprometidos a servir a los ciudadanos y a las comunidades. Candidatos que contribuyan a elevar la calidad del debate político en nuestro país y a construir un futuro de esperanza y de cambio para Venezuela.

Ojalá no desaprovechemos esta nueva oportunidad.

Ganar, cobrar, gobernar

Ganar significa lograr el cambio de gobierno lo más pronto posible y lo más civilizadamente posible. No se trata solo de cambiar al gobierno, se trata de cambiar el sistema, el régimen, la manera de gobernar que hemos tenido en los últimos años. Ganar significa demostrar que tenemos suficiente inteligencia y patriotismo como para logar el cambio con la celeridad que las circunstancias lo exigen y con la civilidad que es deseable. Se puede ganar con balas y con violencia o con votos y en paz. Yo, desde luego recomiendo que lo intentemos con los votos y pacíficamente. Con las balas lo veo poco probable y nada aconsejable.

Cobrar significa lograr la transferencia pacífica del gobierno de manos de quienes lo detentan actualmente a las manos de un nuevo gobierno. Para conjugar ese verbo exitosamente es necesario apelar de nuevo a la inteligencia y al patriotismo. Si estamos amenazando a los actuales gobernantes de que al salir del gobierno los vamos a someter a una persecución implacable y a unos castigos humillantes, estaremos dificultando la conjugación exitosa del verbo. La experiencia universal en todos los países que han logrado salir de regímenes dictatoriales y acceder a sistemas democráticos es que se han ofrecido garantías a los detentadores del poder de que no serán víctimas de una “cacería de brujas” sino que se hará prevalecer la verdad y la justicia dentro de un ambiente en el que impere el estado de derecho.

Y gobernar. No basta con cambiar al gobierno, es necesario entender que la tarea de gobernar a Venezuela una vez que se produzca el cambio será una tarea ciclópea. Son muchos los problemas acumulados. Es muy grave la crisis económica y social que se debe enfrentar y resolver. Es enorme el esfuerzo de reconstrucción de la arquitectura institucional del estado democrático. Para todo eso será indispensable que exista un ambiente de sosiego y de armonía entre todos los factores políticos y económicos. En un ambiente de confrontación irracional y en una especie de guerra civil no declarada, será muy difícil gobernar a Venezuela. Es necesario promover un clima de consenso y de entendimiento que facilite la tarea de reconstruir al país.

Esos tres verbos podemos y debemos conjugarlos con patriotismo y con inteligencia.

¿Qué hacer?

Se ha dicho muchas veces, pero repetirlo no es ocioso: Los gobiernos se cambian con balas o con votos. Un país civilizado cambia el gobierno con votos. En el caso concreto de Venezuela las balas las tiene el gobierno. Los votos podría tenerlos la oposición. Más del ochenta por ciento de los venezolanos manifiesta su deseo de que se produzca un cambio de gobierno.  

El año que viene 2020 es año de elecciones. La Constitución Nacional así lo ordena. Hay que elegir una nueva Asamblea Nacional. Es una brillante oportunidad para que la voluntad de cambio de la mayoría de los venezolanos se ponga de manifiesto.

Sería magnífico que se produjera un acuerdo para lograr una elección presidencial. El cambio en la dirección del gobierno es todavía más apremiante que la renovación de la Asamblea Nacional. Pero la elección que está ordenada por la Constitución es la de la Asamblea Nacional. Ojalá la dirección política de la oposición no desaproveche la oportunidad para dar una contundente demostración de fortaleza política y de músculo electoral.

La elección debe producirse en el segundo semestre del año 2020. Hay tiempo de estructurar una dirección política amplia e inclusiva que logre interpretar a todo el universo opositor.

No se trata de conciliar intereses partidistas o de satisfacer ambiciones personales. Se trata de atender el interés superior de Venezuela y de los venezolanos.

En el año 2015 la oposición logró un triunfo espectacular, concurrió con una plataforma de unidad y con candidatos unitarios en cada estado y en cada circunscripción electoral, con una tarjeta única y con un propósito coherente.

En esta nueva oportunidad hay que lograr la mayor unidad, los mejores candidatos, los más representativos en cada estado y en cada circuito. Sin consideraciones partidistas  o sectarias. Es el interés nacional el que debe prevalecer.

Un triunfo contundente en las elecciones legislativas ayudará inmensamente a lograr el cambio de gobierno y la elección de un nuevo Presidente.

No podemos desaprovechar la oportunidad. Estamos a tiempo para lograr un éxito rotundo. Venezuela y los venezolanos esperamos mucho de nuestros dirigentes políticos.

Siria y Venezuela

Cinco años de guerra civil lleva esa pobre nación del medio oriente. Incontables los muertos y los desplazados. Destruidas todas las ciudades y los campos. En Siria no fue posible la paz. Los dirigentes de aquella nación no fueron capaces de ponerse de acuerdo para resolver sus diferencias. Las potencias extranjeras convirtieron a Siria en un escenario para la lucha por imponer su hegemonía en aquella región. Por si fuera poco, se hizo presente el ingrediente religioso. ¡Cuánta sangre derramada en nombre de la religión! El fundamentalismo musulmán confrontado con un cristianismo percibido como invasor y opresor.

De pronto, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anuncia, sin previo aviso ni a lo interno de su gobierno ni tampoco con sus aliados de la OTAN, que se retira del conflicto de Siria. Inmediatamente, el ejército turco siguiendo órdenes del dictador Erdogan invade la frontera norte de Siria y arrasa a las comunidades kurdas establecidas en aquella región.

“Ser enemigo de los Estados Unidos es muy peligroso; pero ser amigo de los Estados Unidos puede ser más peligroso todavía”. La frase, apócrifa, fue atribuida a la emperatriz de Irán Farah Diba después de que el gobierno de Jimmy Carter le retirara su apoyo a su esposo el Sha de Irán, en un intento fallido de forzar una transición a un régimen pluralista que al final acabó derivando en la República Islámica de los Ayatolas.

Ya lo había dicho muchos años antes Lord Palmerston, uno de los constructores del Imperio Británico, “las naciones no tienen enemigos ni aliados permanentes. Tienen  intereses permanentes”. En el caso de Siria la retirada de los Estados Unidos ha ratificado lo correcto de la frase en lo relativo a “las amistades permanentes”.

Los venezolanos, mientras tanto, debemos sacar las conclusiones. Los problemas de Venezuela los debemos resolver los venezolanos. Es un reto a la inteligencia de nuestros líderes tanto del gobierno como de la oposición. Es un reto al patriotismo de nuestros líderes.

Es importante contar con la amistad y con la solidaridad de la comunidad Internacional. La vamos a necesitar más todavía después de que se logre el cambio de gobierno. Pero no olvidemos nunca la lección de Siria. No dependamos de factores externos. Los problemas de Venezuela podemos y debemos resolverlos los venezolanos.

Respeto

Esos conceptos se aplican a todos los niveles. En la familia, respeto entre todos sus miembros. En la comunidad, respeto entre los habitantes del barrio, del municipio, del país, del planeta es una condición básica para la convivencia, la armonía, el entendimiento y el progreso.

Lamentablemente lo que ha prevalecido en Venezuela con el llamado Socialismo del siglo XXI es todo lo contrario: odio, división, falta de respeto, insultos, degradación de la política y del lenguaje.

Costará un esfuerzo grande regresar a un clima de respeto, de tolerancia, de convivencia civilizada, de armonía y de entendimiento. Será difícil, pero hay que acometer la tarea con toda decisión. No podemos caer en la tentación de sustituir una política de odio y de confrontación por otra del mismo signo. Los venezolanos en general, pero sobre todo el liderazgo nacional, tenemos que asumir el compromiso de hacer que prevalezcan nuestras mejores virtudes: la paz, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, el diálogo y la convivencia.

Recordar al poeta Andrés Eloy Blanco que nos decía: “Y no olvidar que las hijas del que me hiciera sufrir, para ti han de ser sagradas, como las hijas del Cid”.

“Por mí ni un odio hijo mío, ni un solo rencor por mí”.

En donde se ha sembrado odio hay que sembrar amor y fraternidad. En donde se ha sembrado división hay que sembrar unidad y solidaridad. En donde se ha sembrado un lenguaje de irrespeto y de insolencia hay que sembrar un lenguaje de altura y de consideración por todos los seres humanos.

Yo creo en los valores y en los principios del Humanismo Cristiano y recuerdo que San Pablo nos decía: “Dios no hace diferencia entre las personas” (Ga. 2,6) porque: “Ya no hay judío ni griego, hombre ni mujer, pues todos son uno solo en Cristo Jesús”. (Ga. 3,28).

Es verdad que tenemos que cambiar al gobierno, reactivar la economía, resolver el problema de la pobreza… todos esos problemas son muy importantes. Pero si queremos de verdad construir un gran país, sustituir la cultura del odio por la cultura del amor es fundamental.

El Nuncio Giordano

El 3 de febrero del año 2014 llegó a Venezuela, como representante diplomático de S.S. el Papa Francisco, su excelencia Monseñor Aldo Giordano en su carácter de Nuncio Apostólico. Desde su llegada se dedicó a trabajar por Venezuela, por los venezolanos y por la buena relación entre la Santa sede y la Nación venezolana.

El excelentísimo señor Nuncio se ha sumergido en el conocimiento de la historia de nuestro país y también en el análisis de nuestra realidad actual cargada de lágrimas y de esperanzas.

Ha participado en las tentativas de diálogo político para encontrar soluciones, inspiradas en el amor, en la fraternidad, en la inteligencia y en la solidaridad, para nuestra dolorosa y larga crisis nacional. Como él mismo lo ha expresado, ha trabajado “en la ardua búsqueda de servir a la paz y a la superación del conflicto polarizado del país”. En estos cinco años ha tenido la oportunidad de visitar a buena parte de la geografía venezolana y a sus comunidades.

Monseñor Giordano cree fervorosamente en la diplomacia. Considera que “la diplomacia tiene la vocación de servir a las relaciones entre los pueblos, las culturas, las religiones con el objetivo prioritario de la paz”. Cada acto de violencia, sostiene él, es un fracaso de la diplomacia. Está en juego la dignidad de la persona humana.

La diplomacia hace frente a cada violación de los derechos de la persona y de su libertad. Es un laboratorio de búsqueda del Bien Común de los pueblos. No puede ser un instrumento al servicio de parcialidades egoístas, al servicio del interés particular de una persona, de un grupo, de un partido o de un solo Estado. Tiene que servir al bien de cada persona humana habitante de la ciudad y del mundo.

El “arsenal” del Nuncio es el mismo que utiliza el Santo Padre. La Paz, el encuentro, el diálogo, la reconciliación, el perdón. Cuando existe un conflicto, como el que nos aflige a los venezolanos, se necesitan personas que dentro del conflicto inicien un proceso de paz. Hay que transformar el desierto de la incomprensión en una floresta, plantando nuevas semillas de solidaridad, de justicia y de paz.

No dejarnos robar la esperanza. Frente a la dolorosa realidad de un pueblo herido por la injusticia, sin confianza en el futuro, afligido por la pobreza, es necesario trabajar por recuperar de nuevo el espíritu de la lucha por el progreso, la dignidad, la esperanza y el bienestar. Hemos sido creados para la felicidad. Los problemas no se resuelven con violencia, con injusticias y desprecio por la persona, con armamentos, sino con inteligencia y amor.

La red

Como todos los grandes inventos de la humanidad, la red puede ser un instrumento para lo sublime pero, también, para  lo perverso, lo malo, lo canalla.

La Red puede servir para transmitirle a la humanidad las sonatas de Beethoven, los nocturnos de Chopin. También puede servir para que circulen mentiras, calumnias e infamias. La capacidad para lo bueno y para lo malo. Todo depende de la calidad humana de los usuarios. De la calidad humana de los usuarios a un lado y al otro de la red. Hay gente que alimenta la red con las cosas más nobles de las que es capaz la especie humana. También las hay que disfrutan de esa genial invención para desahogar viles sentimientos y para intentar causar el mayor daño posible.

Todo depende de nosotros, de los seres humanos. La tecnología, en cierto modo, es neutra. El ser humano que está detrás de la tecnología es el que le imprime sus valores éticos, sus principios, la elevación y la dignidad de su condición humana o lo contrario de eso.

En Venezuela, lamentablemente, desde que se inició este siglo XXI prevalece un clima de odio, de confrontación, de mentiras y de calumnias. Ese invento maravilloso que es la red, en manos bondadosas y amables será un instrumento formidable para la amistad, para el progreso, para la felicidad de los seres humanos. En manos de seres perversos, mal construidos por dentro, llenos de amargura y de maldad, la red puede convertirse en un instrumento para la degradación del ambiente intelectual, político y espiritual de nuestro país.

La felicidad es un atributo humano y Divino. Los seres humanos, mujeres y hombres, estamos hechos para ser felices. Apreciar la vida diaria es un reto espiritual y crear alegría a nuestro alrededor, a pesar de las horas tan difíciles que nos toca vivir, es una parte esencial de la Fe. “La vida es bella” es el título de una gran película italiana que narra la vida de un padre con su hijo en un campo de concentración nazi. El padre se propone hacer feliz al hijo y lo logra. Todos tenemos el deber de promover el amor y la alegría en medio de esta realidad caótica que nos ha tocado vivir. La maldad no está en la red, está en quienes la usan para lo malo. El hombre inventó la música de cámara, pero también la cámara de gas.

La red puede y debe ser un instrumento muy útil para la felicidad del género humano.

Seguiremos conversando.

De mentiras y odio

El fin de semana fui sorprendido por un artículo lleno de mentiras y de odio firmado por un viejo condiscípulo, Joaquín Chafardet. El artículo me llenó de tristeza por la cantidad de odio que refleja y por la cantidad de mentiras que contiene. También me produjo tristeza ver quien lo firma, un condiscípulo a quien siempre tuve por amigo y por quien siempre he sentido estimación. Al terminar de leer el artículo recordé las palabras dichas por el mártir del Gólgota: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”.

El articulo comienza narrando una reunión que nunca ha existido entre Claudio Fermín, los hermanos Rodríguez Jorge y Delcy, Pedro Pablo Fernández, mi hijo, y yo mismo. El tema era la postulación de mi nombre como candidato a presidir un hipotético gobierno de transición. Todo es mentira. A los hermanos Rodríguez no he tenido ocasión de conocerlos siquiera. Jamás ha existido tal reunión. Pero se miente sin recato alguno. Y sin respeto por la dignidad y la seriedad de las personas aludidas.

Se habla de la famosa conferencia por la Paz, convocada por el Presidente Maduro hace unos años. En esa conferencia, por cierto, participaron venezolanos muy distinguidos como Lorenzo Mendoza, Presidente de Polar y Jorge Roig, Presidente de Fedecámaras, junto al Nuncio Apostólico de su Santidad. También participó mi hijo Pedro Pablo Fernández. Todos los mencionados hicieron discursos claramente opositores y de gran altura y calidad. No hay derecho que ahora se presente esa actuación como una señal de complacencia con un gobierno al que le hemos hecho oposición desde el primer instante, desde el 4 de febrero de 1992.

En Venezuela hay mucho odio y muchas mentiras. El odio vino cuando el jefe de esa llamada “revolución” ofreció “freír en aceite la cabeza de sus adversarios”. El odio y la mentira se han apoderado también de algunos sectores opositores. Es una lástima.

Una de las tareas más importantes a cumplir por los próximos líderes de Venezuela será la de sustituir el odio por el amor y la solidaridad. Y sustituir la mentira por la verdad y la transparencia. En cuanto a Joaquín Chafardet, reitero lo dicho, me duele verlo poseído por el odio y la mentira y, con toda sinceridad, lo encomiendo al Dios de la misericordia: “Padre perdónalo porque no sabe lo que hace, ni lo que dice, ni lo que escribe”. Amén.

La convivencia

Por lo general, la hospitalidad es por un tiempo determinado. Nadie se queda de forma permanente como huésped de nadie. Y si se queda, como es el caso de los que son perseguidos por razones políticas o de los que han emigrado por razones económicas, acaba incorporándose a la sociedad que los ha recibido.

Venezuela, durante muchos años fue un país que ofreció su hospitalidad a miles de inmigrantes que vinieron a nuestro país en busca de mejores condiciones de vida.

Vinieron muchos europeos, sobre todo españoles, portugueses e italianos que escapaban de los rigores de la post guerra.

Gente que abandonaba sus países de origen, lo cual nunca es una decisión fácil, porque estaban pasando hambre y necesidades de toda índole.

Afortunadamente, Venezuela acogió a esos inmigrantes con afecto y con hospitalidad.

Afortunadamente digo, porque esa corriente migratoria contribuyó de una manera inconmensurable al desarrollo y al crecimiento de nuestro país. Fueron gente que venía con el ánimo de trabajar, de construir una nueva realidad, y comenzar una nueva vida. Qué bueno que los venezolanos abrimos las puertas de nuestro país para acogerlos.

También nos tocó recibir a muchos inmigrantes provenientes de los países hermanos de América Latina y particularmente de Colombia. Colombia ha sufrido como ningún otro país, el trauma de la violencia, de la pobreza y de la marginalidad. Familias enteras se vinieron a Venezuela para comenzar una nueva vida y aprovechar las oportunidades que aquí se les ofrecían.

Hoy son las familias venezolanas las que están emigrando hacia otras latitudes en busca de mejores horizontes.

Hoy son miles de venezolanos, los que salen de nuestro país aventados por el hambre, por el desempleo, por el deterioro de la calidad de la vida, por el colapso de los servicios públicos, por la falta de oportunidades. Ojalá esos compatriotas reciban testimonios de hospitalidad como nosotros fuimos capaces de ofrecer en su oportunidad.

Ojalá muchos de ellos regresen a nuestro país cuando cambien las dramáticas circunstancias que estamos sufriendo. Y Ojalá que los que se queden en los países a los que han emigrado puedan tener tanto éxito como lo que vinieron a Venezuela.

Seguiremos conversando.

Partidos políticos

Un Partido Político es, en primer lugar, una visión, una propuesta, una interpretación de la realidad, una doctrina, un programa, un proyecto de país. Lo primero y más importante para la existencia de un Partido Político es su mensaje, su posicionamiento ante la opinión pública.

Además del mensaje, un partido político supone una organización. Cuando Rómulo Betancourt  se decidió a crear el partido Acción Democrática comenzó por redactar un mensaje. Se reunió con su amigo Raúl Leoni que vivía exilado en Barranquilla y allí elaboraron un modesto documento que llamaron el Plan de Barranquilla. Allí estaban los lineamientos fundamentales de la interpretación de Venezuela y de la propuesta de cambio que asumían: sufragio  universal directo y secreto. Tierra para el que la trabaja. Incremento de la participación de la Nación en la riqueza petrolera y un largo etcétera.

Pero en seguida se dedicaron a la organización. Se recuerda la frase según la cual no debía existir ni un estado, ni un municipio, ni una parroquia, ni una aldea en la que no funcionara una casita de Acción Democrática. Hoy, la organización de un partido moderno y eficiente supone otras exigencias. Basta que sirva para la divulgación del mensaje y para la defensa de los votos cuando se presenten las coyunturas electorales.

Además del mensaje y de la organización, un partido político supone una estrategia inteligente llevada adelante con coherencia y disciplina. En la realidad actual de Venezuela la definición estratégica gira en torno a dos palabras: votos o balas. Yo, desde luego, recomiendo la opción de los votos.

Finalmente, un Partido Político supone la presencia de líderes comprometidos con la causa. Líderes preparados e identificados con las esperanzas y los sufrimientos de los ciudadanos. Líderes que entiendan que la política es una actividad muy noble inspirada en el servicio a la gente y en trabajar por el Bien Común. Un político modélico es aquel que coloca los intereses de la nación por encima de las agendas partidistas. Un político modélico es el que entiende  que la política es para servir al prójimo, y no para servirse del prójimo. La reconstrucción institucional de Venezuela requiere partidos serios y representativos.

Seguiremos conversando.

Argentina

Hace cuatro años en Argentina ganaron los buenos y perdieron los malos. Así lo interpretaron muchos observadores especialmente desde un país como Venezuela en donde “los malos” tienen veinte años gobernando.

Un júbilo inmenso recorrió todo el hemisferio, desde Canadá hasta la Patagonia. Por fin una buena noticia… en Argentina ganaban los buenos y perdían los malos. Más tarde sería  Ecuador y después Brasil y otros muchos sitios en los que se repetía la historia. Era un nuevo “Fin de la historia” esta vez en geografía americana.

¿Qué hicieron los malos? Populismo puro y duro. Los esposos Kirchner acabaron con aquel pujante país. El modelo propuesto por ellos había sido derrotado en el año 2015 después de 12 años de hegemonía. El Kirchnerismo parecía derrotado para siempre. La corrupción era un escándalo y la jefa del gobierno tenía tres causas abiertas que la amenazaban con cárcel.

¿Qué hicieron los buenos? Lo hicieron todo mal. En apenas cuatro años aumentó el desempleo, se disparó, más todavía, la inflación. Se devaluó la moneda en más de 30 % con respecto al dólar, los salarios no alcanzan para hacer el mercado. Las acciones de empresas argentinas en Nueva York bajaron 56 % y termina el gobierno en medio de un clima de desconcierto y de pánico.

Hace muchos años el General Perón dijo: “No es que nosotros hayamos sido buenos, es que los que vinieron después fueron tan malos que nos dejaron como buenos a nosotros”. Parece que la historia se repite. A veces se vota contra los malos y se elige a los peores. A veces se sale de Guatemala para caer en “Guatepeor”. Peor que Carlos Andrés no podría haber nada, y vino Chávez. Pero peor que Chávez era imposible y vino Maduro. Podrá haber algo peor que Maduro…?

El gobierno que sucedió a los Kirchner ha provocado una enorme penuria económica y social, termina su periodo con una consigna un tanto melancólica: “Elegimos entre la cordura y la insania”. El Presidente Macrí se había comprado la tesis de Trump según la cual, “nadie mejor para manejar un estado que quien haya manejado una empresa”. Yo no sé si es más fácil o más difícil manejar un estado o una empresa. Lo que sí sé es que es diferente. No es lo mismo.

Son cosas diferentes que requieren entrenamientos diferentes.

Los venezolanos, mientras tanto, seguimos observando.

Seguiremos conversando.

WINNIPEG

Termino de leer la última novela de Isabel Allende. Se llama: “Largo pétalo de Mar”. El título es tomado de una frase del gran poeta chileno, premio nobel de literatura, Pablo Neruda, que describió a Chile, su país, como un largo pétalo de mar y nieve”

Isabel Allende nació en Perú, creció en Chile. Después del golpe militar de 1973 que derrocó a Salvador Allende, se asiló en Venezuela como tantos de sus compatriotas. Hoy vive en California, Estados Unidos y es una de las más notables escritoras en lengua castellana, premiada con la medalla de honor del National Book Award en Estados Unidos por su gran aporte al mundo de las letras.

La novela tiene que ver con el terrible sufrimiento de una familia republicana española víctima de la guerra civil que ocurrió en España entre 1936 y 1939. Allí, en esa excelente novela, aparece descrito el horror de esa guerra fratricida que duró tres años, que causó un millón de muertos y que desembocó en una larga tiranía que se extendió por cuarenta años.

Cuenta Isabel Allende el sufrimiento causado por la guerra. También describe la tragedia que significó la derrota de las fuerzas leales a la República y el drama de la emigración a Francia, acribillados por aviones italianos y alemanes y recibidos con maltratos de toda índole en campos de concentración. Y, por si fuera poco, el inicio de la segunda guerra mundial.

El Poeta Neruda que para la época desempeñaba responsabilidades diplomáticas en Paris logró fletar un barco, el WINNIPEG que llevó a más de dos mil españoles rumbo a Valparaíso, Chile. Allí viajaron aquellos pobres exiliados a buscar la paz y la libertad que les negaba su país. Fueron recibidos con la proverbial hospitalidad chilena y se integraron en la vida social de Chile durante varias décadas hasta que vino el golpe de estado que derrocó al Presidente Allende. Volvieron a vivir la tragedia de la persecución, de los campos de concentración, de las torturas, de los fusilamientos sin formula de juicio.

“Un viaje a través de la historia del siglo XX de la mano de unos personajes inolvidables que descubrirán que en una sola vida caben muchas vidas y que, a veces, lo difícil no es huir sino volver”.

España y Chile sufrieron mucho, muchísimo. Ojalá los venezolanos que tanto hemos sufrido en el inicio de este siglo XXI encontremos mejores maneras de superar nuestra crisis que los españoles en 1936 o los chilenos en 1973.

Seguiremos conversando.

Sanciones

A mí no me gustan las sanciones. Me refiero, por supuesto, a las sanciones acordadas por la administración Trump contra el gobierno de Nicolás Maduro. No me gustan por muchas razones. En primer lugar, porque las considero contraproducentes. Se supone que esas medidas buscan sacar a Maduro de Miraflores. Creo que ellas producen el efecto exactamente contrario. Las medidas de Trump, en mi opinión, atornillan a Maduro en Miraflores.

Las sanciones le dan un arma a Maduro para explicar el fracaso de su gobierno. Todos sabemos que el sufrimiento del pueblo venezolano se debe a las políticas equivocadas de los gobiernos de Chávez y de Maduro.

Las sanciones agravan el sufrimiento del pueblo venezolano. Como lo ha dicho la Comisionada para los derechos humanos de las Naciones Unidas, Michel Bachelet, ellas agravan el sufrimiento de los venezolanos, especialmente, de los más pobres, de los más vulnerables, de los que no tienen dólares. Las sanciones le dan al aparato de propaganda del gobierno un argumento: “estamos mal por culpa de las sanciones”.

Estoy en contra de las sanciones porque la experiencia histórica nos pone en evidencia que esa política consolida a los gobiernos a los que se pretende derrocar. Allí están los ejemplos de Corea del Norte, de Irán, de Cuba y de Siria. Podríamos agregar otros como el de Rusia después de la Revolución Bolchevique o el de España, bloqueada por las Naciones Unidas después del término de la segunda guerra mundial.

En ninguno de esos ejemplos funcionó la política de sanciones. Los gobiernos que debían ser derrocados se perpetuaron en el poder. Y lo que es más grave, “pagaron justos por pecadores”. El pueblo sufriente es el que pagará la factura.

Además, la aplicación de las sanciones divide a la comunidad internacional que tan solidaria se ha mostrado con Venezuela. La Comunidad Europea ha manifestado su desacuerdo con esa política y ha expresado sus serias reservas acerca de la conformidad de las mismas con el derecho internacional público.

Yo quiero salir de Maduro. Quiero hacerlo civilizadamente, por la calle real, consultando la voluntad del pueblo venezolano en elecciones limpias, transparentes y confiables. Afortunadamente cada día crece más la convicción de que la salida de la crisis debe lograrse por la vía de una elección popular celebrada en las condiciones adecuadas.

Bienaventurados

Decía un alto prelado de la Iglesia Católica: “Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel”. Así como la Iglesia necesita sacerdotes, muchos sacerdotes, muchos santos sacerdotes, una sociedad enferma como la venezolana necesita políticos, muchos políticos, muchos santos políticos.

Políticos que entiendan que la política es para servir a la comunidad, para servir a la gente, a los ciudadanos, especialmente a los más vulnerables, a los más pobres, a los que más sufren.

La política no es para satisfacer vanidades, mucho menos para complacer apetitos de poder o de dinero. La política es para servir a un ideal, a una nación, a un pueblo, a la humanidad.

“Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad”. Es importante que haya una perfecta congruencia entre lo que se predica y lo que se practica: No puede usted predicar la paz y la solidaridad y la fraternidad y, en la práctica, estar promoviendo la guerra, el odio y la división. No puede usted presentarse como gran adalid de la democracia, del respeto a los derechos humanos y al estado de derecho y en la práctica proceder arbitrariamente , desconociendo los derechos de los otros y atropellando el espíritu y la esencia de la democracia. No puede usted hablar del amor y en la práctica, fomentar el odio y el espíritu de venganza.

Bienaventurado el político que trabaja por el Bien Común y no por su propio interés. Venezuela necesita políticos capaces de entender que el interés nacional está por encima de las agendas partidistas o de las ambiciones personales. Es el sufrimiento de Venezuela y de los venezolanos el que debe motivar una acción política trascendente y patriótica.

“Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente”. Admiro a los políticos que apuestan a la democracia, a la justicia, a la paz, a la inteligencia y no están pendientes de complacer los reclamos de la galería por irracionales que ellos sean. Bienaventurados los políticos que trabajan por la unidad y no cultivan el odio. Bienaventurado el político que sabe escuchar.

Bienaventurado el político con coraje para cambiar lo que tiene que ser cambiado. Bienaventurado el político valiente, el que no tiene miedo. Recuperar el prestigio de la política y de los políticos es una necesidad apremiante en Venezuela y en el mundo.

Unidad

“Todo país dividido en bandos enemigos, se destruye a sí mismo; y una ciudad o una familia dividida en bandos, no puede mantenerse” (MT 12,25)

El tema de la unidad es un tema muy comentado últimamente. Uno de los muchos daños que el fenómeno del chavismo le causó a Venezuela es el de haber fracturado la unidad de los venezolanos. La llamada “Revolución” vino a sembrar el odio entre hermanos. Dividir entre buenos y malos. Los buenos serían los que apoyaban al gobierno, los malos los que lo adversamos. Dividir entre pobres y ricos, entre cuarta y quinta república, entre revolucionarios y escuálidos.

La Venezuela nueva que debe surgir de las ruinas que ha provocado el “socialismo del siglo XXI” debe promover la cultura de la cooperación y rechazar la cultura de la confrontación. El éxito político, económico, social y cultural de Venezuela en la segunda mitad del siglo pasado se debió en gran medida a que prevaleció la cultura de la cooperación. El Pacto de Punto Fijo, suscrito por tres políticos con grandes diferencias entre sí, con las diferencias propias de una cultura democrática, fueron capaces de hacer prevalecer la cooperación por encima de la confrontación.

En un ambiente democrático es natural que exista pluralidad de puntos de vista y de ofertas programáticas, pero cuando está en juego un alto interés nacional se impone que prevalezca la unidad y la cooperación entre todos para superar las dificultades colectivas. Así lo hicieron los conservadores y los laboristas en la Gran Bretaña cuando frente a la amenaza que representaba el nazismo alemán, fueron capaces de formar un gobierno de unidad bajo la dirección de aquel gran estadista que fue Winston Churchill.

En Venezuela hoy necesitamos unidad. Unidad dentro de cada familia. Unidad dentro de cada partido político. Unidad entre los diferentes partidos políticos, sobre todo entre aquellos que promueven el cambio del actual gobierno por un gobierno nuevo y unidad entre todos los venezolanos para recuperar la democracia, para promover el desarrollo económico y para hacer posible la justicia social y la igualdad de oportunidades.

Venezuela necesita que frente a las agendas partidistas y frente a los proyectos personales, prevalezca una cultura de la unidad, la cooperación y la integración.

Un reino dividido no puede prevalecer. En donde hay odio hay que sembrar amor.

Entre votos y balas

La crisis venezolana se resolverá con votos o con balas. Yo, desde luego, prefiero los votos. Aborrezco las balas. Las balas nacionales y mucho más las balas internacionales. No queda otra. Los gobiernos se tumban con votos o con balas. Ojalá en las conversaciones que se adelantan en Noruega y en Barbados se esté conversando acerca de la conveniencia de resolver la prolongada y dolorosa crisis venezolana por medio del instrumento más civilizado que ha inventado  el ingenio humano `para resolver sus controversias: el voto popular, universal, directo y secreto.

El gobierno de Maduro tiene balas, muchas balas. Tiene tanques y aviones de guerra. Tiene el apoyo del alto mando militar. Sin embargo, sus voceros más calificados hablan de estarse preparando para la eventualidad de unas próximas elecciones. Tienen muchas balas, tienen pocos votos, pero se preparan para una confrontación en el terreno de los votos.

La oposición, por el contrario, podría tener muchos votos, muchísimos. En cambio, no tenemos balas. Si las tuviéramos tendríamos que reconocer que no sabemos usarlas. En el terreno de las armas tendríamos que pedirlas prestadas al ejército venezolano o a un ejército extranjero. Ninguna de esas hipótesis es probable ni deseable.

Lo interesante sería que gobierno y oposición se pusieran de acuerdo en dos cosas: cronograma electoral y condiciones para que esas elecciones sean efectivamente representativas y, en consecuencia, ayuden a resolver la prolongada y dolorosa crisis venezolana.

Por supuesto que hay problemas extremadamente graves y apremiantes de hambre, de inflación, de salud, de inseguridad, de colapso de los servicios públicos, etc., etc., etc., etc. La solución de fondo de todos esos problemas supone un cambio de gobierno. Y el gobierno no se cambia sino con votos o con balas.

Todas las encuestas coinciden en señalar tres cosas: 1.- Que la mayoría de los venezolanos queremos salir del gobierno de Maduro.

2.- Que la mayoría de los venezolanos preferimos una solución pacífica y electoral.

3.- Que ya basta de hambre y de miseria. Queremos vivir mejor. Sabemos que un cambio pacífico y ordenado en el gobierno nacional abre las puertas para reconstruir la democracia y el estado de derecho. También abre las puertas para el progreso económico y la justicia social.

Seguiremos conversando.

La Conferencia Episcopal

Nuestros obispos acaban de reunirse en Asamblea Ordinaria. Como de costumbre, terminan su reunión con una declaración acerca de la actual situación del país. Esta vez con la finalidad de poner en evidencia “la magnitud de los problemas que nos aquejan, brindar orientaciones que nos ayuden a darle respuesta y animar a todos a comprometernos en la construcción de un futuro mejor”.

La declaración de los Obispos merece ser leída, estudiada y asimilada como un instrumento útil para el diagnóstico de la realidad nacional, para su correcta evaluación, pero, sobre todo, para estimular acciones concretas en la dirección de superar la larga y dolorosa crisis que estamos sufriendo Venezuela como país y los venezolanos como ciudadanos y como hijos de Dios.

Como era previsible, la declaración de la Conferencia Episcopal asume como documento de trabajo el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos publicado el 4 de julio de 2019. Allí se dice claramente que: “existen motivos razonables para creer que se han cometido graves violaciones de los derechos económicos y sociales, incluidos los derechos a la alimentación y a la salud, en Venezuela”. También se habla de la violación a los derechos humanos en general y se hace una mención especial a los casos recientes que condujeron a la muerte del Capitán de Corbeta Rafael Acosta Arévalo y la perdida de la visión del joven Rufo Chacón, hechos que ya habían sido condenados enérgicamente por la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia que preside Monseñor Roberto Lucker.

Dicen nuestros obispos: “Dios quiere lo mejor para Venezuela. Sus designios son de prosperidad, no de desgracia; Él nos da  un porvenir y una esperanza”. Y recuerda lo que ya habrán afirmado en el Concilio Plenario de Venezuela: “Una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro país consiste en la construcción de una sociedad justa, digna, humana, cristiana y solidaria”. Esto postula un decidido compromiso de todos por la defensa de la dignidad de la persona humana y el bien común.

La declaración habla de la renovación ética y espiritual del país como tarea de todos. Favorecer la educación en principios y valores e invitar a la reconstrucción democrática del país en la justicia, la libertad y la paz.

¡Bien por nuestros obispos!

Seguiremos conversando.

Bachelet II

Hace quince días escribí un artículo bajo el título de “Bachelet”. En ese artículo comentaba que me parecía positiva la visita de la Alta Comisionada para la Defensa de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Los hechos posteriores nos han dado la razón.

Tal como lo había prometido, la señora Bachelet produjo su informe el cinco de julio. En el informe se expresan realidades inocultables. En Venezuela hay un problema de violación sistemática de derechos humanos. Presos políticos. Torturas. Muerte de ciudadanos en poder del estado. Partidos ilegalizados. Elecciones cuestionadas y un largo etcétera que no puede dejarnos indiferentes.

Por otro lado, se habla en el informe  de violaciones a los derechos económicos y sociales. Hiperinflación, Recesión. Desabastecimiento. Alto costo de la vida. Hambre. Desempleo. Migraciones.

El informe es muy claro. La crisis económica la generó una política equivocada por parte del gobierno. Esa crisis ha sido agravada por las sanciones acordadas por el gobierno norteamericano. Pero, el origen de la crisis está en los errores del gobierno.

El informe no está hecho para tumbar al gobierno. Tampoco para que sirva de recurso fácil para la confrontación política. El informe pretende corregir la situación. Es oportuna la cita que hace la señora Bachelet de lo que le dijo en Caracas un sacerdote católico: “No se trata de política, sino del sufrimiento de la gente”. Este informe tampoco trata de política, relaciones internacionales, intervención armada extranjera. Trata de los derechos humanos a los que todos los ciudadanos tenemos derecho.

Tenemos derecho a contar con un gobierno que nos garantice servicios públicos fundamentales como el agua, la luz eléctrica, la seguridad, la gasolina, el transporte, elecciones libres y todo aquello que corresponde a una existencia civilizada.

En el informe se formula un conjunto de recomendaciones en relación con las principales violaciones de derechos humanos. Y concluye diciendo: “Exhorto a todas las personas con poder e influencia- a que colaboren y contraigan los compromisos necesarios para solucionar esta crisis. Mi oficina está lista para seguir apoyando”. Más claro, imposible.

ABASSI

Hassine Abassi, Premio Nobel de la Paz, acaba de hacer una visita a Venezuela. Abassi fue secretario General de la Central Sindical de Túnez.

Fue en Túnez en donde se inició la Primavera Árabe. El 17 de diciembre del año 2010 un humilde vendedor ambulante se quitó la vida en el medio de la calle en protesta contra los abusos del gobierno. Miles de Tunecinos salieron a protestar contra la dictadura.

El ejemplo de Túnez fue imitado en el resto del mundo árabe.

En Egipto, millones de personas protestaron contra el gobierno de Mubarak. En Libia se alzaron contra el coronel Gadafi.

En Siria comenzó la guerra civil contra Bashar Al Assad.

Era la Primavera Árabe. Se desató una violencia que ha dejado un saldo de muerte y destrucción.

La guerra civil en Libia terminó con el “asesinato” del Coronel  Gadafi. Muchos pensaron que con esa muerte terminaba todo. Veinte años después Libia vive al borde del abismo. Un país dividido,  a merced de unos asesinos agrupados alrededor del llamado “Estado Islámico”.

En Túnez, un liderazgo inteligente ha salvado a ese país de la desgracia de sus vecinos..

Lograron una evolución democrática ejemplar. Dejaron a un lado la confrontación política, han logrado mejorar la economía y encaminan al país en la dirección del progreso y de la paz.

A los venezolanos nos toca decidir si seguimos al ejemplo de Libia o el de Túnez. Si apostamos a la violencia o  a la inteligencia.

Los opositores al gobierno de Maduro debemos construir una alternativa que contribuya a lograr un desenlace pacifico, democrático e institucional.

Hace unos años, los cuatro que lideraron el proceso de “transición a la democracia” en Túnez recibieron el premio Nobel de la Paz.

Lo denominan el “Cuarteto Tunecino”.  Son, los representantes de la Unión de Trabajadores, la Unión de Empresarios. La liga para la defensa de los derechos humanos y el Colegio de Abogados.

De acuerdo con el Comité del Premio Nobel, el premio se les otorgó como “un reconocimiento a la contribución de esas cuatro instituciones y de sus líderes al logro de una solución democrática ejemplar, alcanzada por encima de los enfrentamientos políticos, de las brechas sociales y de la crisis económica”. Al momento de recibir el premio, el líder sindical del cuarteto declaró que: “el premio es un mensaje a la región y al mundo, acerca de la fuerza de la negociación y del diálogo”.

Una visita in locu que confirma crisis en Venezuela

Pienso que la Dra. Bachelet no podía ir más adelante. El Consejo General de Derechos Humanos le dio un mandato, de que su dictamen debe presentarlo en julio. Sin embargo, reconoció la crisis humanitaria y desmontó la parafernalia del gobierno, si bien habló de las sanciones, sin embargo, preciso que no son la causa de la crisis, sino que esta se produjo desde 2013, es decir, mucho antes. Ratifico qué hay una crisis humanitaria compleja que se agrava. Sin condenar a nadie , si narró casos de violaciones más graves, que confirman las denuncias que hizo en su lnforme de marzo y anunció que su dictamen final será en julio.

Es importante, que señaló que establecerá una Misión o Delegación en Venezuela para seguir la investigación y recibir denuncias, que lo hace la ONU en casos de situaciones generales, sistemáticas y masivas de derechos humanos, es decir, aplicó uno de las mecanismos preventivos y correctivos internacionales de protección de derechos humanos ( P. E., Guatemala, Salvador y unos países africanos). Reconoció qué hay prisioneros politicos y pidió su libertad y narró que le afectaron las denuncias de algunos casos de torturas. Y mal que bien , la prensa independiente asistió a su rueda de prensa, aunque no hubo libre información, pero entregó copia de su declaración y se le hizo preguntas.


Por otra parte, como funcionario de la ONU, que no ha reconocido a Guaido, no podía llamarlo presidente y tenía que llamar a Maduro presidente, porque de hecho, lo es, y no le corresponde calificar o descalificar, a ninguno. Por otra parte, recibió a las victimas y ONG, en un ambiente público y libre, con una asistencia masiva y con un numeroso grupo de ONGs, entre otras , Foro Penal y Caritas y recibió privadamente a la CEV y el hecho de que hubiera sido en una Universidad y que hubiera entrado de brazo del padre de Requesens fue significativo. Por lo que estimó que en términos generales, nos fue útil e importante su visita.

Nos queda esperar su informe de julio para formarnos una opinión final. Ahora, corresponde un activismo ante la Misión de Derechos Humanos de la ONU que dejo acá y seguir protestando por la crisis. Y considero que corresponde al gobierno demostrar disposición de negociar mediante una libertad de todos los presos políticos.

Roman J. Duque Corredor
Caracas, 22 de junio de 2019.

Bachelet

Estoy de acuerdo con los venezolanos que consideran la visita de la señora Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para el tema de los derechos humanos, como un hecho positivo para el país. La sola visita  es un hecho significativo. Es el reconocimiento de que hay un tema grave en materia de derechos humanos en nuestro país que amerita la presencia de una autoridad como la que representa la señora Bachelet.

En Venezuela existe un problema de violación sistemática de derechos humanos desde hace muchos años. Hay una crisis humanitaria por el fracaso de las políticas económicas del gobierno agravada por las sanciones adoptadas por los Estados Unidos.

Pero además de la crisis humanitaria, hay denuncias muy fundamentadas de otro tipo de violaciones a los derechos humanos que explican y justifican la presencia de la señora Bachelet. Una visita que no tiene por finalidad simplemente la constatación de los hechos y la denuncia de las violaciones a esos derechos humanos, sino que supone la adopción de medidas para ponerle freno y para implementar los correctivos necesarios.

En Venezuela hay presos políticos. Hay muchos presos políticos. Civiles y militares. No se trata como dicen los voceros del gobierno de que hay políticos presos porque supuestamente ha incurrido en hechos delictivos. No se puede negar el hecho escandaloso de que existe un número abundante de ciudadanos privados arbitrariamente de su libertad por ejercer sus derechos ciudadanos consagrados en la Constitución Nacional.

La sola existencia de los presos políticos, es una realidad incompatible con el estado de derecho y con la democracia política. Pero más grave todavía es que hay denuncias muy fundamentadas de torturas y ajusticiamientos extra judiciales. Estos hechos son intolerables. La señora Bachelet en su breve pero intensa visita a nuestro país tuvo la oportunidad de tomar contacto con la realidad de las víctimas de esos hechos abominables.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas logró dejar en Venezuela una pequeña representación de su oficina para examinar “in situ” la realidad de estas denuncias.

Además, nos promete un informe de su gestión para los próximos días y, seguramente, propondrá la adopción de medidas para salvaguardar los derechos humanos en nuestro país. Por todas estas razones, considero positiva la visita de la señora Bachelet.

¿Y ahora…?

¡Seguir luchando! No podemos dejar que nos roben la esperanza. Venezuela y los venezolanos nos merecemos un destino mejor. ¡Seguir luchando! Renovar nuestro compromiso con la gente, con los ciudadanos, con los que sufren, con los más vulnerables. Renovar nuestro compromiso con la democracia, con el estado de derecho, con los derechos humanos, con la justicia social, con el desarrollo económico, con la igualdad de oportunidades, con la educación, la ciencia  y la tecnología, con la salud, con la dignidad de la persona humana, de cada una de las personas y con el conjunto de los ciudadanos.

¡Seguir luchando sin descanso! Evaluar lo que hemos hecho, los aciertos y las equivocaciones. Profundizar los aciertos, corregir las equivocaciones. Apostar siempre por la inteligencia, por la unidad, por la paz, por la justicia, por la fraternidad entre todos los seres humanos, por la inclusión, por el futuro.

Venezuela necesita recomponer su estructura institucional: un gobierno que gobierne. Un parlamento que legisle y que controle la marcha de la administración pública, unos tribunales que administren justicia con seriedad, con imparcialidad y con apego a la constitución y a las leyes.

¡Tenemos que seguir luchando! Nada de resignación. Nada de conformismo. Convocar a la lucha infatigable por construir una Venezuela mejor. Convocar a la unidad de todos los venezolanos detrás de un programa compartido. Organizar a los ciudadanos. Educar en democracia, en tolerancia, en valores cívicos y éticos. Trazar caminos de progreso. Organizar a los ciudadanos para alcanzar las metas. Educar para la convivencia y la civilidad. Apostar a una estrategia inteligente para salir de un gobierno que ha hecho mucho daño y sustituirlo por un gobierno que encarne los valores que el actual gobierno ha maltratado y desconocido.

No a la violencia, no a la desesperanza, no a la resignación. Los venezolanos esperamos una convocatoria positiva, ilusionante, esperanzadora. Vamos a luchar por la tierra prometida. Ojalá surjan líderes políticos y organizaciones políticas que nos convoque a la grandeza, que nos saquen de la mediocridad, que podamos superar los insultos y la diatriba y avanzar con paso firme y resuelto hacia una Venezuela unida, prospera, feliz y optimista. Todo eso podemos lograrlo. ¡Hay que seguir luchando!

La ruta electoral

No existe método más civilizado, inteligente y democrático para dirimir diferencias políticas que la vía electoral.

Desde luego, las partes que concurren a un proceso electoral tienen que tener la seguridad de que el proceso será impecable, transparente, rodeado de todas las garantías que lo hagan verdaderamente representativo de la voluntad popular.

En Venezuela tenemos que hacer un enorme esfuerzo por fortalecer la cultura democrática. En los doscientos años que llevamos como nación independiente, lo que ha prevalecido es el militarismo, la arbitrariedad, el caudillismo. Todavía el espíritu de Carujo anda suelto por estos lares como se acaba de comprobar con la decisión del gobernador del estado Vargas de erradicar el símbolo del civilismo venezolano, el primer presidente civil de Venezuela, el primer rector de la Universidad de Caracas, héroe epónimo de aquel estado, el doctor José María Vargas.

En los últimos meses hemos visto como se han hecho esfuerzos denodados por lograr un desenlace militar a la crisis venezolana. Esfuerzos dirigidos a provocar una acción de la Fuerza Armada Nacional y también, peor todavía, una acción de la Fuerza Armada norteamericana. Siempre dije que ninguna de las dos era probable y que ninguna de las dos era deseable. Las expectativas creadas alrededor de esas opciones fueron muy grandes. La frustración subsecuente también es muy grande.

Los más autorizados voceros del Gobierno norteamericano han planteado que la hipótesis de una acción militar en nuestro país ha sido desechada. Los países asociados en el llamado Grupo de Lima también se han manifestado en contra de una intervención militar del extranjero.

En estas circunstancias ¿qué nos queda a los que queremos salir del Gobierno de Maduro y avanzar hacia una Venezuela moderna? Concentrarnos en la que ha debido ser la primera y la única alternativa: la ruta electoral.

Esto significa que hay que negociar dos cosas y nada más que dos cosas: las condiciones para unas elecciones libres y el cronograma para desarrollar esos procesos electorales que nos devuelvan a un clima democrático.

Uno de los principios fundamentales en una democracia es el de la alternabilidad. En democracia se gana o se pierde. El que gana debe respetar los derechos del que pierde y el que pierde debe acatar civilizadamente el resultado de la voluntad popular.